“El afán del día no entra en conflicto con dedicar algunos minutos para mejor comprender dónde estamos y qué somos”.
Después del impresionante logro con el Sputnik I como primer satélite artificial en orbitar la Tierra del 4 de octubre de 1957 hasta el 4 de enero de 1958, los esfuerzos se enfocaron hacia la experiencia humana directa en el espacio exterior, que también correspondería a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en el contexto de la ya entonces iniciada gran competencia aeronáutica con los Estados Unidos.
La expresión “primer humano en el espacio” implica además que se hicieron pruebas previas con otros seres vivos. La perra Laika fue la primera en llegar al espacio a bordo del Sputnik 2 el 3 de noviembre de 1957; posteriormente, las misiones Sputnik 5, Sputnik 6 y Sputnik 9 enviaron perros como Belka, Strelka y Chernushka. Entre 1948 y 1961, 68 perros fueron parte de la experimentación, 20 de los cuales murieron.
La URSS, en el año 1960, creó un equipo de 20 pilotos de élite seleccionados por su excelente salud, efectividad y control emocional, además de la estatura por las limitaciones de espacio de la cápsula.
Para la misión fue elegido un hombre de orígenes muy modestos llamado Yuri Gagarin (1934-1968). Se había destacado entre los 20 pilotos de élite por su resistencia física, condiciones psicológicas, agudo intelecto y habilidades matemáticas; además, cumplía el requerimiento de estatura con 5 pies y 1.8 pulgadas. Se dice que su modestia y enfoque meticuloso lo convirtieron en favorito de sus propios compañeros.
El vuelo de Yuri Gagarin se realiza el 12 de abril de 1961 en la nave Vostok 1, impulsada por un cohete variante del famoso misil balístico intercontinental soviético Semyorka. Vostok 1 alcanzó una altitud máxima de 327 kilómetros para luego pasar a la velocidad orbital aproximada de 27,400 kilómetros por hora. En sus tres etapas duró 108 minutos, todo automáticamente, y concluyó así con la maniobra de frenado para forzar su caída hacia la atmósfera, descendiendo bruscamente, soportando temperaturas extremas de fricción. A los 7 mil metros de altura (7 kilómetros), Yuri Gagarin se eyecta de la cápsula y desciende en paracaídas, aterrizando sano y salvo en Saratov, a 858 kilómetros al suroeste de Moscú, capital de Rusia.
Haber llegado ahí no es exclusivo de quienes lo lograron, ya que se apoyaron en los hombros de otros titanes, así como en el sacrificio extremo de otros animales, protagonistas inconscientes de ese otro paso de tan fascinantes capítulos de la astronáutica, gran aventura científica y tecnológica de la humanidad.
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