La economía gig se ha convertido en una red de seguridad mientras las sólidas cifras generales del país ocultan un profundo descontento.
Rafael Antunes fue chofer de camión durante dos décadas, un trabajo que le permitió comprar una casa pequeña en los suburbios del norte de Río de Janeiro y pagar los estudios de su hija en una universidad privada. Pero desde que perdió su trabajo hace dos años, Antunes ha estado conduciendo para Uber.
«Depende del mes, pero a veces gano solo la mitad de lo que ganaba antes», dijo este hombre de 52 años. «Pero mira, para alguien de mi edad, es el único trabajo que puedo conseguir hoy en día».
Su experiencia explica en gran medida lo que está sucediendo bajo la superficie de la economía brasileña y por qué la campaña de reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva está atravesando grandes dificultades.
Mientras que los países más ricos del mundo temen el impacto de la inteligencia artificial (IA) en sus mercados laborales, Brasil todavía está intentando adaptarse a la última ola tecnológica, a medida que la economía «gig», o de las plataformas, se extiende como la pólvora.
Los principales indicadores económicos brasileños presentan cifras sólidas durante el mandato de Lula, con un crecimiento constante a lo largo de su tercer mandato y una tasa de desempleo del 5,3 por ciento, la más baja desde que comenzaron a registrarse estos datos en 2012.
Sin embargo, los votantes no están convencidos. Una encuesta realizada por Quaest en septiembre reveló que el 49 por ciento considera que la economía ha empeorado durante el último año, en un contexto de creciente endeudamiento de los hogares, y solo el 19 por ciento cree que ha mejorado.
Una explicación de esta discrepancia radica en el crecimiento espectacular de Uber y las aplicaciones de entrega a domicilio, que están actuando como una especie de red de seguridad económica para muchas personas que tienen dificultades para encontrar trabajo de tiempo completo.
Casi 2 millones de personas, en su mayoría hombres, trabajan ahora a tiempo completo para aplicaciones de transporte o entrega a domicilio —alrededor del 2 por ciento de la fuerza laboral— y el número de conductores ha aumentado un 37 por ciento en tres años, según un estudio del Gobierno. La razón más común por la que las personas trabajan para estas aplicaciones es que no pudieron encontrar otro empleo, según reveló la agencia de estadísticas de Brasil.
La tendencia es tan generalizada que ha dado lugar a un nuevo término: la «uberización» de la economía. Sin embargo, algunos trabajadores han llegado a cuestionar si Lula, un exlíder sindical de la década de 1970, es la persona más indicada para gestionar dicha transformación.
«Uber se ha convertido en una especie de programa de empleo garantizado, salvo que en este caso se sustenta en la demanda privada. Sin Uber, el desempleo sin duda sería más alto», dijo Daniel Duque, un economista brasileño que calculó que la economía de las plataformas ha reducido la tasa de desempleo general en aproximadamente un punto porcentual.
Brasil ofrece un terreno ideal para Uber, con ciudades enormes y dispersas y un transporte público irregular. Cuenta con salarios relativamente bajos y una gran proporción de la fuerza laboral sin contratos laborales formales, mientras que un número cada vez mayor se siente atraído por trabajar por cuenta propia.
Los brasileños realizan más viajes en Uber que cualquier otro país del mundo, y alrededor del 85 por ciento de los adultos brasileños lo han utilizado al menos una vez. En la mayoría de los meses, tres de las cinco ciudades con mayor actividad de Uber a nivel mundial se encuentran en Brasil: São Paulo, Río y Belo Horizonte. Duque estima que, en Río, el 10 por ciento de los hombres de entre 25 y 29 años trabajan para aplicaciones de transporte, mientras que en São Paulo la cifra es del 7 por ciento.
Algunos economistas dicen que este fenómeno es un elemento de lo que se conoce como «vibecesión», es decir, cuando los sólidos indicadores económicos tradicionales no corresponden con la percepción que tiene la gente de la economía, algo similar a lo que se vivió en EE. UU. bajo el mandato de Joe Biden.
Descontento económico oculto
Sostienen que el descontento económico oculto es una de las razones del inesperado éxito del senador de extrema derecha Flávio Bolsonaro en la primera ronda de las elecciones presidenciales de este mes, en la que obtuvo el 47 por ciento de los votos, frente al 45 por ciento de Lula. Ahora es el favorito para la segunda vuelta, que se celebrará el 25 de octubre.
La creciente dependencia de la economía gig se ha sumado a «un sentimiento más amplio de resentimiento en Brasil que se ha ido acumulando desde hace tiempo», afirmó Guilherme Klein Martins, economista de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Más del 80 por ciento de los hogares está pagando deudas personales, agravadas por las altas tasas de interés de Brasil, señaló. Los ingresos reales en el país apenas comienzan a recuperarse de una década de turbulencias económicas y alta inflación.
El auge de Uber también refleja un cambio cultural más amplio hacia el individualismo y el espíritu emprendedor, que supone una ruptura con la preferencia por el trabajo sindicalizado que los votantes defendieron durante buena parte de la trayectoria política de Lula.
La segunda razón más común citada por los trabajadores para unirse a la economía gig es su flexibilidad. Klebson Vitorino, de 23 años, renunció a su trabajo como operador de una máquina de impresión para trabajar como conductor de Uber en São Paulo. Tiene planeado ir a la universidad para estudiar ingeniería agrícola, pero seguirá trabajando para Uber para pagar sus estudios.
Carlos Ribeiro, quien ha sido conductor del servicio Uber Black en São Paulo durante los últimos dos años, dijo que ahora tiene más control sobre su vida.
Sin embargo, Leandro Cruz, líder de un sindicato de conductores de aplicaciones en São Paulo, señaló que muchos comienzan con entusiasmo, pero luego descubren que cada vez ganan menos a medida que surgen problemas con el auto, ya sea por averías o por accidentes. «Muchos terminan teniendo que trabajar siete días a la semana para mantenerse a flote», dice.
Uber afirmó que su plataforma ha tenido un impacto positivo, al aumentar los ingresos de los trabajadores y reducir el desempleo. Está invirtiendo 2 mil millones de reales en tecnología en Brasil.
Según algunos analistas, el Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula después de que encabezó un sindicato en São Paulo, corre ahora el riesgo de perder el vínculo con los sectores más jóvenes de la clase trabajadora. Este año se ha propuesto abordar el tema, lanzando una línea de crédito de hasta 30 mil millones de reales (6 mil millones de dólares) para que los conductores compren sus propios vehículos, con la intención de ganarse el apoyo de los trabajadores de la economía gig.
«Crear una política que le permita a un conductor de Uber tener su propio auto es el tipo de cosa que solo el Estado puede hacer», dijo.
Nielson Costa, un hombre de 37 años de São Paulo que ha sido conductor de Uber durante tres años, no votó en la primera vuelta y no se ha dejado convencer por las nuevas medidas del Gobierno. «Si no tuviera deudas, no necesitaría la ayuda del Gobierno», dijo. «Al Gobierno realmente no le importan los conductores de las aplicaciones».
Geoff Dyer y Beatriz Langella. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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