La Sociedad dominicana tiene grandes deudas con la población adolescente y joven desde la respuesta a sus necesidades afectivas, sexuales, recreación y su desarrollo integral.
La ausencia de interlocución horizontal entre población adulta y adolescencia-juventud incrementa estos vacíos convirtiéndolos en barrera y brechas desde la intolerancia y la lógica adultocentrica que permean los programas dirigidos a esta población.
Aún así, se presentan alternativas desde instituciones no gubernamentales desde modelos, procesos educativos y de desarrollo integral con esta población que aportan una perspectiva distinta construyendo puentes importantes a destacar en la recuperación de buenas prácticas y aportes significativos.
Este es el caso de Profamilia, que celebra sus 60 años de fundación y presencia en la sociedad dominicana con una oferta de servicios de salud desde clínicas instaladas en distintas provincias y municipios acompañados de un trabajo comunitario que tiene impacto en grupos vulnerables y articula a la población adolescente y joven de distintas formas.
Uno de los impactos significativos que hemos constatado en evaluaciones y estudios realizados en territorios en los que Profamilia tiene y ha tenido un trabajo arduo, es la formación de adolescentes y jóvenes que se convierten en educadores pares hacia quienes tienen su mismo perfil en condiciones de vulnerabilidad. Esta población adquiere conocimientos y herramientas que le empoderan en sus derechos sexuales y reproductivos y en la prevención de situaciones de violencia sexual, género, embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.
En barrios urbano-marginales tanto del Gran Santo Domingo como en Santiago, San Francisco de Macorís, San Cristóbal, Los Alcarrizos, y otros… se encuentra a jóvenes y adolescentes que se articulan en redes y favorecen la formación de sus pares y su integración en procesos de rupturas con patrones de violencia y maltrato de los que son víctimas y a veces protagonistas.
Las voces de la población adolescente y joven desde su diversidad: étnica, identidad de género, orientación sexual, condición de discapacidad y socioeconómica tienen poco eco en políticas culturales y educativas. Las redes de jóvenes de Profamilia logran conectar con sus realidades y le dan sentido como sujetos con conciencia de derechos.
La interacción entre los servicios de salud desde las clínicas con la comunidad y con la población joven es un componente importante para lograr el impacto de la salud preventiva y social. Este modelo ofrece rupturas con el estilo vertical de los servicios de salud tradicionales integrándolos así al contexto social.
El trabajo de Profamilia demuestra que el empoderamiento de la población joven y adolescente en sus derechos es fundamental para prevenir las distintas situaciones de riesgos presentes en su vida y su salud integral.
Las políticas y programas que están dirigidos a esta población deben tener como punto de partida su reconocimiento como sujeto de derecho con voz para participar de las decisiones que afectan su bienestar físico e integral y que tomen en cuenta sus diversas expresiones identitarias.
La presencia de Profamilia en nuestra sociedad ha demostrado que se puede generar cambios desde una intervención social integral que combine la salud sexual y reproductiva con los derechos de la niñez, adolescencia, juventud y género. Se puede transformar la conducta de riesgo en liderazgo y empoderamiento, así como la violencia y la desigualdad de género en relaciones de equidad y derechos desde la diversidad de contextos y condición.
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