Su precio se encuentra ahora muy por encima de los niveles sugeridos por las fuerzas fundamentales, pero es difícil vislumbrar qué podría detener su ascenso.
Tras años de auge, el precio del oro ahora está impulsado por las historias, no el análisis de datos. Liberándose de las fuerzas fundamentales que durante mucho tiempo explicaron sus altibajos, ahora está subiendo gracias a los rumores sobre el riesgo y la incertidumbre a nivel mundial, lo que hace que algunos observadores sientan que esta época se parece a la fiebre del oro de la década de 1970.
El oro se ha considerado durante mucho tiempo un refugio seguro porque su precio se ha mantenido al ritmo de la inflación durante siglos, aunque con períodos de auge y caída. Los auges solían producirse en períodos en los que bajaban las tasas de interés reales. A medida que disminuían los rendimientos del dinero depositado en cuentas de ahorro o bonos, la gente tendía a trasladar su patrimonio al oro, el cual no ofrece rendimientos, pero al menos puede subir de precio.
Ese patrón comenzó a cambiar de manera significativa en 2023. Las tasas de interés reales eran altas en comparación con el pasado reciente y seguían subiendo, pero los precios del oro comenzaron a dispararse. El principal impulsor fue un enorme aumento de las compras por parte de los bancos centrales que buscaban alejar sus tenencias del dólar, el cual EEUU había utilizado como arma en las sanciones contra Rusia por la guerra en Ucrania.
El precio del oro se ha disparado desde entonces, pero lo que en su momento llamé la "revolución antidólar liderada por los bancos centrales extranjeros" ya no puede explicarlo.
Durante el último año, el ritmo de las compras por parte de los bancos centrales se ha ralentizado. La demanda de joyería se ha desplomado, ya que los consumidores rehúyen los altos precios. En cambio, la demanda se ha disparado entre los inversionistas de todos los principales mercados, desde los de EEUU hasta los de India y del Reino Unido.
La participación de los inversionistas en las compras de oro se duplicó el año pasado hasta alcanzar el 35 por ciento a nivel mundial, impulsada por los flujos torrenciales hacia los fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) de oro.
En ningún lugar es más intenso el fervor que en China, donde inversionistas minoristas buscando proteger la riqueza — a menudo mujeres de mediana edad o jubiladas y conocidas en inglés como "auntie investors" — se han lanzado con entusiasmo y poca precaución a la fiebre compradora.
En resumen, el oro está siendo impulsado mayormente por la demanda financiera, y este cambio está trastocando la concepción tradicional de cómo calcular su valor. Los modelos utilizados durante mucho tiempo para explicar el precio del oro, los cuales incluyen los rendimientos reales de los bonos y las expectativas de inflación, se han desmoronado.
En relación con la inflación, por ejemplo, el precio del oro se encuentra ahora cinco desviaciones estándar por encima de su norma histórica; en pocas palabras, se trata de un comportamiento extraordinariamente inusual.
Mientras tanto, un modelo desarrollado por el Consejo Mundial del Oro (WGC, por sus siglas en inglés) atribuye más del 80 por ciento de las más recientes ganancias del oro al "riesgo e incertidumbre" o a los "residuos". Ésa es otra forma de contar "historias que asustan" y de decir "no tenemos ni idea".
La historia que cuentan los partidarios del oro es que la actual situación del mundo evoca los escenarios de los superciclos del oro del pasado, es decir, mercados alcistas largos y fuertes como los de la década de 2000 y, especialmente, los de la década de 1970. Pero la inflación actual no está ni remotamente cerca de los niveles de dos dígitos de la era de Jimmy Carter. Y es difícil argumentar que incertidumbres como Donald Trump, los aranceles y Ucrania sean objetivamente más desconcertantes que, por ejemplo, los embargos petroleros, Vietnam y la crisis de los rehenes en Irán de aquel entonces.
Otro argumento popular es que el oro sigue prosperando como refugio frente a la "desvalorización del dólar". Pero, si es así, ¿por qué otras alternativas al dólar, como el bitcoin, se han desplomado, y por qué otros activos en dólares, como las acciones y los bonos estadounidenses, se han mantenido?
El oro también se desligó de los fundamentos económicos en las últimas etapas de su auge de la década de 1970. A finales de esa década, el oro se vendía a US$500 por onza, es decir, aproximadamente 2.5 veces su valor implícito basado en las tasas de interés reales. Hoy en día, el precio del oro es cinco veces superior a este valor implícito o "justo", situándose en casi US$5,000 por onza.
Sin embargo, es difícil ver qué podría acabar con este impulso. La liquidez sigue siendo abundante a nivel mundial, por lo que mucha gente está buscando más lugares donde invertir su dinero. Incluso después de las recientes oleadas de compras, los inversionistas tienen relativamente poco oro en sus carteras.
El superciclo de la década de 1970 solo terminó cuando la Reserva Federal (Fed) agresivamente comenzó a subir las tasas para combatir la inflación, y hay pocas posibilidades de que eso ocurra actualmente.
Los entusiastas del oro afirman, por lo tanto, que el ‘metal amarillo’ tiene mucho margen para subir, y puede que tengan razón. Hasta ahora, en términos ajustados a la inflación, se ha triplicado con creces durante los últimos 10 años. Pero eso no es mucho en comparación con el aumento de doce veces que experimentó durante la década de 1970.
Y aunque los precios pueden parecer que han subido exponencialmente en los últimos meses, la subida ha sido mucho menos espectacular que el repunte de la etapa final del auge de la década de 1970, cuando el precio del oro se duplicó en dos meses.
Aunque yo he sido partidario del oro durante muchos años, ahora soy más escéptico. En un mercado alejado de los fundamentos e impulsado por un número cada vez mayor de historias aleatorias, es difícil saber qué narrativa es real y se mantendrá. Si quieres comprar más oro, solo tienes que ser un creyente. (Ruchir Sharma)
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