Los sistemas de alerta temprana (SAT) siguen siendo, en la actualidad, el mecanismo ideal para educar, orientar y proteger a la población frente a las amenazas que representan las lluvias de gran volumen.

Nos preocupan, con sobrada razón, las precipitaciones constantes que han afectado a todo el territorio nacional, acentuándose de forma persistente en regiones que, desde hace varios días, sufren el impacto de estos eventos.

Esta situación ha generado reacciones de cuestionamiento hacia las alertas emitidas por los organismos responsables de la seguridad hidrometeorológica y emisiones de alertas. Profesionales, técnicos y ciudadanos comunes han expresado burlas y desaprobación, poniendo en duda la efectividad del único mecanismo que tenemos para alertar.

Es imperativo entender que no existe un instrumento perfecto que permita emitir una alerta con un cien por ciento de precisión cuando se trata del clima. Los avisos siempre serán aproximaciones y pronósticos, especialmente ahora que el cambio climático ha cargado las predicciones de una profunda incertidumbre.

¿Qué es la incertidumbre en este contexto?

En un sistema de alerta temprana, la incertidumbre es ese espacio en el cual no se puede predecir con exactitud qué ocurrirá en un momento determinado. Según el PNUD, esta «proviene de lagunas de datos, modelos complejos de fenómenos naturales y desafíos de comunicación, lo que limita la precisión de las previsiones y dificulta la toma de decisiones. Esta inseguridad afecta el tiempo de reacción y la efectividad de las alertas, especialmente ante riesgos climáticos en evolución».

Los "errores" del sistema

Las críticas recientes giran en torno a dos escenarios identificados por expertos como el ingeniero hidráulico Fidel Pérez: Error tipo I: Cuando se precipitan volúmenes importantes en pocas horas y no se emite una alerta previa. Error tipo II: Cuando se emite una alerta para una región determinada y no ocurre ningún evento.

En esa misma dirección, el geólogo Marco Antonio Giraldo señala que es precisamente en la intersección de estos dos errores donde habita la incertidumbre. Por ello, el reto no es eliminarla, sino aprender a administrarla.

Aspectos clave de la incertidumbre en los SAT

La incertidumbre en los sistemas de alerta temprana se manifiesta en cuatro ejes fundamentales:

a) Deficiencia de datos y modelos: Existen lagunas en la información meteorológica de ciertas regiones, lo que limita la precisión de los modelos.

b) Gestión de riesgos vs. disyuntivas: Mientras se busca medir la probabilidad de un fenómeno, la incertidumbre impide calcular su magnitud exacta.

c) Factores humanos y locales: La dificultad de precisar qué herramientas son las más adecuadas para lograr una alerta efectiva.

d) Comunicación y percepción: El desafío de que las alertas lleguen a las poblaciones vulnerables y sean comprendidas, evitando la indecisión en la respuesta comunitaria.

¿Cómo podemos mejorar las alertas en nuestro país?

El camino es colocarnos en el centro de la incertidumbre y empezar a educar a la población sobre la estructura del sistema. Debemos explicar que los SAT están gestionados por personas y entidades que no son infalibles.

Los pronósticos pueden fallar, y no por ello debemos "pasar por la guillotina" a quienes actúan como portavoces. En materia de alerta temprana, reconocer nuestra fragilidad es el primer paso para una sociedad más resiliente y mejor preparada.

Bernardo Rodríguez Vidal

Psicólogo clínico

Subdirector Ejecutivo de la Defensa Civil Psicólogo Clínico, Maestría en Alta Gerencia y Especialista en Gestión de Riesgo de Desastres.

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