Que un miembro o militante de una agrupación política renuncie a esta, no deviene en transfuguismo puro y simple. Ni tampoco resulta alarmante que cualquiera decida cambiarse de agrupación o que se interese declararse “independiente”, respecto a determinado bloque congresual o concejal. Sí que, resulta un transfuguismo, si la renuncia se trata de un puesto electo por la matricula política de la organización y el renunciante se quede con la curul y se la endosa a otra organización, incluso para “completar” primera o segunda mayoría a fin de ocupar una membresía del Consejo Nacional de la Magistratura, según lo establece el artículo 178 de la Constitución Dominicana, como ha sucedido en innúmeras ocasiones.
Ahora, sin embargo, según la práctica política vernácula, la “voluntad” de renuncia resulta legítima y legal, si nos detenemos al enunciado del artículo 7, de la ley 33-18, párrafo I, que establece que esta-la renuncia- es un derecho que ha de ejercerse sin ninguna restricción, dado que, este reza; “todo afiliado a un partido, agrupación o movimiento político podrá renunciar a él, en cualquier momento, sin expresión de causa.
En fin, existen otras renuncias –que yo le llamo tacitas-, y son las que se enmarcan en el artículo 5 de la ley de Partidos, Agrupaciones y Movimientos, (33-18), que se generan automáticamente, por asumir funciones tales como; miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, así como los jueces del Poder Judicial, Tribunal Superior Electoral y Tribunal Constitucional. Tampoco podrán afiliarse a partido, agrupación o movimiento político los representantes del Ministerio Público, miembros y funcionarios de la Junta Central Electoral, juntas electorales, miembros de la Cámara de Cuentas y el Defensor del Pueblo y adjuntos. Hasta ahí estamos conteste que resulta como parte de la esencia de la democracia y una dinámica-entre paréntesis-, normal.
Ahora bien, resultan pecaminosas las “renuncias” inducidas por intercambio clientelar y que, de fondo resultan estocadas a las mejores prácticas de la democracia que, al margen de reconocer que en materia política, de lo que se trata es de una lucha campal por el poder, donde caben todas la tácticas y estrategias, pero, según los principios de las normativas electorales, -jamás sustentadas en tramas groseras que vulneren los principios éticos y morales-.
Y cuyos argumentos,-los cuales justificamos- a propósito del considerando tercero de la ley 33-18 referida, el cual establece que, la sociedad dominicana demanda una mayor calidad del sistema democrático y del ejercicio político que le concierne, para lo que se requiere del fortalecimiento institucional de los partidos, agrupaciones y movimientos políticos del país, transparentando en mayor medida su accionar, haciéndolos más incluyentes, logrando una mejor y más amplia participación de la ciudadanía, y propiciando una práctica política consecuente con los principios, los valores y la ética que resultan esenciales al sistema democrático.
Después de este marco doctrinal como preámbulo, se nos hace necesario precisar que nuestro enfoque central estriba en buscar una explicación al festival de “renuncias”, de los principales partidos políticos, que se hace muy notorio, -de dirigentes o de personas que así se tildan-, y sin ninguna fortaleza ideológica, pero, de una flaca formación política, y también, de militancia con aspiraciones de tocar del pastel del poder aunque que sea por medio de un maratón de oportunistas que hoy se enganchan en un partido político y mañana se juramentan en otro, -y así trasiegan de brinco en brinco -, según el norte por donde soplen los vientos. Y cuya patología de ambivalentes y veletas viven tirándose del barco de esas corrientes políticas, incluso, resultan tan sádicos que no se conforman con renunciar tal como establece el artículo 7, párrafos II y III, de la normativa electoral, que de manera honrosa, según los dictados de estos párrafos, se establece que simplemente produce desafiliación por el solo hecho de ser presentada al presidente de la organización (…), y/o en el tercer párrafo, se produce de hecho y derecho, aunque no se haya presentado por escrito a la autoridad competente del partido, en lo cual solo basta que se pruebe la afiliación de hecho a otra organización política, que pueda ser probada con documentos y declaraciones públicas, en este caso, en juicio disciplinario.
Lo que nos indica que estas –las renuncias-, no tienen necesidades –al menos que no sea producto de algún plan de piratería política-, de hacer de ella un show mediático, y acompañar tal decisión de unos ritos cargados de histrionismos, como si fueran algunos espectáculos de circos transmitidos por las redes como escenarios de publicitación de abandonos de las organizaciones y lo peor, presentando estas,-las renuncias-, como un gran tsunami de descalabro de equis partidos, incluso, sin ningún rubor, llenando el escenario social a través de flash elaborados artísticamente por la IA, bajo la coletilla ¡De último minuto!. ! Fulano renunció a tal organización!. Y esto como si fuera disfrutando una corona de realización personal, ignorando que en el fondo institucional-desde la óptica y la trascendencia que reviste la envergadura de un militante o miembro de las organizaciones, los propios partidos que aplican esta práctica de piratería- repito, no perciben que estas evidencian unas sintomatologías de la perdida de la salud de la democracia, es decir, el sistema está dando muestra de que está grave.
