En mi presentación en el programa Acento TV, con su director Fausto Rosario hace una semana, hablé de un escenario donde los precios de los combustibles deberían subir, incluyendo los peajes y otras medidas adicionales, para enfrentar una posible escasez de petróleo y gas licuado a nivel mundial por efecto de la guerra en el Medio Oriente.
En algunos programas televisivos, específicamente en uno que escuché llamado LIBRE MENTE, que mostraba cierto sesgo político, las críticas de los 4 comentaristas no se limitaron a esas declaraciones, sino que incluyó mi gestión en el BCRD y que cobro un millón de pesos de pensión. Barrieron el piso conmigo y se los agradezco porque mi advertencia caló en la audiencia pública.
Lo del Banco Central, ya estoy curado de eso desde la crisis financiera mundial en el 2008 y 2009, donde salvar los depósitos del público costó 498 mil millones, incluyendo los del Bill Gates. Y mi pensión, si fuera de un millón de pesos, como dijeron, estaría viviendo en Tahití y no trabajando 12 horas al día con 81 años.
Sobre los precios de la gasolina, advertía a todos los dominicanos que, si la guerra en el Medio Oriente no terminaba antes de mayo y se producía una invasión de Estados Unidos a Irán, el petróleo podía alcanzar los 150 o 200 dólares el barril. Con los precios actuales de unos 100 dólares el barril el gobierno dominicano aumentó el precio de la gasolina y el gasoil en un 5 % en marzo, con un subsidio de unos 5 mil millones de pesos. El gran peso de la crisis lo está asumiendo el gobierno, que al final de cuentas, habrá que pagar de alguna forma. Nada es gratis en esta vida. Si no lo pagas con la gasolina lo pagas con deuda.
Para darles una idea de lo que sucede en el resto del mundo, incluyendo Estados Unidos, el mayor productor de petróleo, los combustibles han aumentado entre un 35 % y 60 % y el gas en Europa casi el doble, disparando el precio de la energía, los fertilizantes y el transporte marítimo, aéreo y terrestre, lo que se traducirá en una fuerte inflación y aumentos en los precios de los alimentos.
Muchos países de Asia, en adición a los fuertes ajustes de precio a los combustibles, han reducido su jornada laboral a 4 días, están racionando los suministros y el teletrabajo se intensifica. África, Europa y Latinoamérica van por el mismo camino mientras el gas y el petróleo siguen subiendo. Eso no incluye lo peor. Decenas de miles de muertos en una guerra sin sentido.
Fui sincero, aunque no le guste a mucha gente. Es mi estilo y nunca hablo sin sustentar mis palabras con hechos, con datos. Tarde o temprano me darán la razón si este conflicto no termina rápido. La politiquería no cabe en este escenario de crisis. Hay que estar advertidos y preparados para lo peor. Pero aún tengo confianza y esperanzas en que las negociaciones de paz (no se sabe entre quiénes) terminen con esta tragedia y todo vuelva a la normalidad, aunque los daños causados por la guerra a las infraestructuras civiles, militares y refinerías de gas y petróleo de los países del Golfo Pérsico duren años para repararse. Las vidas perdidas, no.
Gracias a esos periodistas que han comentado el tema y los invito a que lean The Washington Post, Financial Times, The Wall Street Journal, BBC de Londres, The New York Times, France TV, Negocios TV de España y otros medios occidentales, bastante neutrales, sobre las consecuencias de esta guerra.
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