El debate sobre la presencia de actividades agropecuarias y turísticas de gran imparto a los Ecosistemas que alberga el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) de la República Dominicana pone de manifiesto uno de los mayores desafíos ambientales de la nación: armonizar las necesidades socioeconómicas de las comunidades rurales con la urgente preservación de los recursos naturales estratégicos.
A través del análisis del marco legal, como la Ley 64-00 y la Ley 202-04, y la realidad territorial, esta entrega examina la compleja relación entre el ser humano y la naturaleza, abogando por políticas de manejo sostenible que reconozcan tanto la conectividad ecológica como el factor social inherente a nuestros espacios protegidos.
Un Ministerio entre áreas protegidas y agricultura
Los medios de comunicación y redes sociales de la República Dominicana siempre están difundiendo noticias del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y de personas que opinan sobre los desalojos o la tolerancia que permite a agricultores retornar a la práctica de cultivos agrícolas y pecuarios dentro de las zonas núcleo de las áreas protegidas nacionales. Estas zonas están en permanente proceso de rescate por la importancia de atesorar recursos naturales, con ecosistemas y servicios ambientales fundamentales para la sostenibilidad de la vida en nuestro país.
Las declaraciones oficiales de siempre del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales aclaran que este no tiene la intención de tolerar la transgresión de dichas áreas, sino que expresa su propósito de buscar una solución al problema mediante el cultivo de especies agrícolas perennes y/o el fomento de sistemas agrosilvopastoriles, pero fuera del ámbito de los parques nacionales y otras categorías de áreas protegidas.
Cualquiera que lea las noticias según los titulares, y según el sesgo que pueda tener el lector va a entender que el funcionario de turno quiere poner a producir los terrenos con rublos agrícolas en lugares reservados a la biodiversidad, a la producción de agua, a la conservación del suelo, a la regulación del clima y a la perpetuación de otros tantos servicios ecosistémicos que nos brindan área protegidas en los diferentes ecosistemas que estas resguardan.
Ya existe la corriente en muchas partes del mundo y aquí mismo a nivel del decir de la gente local, el reclamo de tener producción agrícola dentro de las áreas protegidas alegando los niveles de degradación en las que se encuentran, donde, en algunos casos se ve salir la roca madre en vez de tener un cafetal o una cobertura de cacao.
Esto debe tenerse en cuenta para comenzar un debate científico sobre el asunto entre los especialistas y tomadores de decisiones, ya que fluyen dos componentes: lo social y lo natural; con dos actores: el habitante del campo y los recursos naturales, estos últimos vistos como entes vivientes también.
El Ministerio de Medio Ambiente ha estado desarrollando jornadas de monitoreo permanentes con las fuerzas públicas para frenar violaciones en áreas protegidas; con arrestos, desmantelamiento de construcciones ilegales y prevención de incendios. El propio ministro (2026) Paíno Henríquez ha dicho que las áreas protegidas no se negocian. “Las áreas protegidas no son negociables. Quien viole la ley tendrá que responder ante la justicia, porque proteger nuestros bosques, la seguridad hídrica y la biodiversidad es proteger el futuro del país” .(1)
En muchos casos, los territorios del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) han sido afectados seriamente por la persistencia de cultivos agrícolas, pecuarios y otras actividades. Esta situación se presenta en las Categorías de Manejo de la 1, con menos afectaciones, a la 6, por toda la geografía nacional, lo que amerita, como es obvio, tomar medidas pertinentes para un manejo sostenido.
Cabe destacar que tampoco es un problema exclusivo de un área específica, aunque se expresa de forma más patética en unas que en otras, lo que lleva a reflexionar en torno a la idea de tener áreas naturalmente puras, por los menos de la categoría I (Áreas de Protección Estricta: Reservas Científicas) a la IV (Áreas de Manejo de Hábitat/Especies:
Refugio de Vida Silvestre), sin presencia humana; algo ideal, pero prácticamente imposible de darse en una geografía ocupada desde hace cientos de años por la gente.
El Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) tiene que tratarse con el mayor cuidado posible, porque armoniza todas las áreas naturales protegidas en sus diversas categorías de manejo, como establece la Ley 202-04. De este modo, los valiosos recursos que poseen son preservados y no se pueden ver como islas, sino como un conjunto de áreas interconectadas entre sí, “… y que hay que considerarlas y administrarlas como conjunto; el Estado debe lograr que el sistema funcione como un solo ente”(2), como se puede observar en la cartografía.
Nuestro sistema de áreas protegidas debe estar en conectividad con los parques ecológicos, corredores biológicos (que no están en el SINAP), y todo el sistema de bosque de galería de la nación dominicana, así como con todos los proyectos de desarrollo sostenible, la producción agroforestal y el turismo sostenible como una manera de amortiguar y reducir el mínimo los impactos de las actividades productivas y recreación del ser humano.
Un ejemplo de esa interrelación lo constituyen las especies de la avifauna, las cuales están en permanente conexión, sin fronteras. Los ecosistemas emiten y reciben energía en forma de agua, viento, alimentos, luz y especies que forman parte de la biodiversidad, interactuando con sus nichos ecológicos; las especies que están en un área determinada se desplazan hacia otra.
Asimismo, el Sistema Nacional de Áreas Protegidas está interconectado de una u otra forma con un gran número de especies que habitan el planeta Tierra. Como por ejemplo el zorzal de Bicknell o tordo de Bicknell (Catharus bicknelli), una especie de ave de la familia Turdidae, que anida en Canadá y Estados Unidos y migran a Cuba, Haití, Jamaica, República Dominicana y otras islas de las Antillas(3) y visita cada año las Reservas Científicas Guaconejo (Prov. María Trinidad Sánchez), Loma Quita Espuela (Prov. Duarte) y/o la Sierra de Bahoruco, para buscar su alimentación cada año.
Así como la tortuga tinglar, la más grande de las marinas, encuentra en Bahía de las Águilas, Paisaje Protegido como Área Nacional de Recreo, un refugio estratégico para reproducirse, clave en la conservación de ecosistemas marinos de la República Dominicana(4) , surca los mares del mundo y retorna al país para anidar en Pedernales. Es el arte de la vida.
El desafío del manejo y protección de las áreas protegidas en la República Dominicana consiste en encontrar un equilibrio entre el desarrollo de las comunidades rurales y la preservación de ecosistemas estratégicos. Las leyes y políticas ambientales establecen límites claros, pero la realidad social y territorial obliga a pensar en soluciones sostenibles que integren producción agroforestal fuera de las zonas núcleo, conectividad ecológica y participación comunitaria. Solo mediante un manejo integral del Sistema Nacional de Áreas Protegidas será posible garantizar la biodiversidad, la seguridad hídrica y el bienestar de las generaciones futuras, cumpliendo así con el cuerpo jurídico-social que trataremos en la próxima entrega.
Referencia
- Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. (2026, julio 31). Estado refuerza la protección de las áreas protegidas con operativo contra los delitos ambientales. (https://ambiente.gob.do/estado-refuerza-proteccion-areas-protegidas-operativo-delitos-ambientales/)
- República Dominicana. (2004). Ley Sectorial de Áreas Protegidas, Ley núm. 202-04. Gaceta Oficial núm. 10233. Recuperado de https://ambiente.gob.do
- https://es.wikipedia.org/wiki/Catharus_bicknelli (s.f.)
- Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. (2026, junio 11). República Dominicana da un paso histórico en la conservación de tortugas marinas con tecnología de identificación permanente. Recuperado de https://ambiente.gob.do/republica-dominicana-da-un-paso-historico-en-la-conservacion-de-tortugas-marinas-con-tecnologia-de-identificacion-permanente/
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