Los dos caminos de la hora -artículo político publicado por Bosch en 1929- es un enfrentamiento directo con el gobierno de Horacio Vásquez por la ilegitimidad de la extensión de su mandato y sus intentos continuistas, que lo llevó a modificar la Constitución para introducir la reelección. En ese contexto, para quienes tuvieran ojos para ver, como los tenía Bosch, la figura de Rafael Leonidas Trujillo Molina iba ganando fuerza y su vocación de asaltar el poder absoluto del país presagiaba una brutal dictadura. Con un pueblo indolente que se conformaba con dádivas envenenadas por la corrupción y con la represión padecida por los pocos que se enfrentaban al gobierno de Vásquez, el presente y el futuro del país era descorazonador.

Al publicar este artículo Bosch se colocaba del lado de los pocos y en riesgo de perder su vida. Bosch avanzaba directamente a enfrentarse con la codicia por el poder de Vásquez y Trujillo, y su única arma eran las ideas y su pluma de escribir. Si continuaba aquí en el país iba a ser aniquilado, como le pasó a otros. Tan consciente estaba Bosch de la debilidad de quienes se oponían a los dos caudillos que lo sintetiza en el motivo del título de su artículo: Tenemos dos caminos a seguir: cruzarnos de brazos y ver pasar la tragedia de una tiranía o cruzarnos en el camino, en una grandiosa manifestación de civismo a esperar que nos deshagan las patas del monstruo que amenaza (V. XXXIII, p. 384). Vásquez tenía gran apoyo popular, Trujillo las armas, por lo que enfrentarlos era una sentencia segura de muerte o prisión.

La vocación por el martirio era el único camino que permitía el civismo como vocación ciudadana y la impotencia frente a la concentración de poder de quienes gobernaban. Vale más, innegablemente, morir libres que vivir esclavos (V. XXXIII, p. 384), afirmó Bosch en su artículo. Evocación del Himno Nacional, Que Quisqueya será destruida, pero sierva de nuevo, ¡jamás! Sobre Vásquez identifica claramente lo que era evidente para todos, que el una vez glorioso tiranicida de Heureaux, embarraba su legado con una ambición desbocada por el poder, en el corazón de su senectud y enfermedad. ¡Y pensar que hombres, para quienes ya ha tendido sus brazos la muerte, van a manchar para eterno sus vidas limpias de máculas por no resignarse a vivir apartados del poder cinco años más que durarán! (V. XXXIII, p. 384). Proféticas palabras, Horacio Vásquez moriría en el 1936 en el destierro, en Puerto Rico, luego de contribuir en su obcecación por el poder, a facilitarle el camino al tirano más despiadado que tuvo nuestro país.

En el texto Bosch establece una categoría política muy interesante: los libertarios. Son los que en diferentes momentos de nuestra historia asumieron el discurso de la libertad como estandarte, unos de la boca para afuera, otros de corazón. Afirma Bosch que Muchísimos libertarios que pasearon en tiempos de dolor sus gestos jacobinos por los llanos del país han sucumbido al primer deslumbramiento de una moneda de oro (V. XXXIII, p. 383). La corrupción fue tragando a casi todos, uno por uno, en base a la codicia o el temor a ser represaliados por el gobierno de turno. Años después Bosch establecerá que ese rasgo es muy propio de la pequeña burguesía, por lo que sus intuiciones tempranas nutrirían las nuevas concepciones que ganaría con el tiempo.

El uso del concepto de libertario por Bosch en ese artículo del 1929 no tiene vínculo alguno con el uso que en la actualidad hacen de dicho concepto grupos de extrema derecha propulsores del neoliberalismo.

Los libertarios, en la concepción de Bosch, pueblan la historia del país, desde su independencia, pero a la vez es grande la cantidad de ellos que traicionaron sus ideales y discursos ante la primera oportunidad de enriquecerse o ascender en el Estado. Pero un pequeño grupo no se vende y prefiere morir o habitar entre carencias, antes de entregar su alma al demonio del poder. Bosch los caracteriza de manera fundamental: Los libertarios no se improvisan, nacen libres y mueren libres con la vida llena por la lucha hacia la libertad de todos (V. XXXIII, p. 384). Ese luchar por la libertad de todos refleja la vida de Juan Bosch, por eso su nieto, Matías Bosch Carcuro, atinadamente titula la biografía de su abuelo Prefiero vivir luchando.

¿Cómo detener una tiranía? En nuestra historia tenemos muchos episodios en que sectores del pueblo tomaron las armas para derrocar a dictadores y corruptos, no siempre con igual suerte. Si el movimiento armado dirigido por la pequeña burguesía cibaeña, conocido como Restauración, tuvo éxito en derrotar y expulsar la dictadura de los invasores españoles entre el 1863 y 1865, no tuvieron igual suerte los movimientos campesinos del Sur y del Este en contra de la dictadura de los Marines de Estados Unidos en el periodo de 1916 al 1924.

En la vida de Juan Bosch únicamente en dos momentos se involucró de lleno en la preparación de acciones armadas por la libertad del pueblo dominicano, el proyecto de Cayo Confites de 1947 y la Revolución de 1965. Su cálculo de posibilidad del éxito y su sentido de responsabilidad sobre la vida de los jóvenes y el pueblo, que son quienes aportan los muertos en cualquier guerra por la democracia y la soberanía, lo hizo muy cauto antes de respaldar una acción armada.

David Álvarez Martín

Filósofo

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Especialista en filosofía política, ética y filosofía latinoamericana.

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