En este particular, a mi juicio, como una manera de buscar una explicación de las razones del por qué, las renuncias, particularmente, están centradas en las organizaciones con vocación y olor a poder, o sea, PRM, FP y PLD- y como cuestiona el pueblo- que nadie por puritano que sea la causa de su trasiego, desbandada o transfuguismo, nunca, pero nunca, lo hace a un partido minoritario, y lo peor como síntoma de distorsión a la responsabilidad de una militancia política, se hace notorio que el desapego partidario es tan profundo que, se ha venido auspiciando un festival de renuncias bajo parafernalias de bombos y platillos, o sea, como unos hechizos de la marca indeleble de un propósito de que están desinflando algunas estructuras políticas y de manera morbosa se están haciendo fiestas de que determinados partidos se están vaciando y otros fortaleciéndose producto de este trasiego de militancia. Y eso, en vez de hacer bien, resulta alienante a la democracia en el sentido que el sistema de partidos no puede sustentarse en prácticas de piraterías de militancia.
El asunto se ve simple, pero es más crítico de lo que se aprecia, inclusive, el sistema democrático lo ve “normal”-es el propio sistema que lo está auspiciando”-, pero sin embargo, nos indica un síntoma de flaqueza y de amenaza para su existencia o fortaleza, incluso, se generan estridentes aplausos cuando un militante inorgánico-eso es los que son-, le pone precio favorable a sus intereses a su militancia, sin percibirse, lo cual denota que los procesos electorales están nutriéndose de una matrícula que no abrazan principios, más bien, representan, en muchos casos, ¡caza recompensas!.
A mi juicio, estos trasiegos están convirtiendo la población electoral en una compañía por acciones, o sea, en corporaciones de simples acarreos en las que las mercancías resultan ser los militantes que se mudan hacia las organizaciones a través de espejismos, deslumbramientos o actos de aseguramientos de conseguir sus dividendos políticos, que no son más que, los cargos, los privilegios y sed de poder que avizoran-hasta prueba en contrario-, que el interés seria sangrar la República.
Y finalmente, para conocer el reciclaje de las desbandadas de militantes y robustecer mi criterio de que, el sistema de partidos políticos está motivando-consciente o inconscientemente-, la piratería, ya por ellos, como garantes de la participación política en los procesos electorales, según se lo exige el artículo 216.1, de la Constitución, están sentados en un estado de confort, arrebatándose los cuadros y militantes y las “matriculas” de los partidos minoritarios a como dé lugar. Y finalmente, me permito aclamar al sistema político dominicano, a que vean que el escenario político está absolutamente descuidado desde la óptica de atraer miembros, adeptos, militantes y simpatizantes del mercado mismo que las organizaciones han abandonado, me refiero, tomando el escenario de la fuerza electoral del 2024, que el mercado político contó con un padrón-ciudadanos hábiles para ejercer el sufragio-, de 8,145,548 electores. Con ese pírrico resultado de 4,249,079, votos emitidos-o sea, ciudadanos movidos a la urnas-, para un 54.37%, y lo peor, 45.63%, quedando sin ser movidos, motivados o encantados, o sea, una parte que daría para crear prácticamente otra república democrática o quizás una nueva revolución sin sangre-como decía Balaguer. Y para cerrar el cuadro, vemos que; El PRM, estando en el poder, solo llevó a la urnas 2,113,126 votantes, y el otrora PLD, 453,468, y la Fuerza del Pueblo-con un candidato tres veces presidente, llevó 1,164,122-
Y no menciono el PRD, por ser la victima de la mayor piratería, y simplemente, elevo un grito de demócrata, diciendo, la democracia no puede subsistir bajo el esquema del teorema de Pitágoras, “Dos que le meto, dos que le saco”, estando virgen el electorado con 3,716,766 votantes durmiendo su desencanto en el confort de sus almohadas. Lo que en conclusión se establece es que si existen, según la numerología expuesta en el tramo final de este párrafo, tal cantidad de desafección, y los partidos políticos solo se contentan con estar reciclando de aquí para allá y de allá para acá “los activistas”, pero sin hacer nada para atraer los desencantados y abstencionistas, y digo que, que cuando se agote esa fuente que cada cuatro año trasiega, la expresión del sufragio se reduciría a la mínima expresión, o sea, una peligrosa amenaza de extinción de la masa votante. Y sin este insumo, no habría democracia. Así de simple.
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