La esperanza de combatir la corrupción y restablecer la democracia se esfumó. Ayer eran paladines, hoy una vergüenza. Los ciudadanos, en los foros públicos, no encuentran dónde esconder la cara, peor cuando el país creó fama de heroico.

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán resurgió luego de un ataque conjunto de los sionistas contra los persas. La escalada pretendía ser una operación relámpago.

¿Será que secuestrar a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, clavó un aguijón en las venas de Trump e hizo transfusión a Netanyahu? ¿Quedaron hechizados los dos?

El ataque sorpresa sobre Irán el 28 de febrero de 2026 se erige como un efecto directo del hechizo. Pero Irán no es Venezuela.

El cierre del estrecho de Ormuz, vía marítima por donde se transporta el 20 % del petróleo mundial. La estabilidad económica de EE. UU. pende de un hilo. Son dos botoncitos de las consecuencias del ataque.

Los aliados socios de la OTAN —una parte— se alejan de la cofradía. Porque solo así pueden suplirse del crudo comprado en el Golfo Pérsico. La separación incomodó al binomio Trump-Netanyahu.

La rabia de Donald Trump, mezclada con la pócima del aguijón —tras cada derrota— potencia los efectos alucinógenos del embrujo. El Mesías está histérico.

España fue el primer país de la OTAN que se negó a apoyar la guerra. Irán, por derivación, le permitió el trasiego de petróleo por el estrecho de Ormuz.

La primacía convirtió a España en el país líder del grupo de socios disidentes. También —al decir de los cercanos a EE. UU.— en lo que pestañea un pollo España se volvió izquierdista. Qué raro.

En medio del escenario bélico, signado por enfrentamientos asimétricos —desiguales— llega la Cumbre de Barcelona, España. O sea, los drones iraníes, baratos y de tecnología simple, minimizan a los aviones F-16 y otros de tecnología de última generación. Los explotan en el aire. La cúpula infalible desapareció.

Por otro lado, los países con gobiernos fracasados —dice Trump— se reunieron en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia realizada en Barcelona. El gobierno trumpista gritó, los decibeles se dispararon, porque el éxito de los contrarios es intolerable.

Leah Campos, embajadora de los Estados Unidos en República Dominicana, por derivación, opinó en las redes sociales. La diplomática dejó ver el refajo. En vez de la prudencia diplomática prefirió emular la histeria de su jefe. En vez del barrio le salió la CIA.

Leah escribió en su cuenta de Instagram: "Porque eres tibio, y no eres ni frío ni caliente, te voy a vomitar de mi boca". El disfraz bíblico tomado de Apocalipsis 3:16 es una amenaza velada al gobierno dominicano por participar en la Cumbre.

Pero el chantaje de Campos puede ser entendido como una defensa del puesto. Aunque en el fondo, ella quedó descartada como ejemplo a seguir en la diplomacia.

No se entiende, sin embargo, el silencio de los partidos políticos de oposición ni del propio partido gobernante. Ninguno ha salido a defender la gestión del presidente Luis Rodolfo Abinader.

Peor todavía, no se han dado por enterados ningunos de los Tartufos del Instituto Duartiano, ni los patrioteros deseosos de sangre haitiana. El amor patrio es tanto que muchos pregoneros de radio, redes sociales y televisión celebran el mensaje brusco de la embajadora gringa.

Pero Abinader sabía que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, convocó la Cumbre de Barcelona. Que este le negó el apoyo a Trump. Por tanto, el gobierno dominicano luce atrapado entre Irán y Barcelona.

En suma, Abinader tiene pocas opciones. Los otros lacayos prefieren a la diplomática zafia. Pero si el presidente mantiene su decisión, revive la esperanza y el brillo heroico.

Porque hay riesgos peores: "La guerra del Armagedón" que traen Ciro el Grande y el imperio Aqueménida —Irán.

Miguel Ángel Cid Cid

Municipalista

Especialista en fortalecimiento y planificación institucional, con experiencias exitosas en RD y Haití. Experto en resolución de conflictos y capacitación de jóvenes y adultos. Creador e impulsor de la primera experiencia de presupuesto participativo en Villa González, República Dominicana, recorriendo decenas de municipios promoviendo iniciativas de planificación estratégica y participación socio-política a nivel local.

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