En su discurso inaugural del año pasado, el presidente Donald Trump prometió ser un "pacificador" que pondría fin a las guerras elegidas. Él ahora se encuentra enfrascado en una guerra contra Irán, el ejemplo más significativo de forzar un cambio de régimen. Quizás la realidad sobre el terreno lo obligue a abandonar ese objetivo. Sin embargo, ni siquiera su gabinete, por no hablar del Congreso y los aliados estadounidenses, saben cuál es su plan de salida. Tal como Trump le declaró a The New York Times en enero, su única restricción es "mi propia moralidad… Es lo único que puede detenerme". Hasta ahora, el sistema constitucional de EEUU no ha dado motivos para dudar de él. Lo que ocurra en el cada vez más amplio escenario bélico es otro asunto.
Dejando de lado el ataque inicial por parte de Israel, el momento de mayor poderío de Trump fue cuando decidió declararle la guerra a Irán. A partir de entonces, Trump perdió el control exclusivo sobre el desarrollo de la guerra. Muchos otros — no sólo los iraníes — tienen ahora voz y voto sobre su rumbo.
El propio Trump tiene varias opiniones sobre sus objetivos. En las primeras 72 horas, él ha dicho en varias ocasiones que quiere eliminar el programa de armas nucleares de Irán; acabar con la capacidad de Irán para exportar terrorismo; derrocar su régimen; o encontrar un nuevo líder dentro del mismo con el que pueda negociar. La mayoría de los comentarios de Trump se producen en forma de reflexiones telefónicas expresadas a los periodistas. A uno le dijo que la guerra podría durar otras "cuatro o cinco semanas"; a otro, que él estaba dispuesto a dialogar con Irán. Pero él también se preguntó si quedaba alguien con quien negociar.
Sus objetivos bélicos son, por lo tanto, caleidoscópicos. Contrariamente a lo que Trump ha dicho, EEUU y sus aliados no se enfrentaban a un ataque inminente por parte de Irán. No hay nada preventivo en relación con esta guerra. Tampoco, como él también afirmó, Irán estaba cerca de desarrollar misiles que pudieran alcanzar EEUU. Su enviado, Steve Witkoff, exageró unos días antes al decir que Irán estaba "a una semana de tener material para fabricar bombas de grado industrial". Los mediadores de Omán también rebaten la afirmación de Trump de que los negociadores iraníes se negaban a ceder. Lo que Irán ofreció la semana pasada — cero reservas de uranio enriquecido de baja calidad — era mejor que lo que Barack Obama consiguió en el acuerdo nuclear de 2015 del que Trump se retiró.
El profundo escepticismo sobre la capacidad de Trump para detener más matanzas en las calles de Irán está justificado. Aunque él está instando a los iraníes a rebelarse, ellos no tienen forma de saber si eso no sería suicida. Los regímenes no se cambian desde el aire. Trump sólo podría ayudar invadiendo su país. Por primera vez, él está considerando esa idea. "No me preocupa desplegar tropas terrestres", le dijo Trump al New York Post. Al mismo tiempo, él está invitando a los paramilitares iraníes a entregar sus armas voluntariamente ("simplemente se rendirían ante el pueblo, si lo piensas bien"). Quizás los iraníes podrían desarmarse en una galaxia muy, muy lejana. En este planeta, la niebla de guerra comienza en la mente de Trump.
Cualquiera que afirme saber hacia dónde se dirigirá esta guerra, incluyendo Trump, está tratando de engañarnos. Sin embargo, entre los posibles resultados, la transferencia pacífica del poder es uno de los menos probables. El régimen iraní recientemente ha asesinado a miles, quizás decenas de miles, de sus propios ciudadanos. Lo que queda de los máximos líderes del país está entre la espada y la pared. Trump les ha hecho saber que esta guerra es existencial. Sin embargo, él se ha mostrado sorprendido de que estén lanzando drones y misiles contra los Estados del Golfo que albergan bases estadounidenses, lo que supone una evidente escalada por parte de la teocracia iraní, la cual se encuentra amenazada.
Por eso ninguna de las monarquías del Golfo quería esta guerra. Su posición como ejes de la economía mundial ahora se encuentra peligrosamente expuesta. Trump no escuchó a sus amigos del Golfo; y tampoco les prestó atención a los escenarios de riesgo planteados por el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de EEUU. Un país del tamaño de Irán no puede transformarse por control remoto.
Su apuesta era que Irán se rendiría rápidamente. Hasta ahora, no hay señales de eso. Por lo tanto, ahora nos estamos encaminando hacia una prueba de resistencia. Cuanto más tiempo pueda Irán mantener sus ataques con drones Shahed, más probable será que se cobren un número significativo de vidas estadounidenses y de otros países. La guerra amenaza con convertirse en una competencia para ver quién aguanta más: la capacidad de Irán para producir y lanzar drones frente a la capacidad de EEUU para interceptarlos.
Un conflicto prolongado también afectará negativamente las finanzas de los estadounidenses. Los partidarios de Trump creían que él representaría una ruptura radical con respecto a la era de las guerras eternas y los ingresos reducidos. Pero se equivocaron. Trump ha superado el récord de George W. Bush. No hay nada bueno que decir sobre el régimen iraní. Pero ha demostrado tener un mejor instinto para interpretar las intenciones de Trump que sus votantes.
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