Hay algo que distingue a Éléonore Caroit de otros funcionarios de la diplomacia francesa: su historia no empieza en París. Nació en República Dominicana, creció entre el Caribe y Europa, y hoy, desde su cargo como ministra delegada de Francofonía, Asociaciones Internacionales y Franceses en el Exterior, representa a Francia ante el mundo con una identidad que no cabe en una sola categoría. Es franco-dominicana y también suiza "por matrimonio", como ella misma señala con humor.
Ese recorrido vital —lejos de ser una anécdota— es la clave de su manera de entender la política exterior y la francofonía. Así lo reveló en una entrevista concedida al medio especializado en territorios de ultramar Outremers360, publicada el 9 de abril de 2026.
"Un portafolio ligado también a los territorios de ultramar"
El título de su ministerio es largo, y Caroit lo reconoce con una sonrisa. Pero enseguida ofrece la clave para entenderlo: "Es realmente un portafolio que está ligado también a los territorios de ultramar, a ese…", dejando entrever que su misión no es solo gestionar relaciones internacionales, sino tender puentes entre mundos que muchas veces se piensan separados.
Para ella, nada está compartimentado: ni las identidades, ni los territorios, ni las lenguas. La francofonía no es un club cerrado de países que hablan francés, sino un espacio de encuentro, de intercambio y de construcción colectiva.
Una diplomacia vivida, no teorizada
Lo que Outremers360 describe como "el arte sutil de unir sin oponer" es, en realidad, el sello personal de Caroit. Su diplomacia no parte de una doctrina elaborada en un despacho, sino de una experiencia de vida: haber habitado múltiples mundos a la vez, haber sido siempre "de aquí y de allá", le da una sensibilidad particular para moverse en un escenario internacional cada vez más fragmentado.
En las últimas semanas, esa visión la ha llevado a una agenda internacional intensa. Estuvo en Nueva York a fines de marzo para hablar de francofonía, inteligencia artificial y el G7. A principios de abril viajó a Quebec, donde reforzó los lazos franco-quebequenses en materia de economía, cultura y educación. Y en marzo recorrió Chile, donde subrayó la importancia de la presencia francesa en momentos de transición política.
El Caribe como punto de partida
La conexión de Caroit con el Caribe —y específicamente con República Dominicana— no es un dato menor en su perfil político. En un momento en que Francia busca reposicionarse en la región, contar con una ministra que conoce el Caribe desde adentro representa un activo diplomático de peso.
Su figura abre también una reflexión más amplia sobre la representación y la diversidad en las altas esferas del Estado francés: una mujer de origen caribeño, con identidades múltiples, conduciendo la política de la francofonía global.
Compartir esta nota
