Singapur ampliará de manera significativa los beneficios económicos y sociales destinados a las familias con hijos, en un nuevo intento por contener el descenso de la natalidad que ha llevado al país asiático a registrar una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo.
El primer ministro Lawrence Wong anunció el domingo, durante su discurso anual por el Día Nacional, un nuevo paquete de apoyo que representa casi 70,000 dólares singapurenses, unos US$55,000, por cada niño ciudadano hasta los 17 años. La cifra no corresponde a un pago único a los padres, sino a la suma de diferentes beneficios que se entregan a lo largo de la infancia. La información fue reportada por medios internacionales como Bloomberg y Financial Times.
El nuevo esquema incluye un bono de nacimiento de 10,000 dólares singapurenses, créditos anuales para los hijos, aportes destinados a educación y otros beneficios vinculados al cuidado infantil. Para los niños que nazcan a partir de abril de 2027, el programa contempla créditos de 2,000 dólares singapurenses anuales entre el primer y el decimosexto año de vida, además de un aporte de 10,000 dólares singapurenses para educación posterior a la secundaria.
La estrategia también contempla ampliar las licencias para padres y facilitar el acceso de las familias con hijos a viviendas subsidiadas. El Gobierno busca así intervenir no solo sobre el costo directo de tener un hijo, sino también sobre algunos de los factores que dificultan la formación de familias, entre ellos los gastos de vivienda, cuidado infantil y las exigencias laborales.
Una tasa de fecundidad en mínimos históricos
La decisión responde a un problema demográfico que las sucesivas políticas de incentivos no han logrado revertir. Singapur registró en 2025 una tasa global de fecundidad de 0.87 hijos por mujer, por debajo de los 0.97 registrados en 2024 y muy lejos del nivel de aproximadamente 2.1 que se considera necesario para mantener estable una población en ausencia de inmigración neta.
La caída de los nacimientos ocurre mientras aumenta el peso de la población de mayor edad. Singapur se encamina hacia la categoría de sociedades denominadas "superenvejecidas", al tiempo que enfrenta el riesgo de una reducción progresiva de su población en edad laboral.
Wong reconoció, sin embargo, que las nuevas medidas probablemente no serán suficientes para llevar la fecundidad hasta el nivel de reemplazo. El primer ministro señaló que una parte de los jóvenes está retrasando la decisión de tener hijos por razones económicas o laborales, mientras otros optan por no tenerlos.
La dimensión del problema obliga al Gobierno a combinar los incentivos a la natalidad con otra política que durante años ha generado debate dentro del país: la inmigración.
El dilema de la inmigración
Aunque Singapur pretende aumentar los nacimientos entre sus ciudadanos, Wong dejó claro que el país seguirá dependiendo de la llegada de inmigrantes para compensar parcialmente el envejecimiento y sostener el crecimiento de su población y de su fuerza laboral.
Los datos citados por Financial Times muestran que en 2024 Singapur concedió más de 35,000 residencias permanentes y cerca de 23,000 ciudadanías, aunque el Gobierno sostiene que mantendrá la inmigración a un ritmo controlado para garantizar que los singapurenses continúen siendo mayoría en el país.
La combinación de incentivos económicos, políticas de vivienda, permisos parentales e inmigración refleja la dificultad de revertir una tendencia demográfica que no parece explicarse únicamente por el costo de criar hijos.
Singapur lleva décadas modificando su política poblacional. Después de promover en los años 70 familias pequeñas mediante la campaña "Two Is Enough", el Gobierno cambió de rumbo en 1987 y comenzó a estimular los nacimientos. Desde entonces ha utilizado subsidios, beneficios fiscales, licencias parentales y otras ayudas sin conseguir detener de manera sostenida el descenso de la fecundidad.
El nuevo paquete representa, por tanto, un cambio de escala más que un giro completamente nuevo en la política pública. El desafío para Singapur será determinar si mayores transferencias económicas pueden modificar decisiones que también están relacionadas con los costos de vivienda, las condiciones laborales, el retraso de la maternidad y los cambios en las preferencias de las nuevas generaciones.
La propia advertencia de Wong apunta a los límites de la estrategia: el Gobierno puede reducir parte del costo económico de tener hijos, pero no necesariamente puede convertir ese alivio en un aumento proporcional de los nacimientos.
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