Kofi Annan tenía una frase favorita para rebatir a quienes intentaban argumentar que un autócrata podría ser la solución adecuada para un Estado débil o en crisis. "Eso es el Johnnie Walker hablando… ", solía decir Annan, recordando cómo él y sus amigos respondían en Ghana cuando era joven y alguien hacía una afirmación descabellada. Según él, las autocracias estaban "construidas sobre arena" y la única forma de hacer prosperar una nación era a través de una buena gobernanza; sólo había que seguir trabajando en ella.

Yo escuché al fallecido secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pronunciar esta sutil réplica de Johnnie Walker durante una gira por Tanzania hace 15 años. Era una época en la que la teleología de la esperanza posterior a la Guerra Fría había llegado a su fin. Y, sin embargo, una brisa de esperanza democrática soplaba en gran parte del mundo en desarrollo.

¡Cuán desanimado estaría Annan en este momento! Es evidente que el autoritarismo ha ido en aumento en las grandes potencias, como China y Rusia, desde hace más de una década, y en las "potencias medias", desde Turquía y los países del Golfo hasta India, así como más recientemente, y a un ritmo bastante acelerado, también en Indonesia.

Pero ahora que EEUU ha abandonado su papel de defensor de la democracia, ha llegado una primavera todavía más florida para los tiranos. Desde Zimbabue hasta Myanmar, las autocracias violentas parecen sentirse envalentonadas para hacer prácticamente lo que les da la gana sin temor ni siquiera a una reprimenda retórica.

En cuanto a Tanzania, las autoridades acaban de suspender un periódico por atreverse a informar sobre posibles tensiones en el Gobierno. Hace una década, tal acto habría generado presión por parte de los donantes occidentales. ¡Cuán liberador debe ser para los políticos intolerantes poder reprimir a los medios de comunicación sin temor a sanciones!

Algunos se verán tentados a replicar que esto no es nada nuevo: ¿desde cuándo ha sido EEUU un modelo de conducta virtuosa? Al fin y al cabo, siempre ha sido egoísta e hipócrita, al igual que lo han sido todas las potencias dominantes a lo largo de los años.

Cuando Mark Carney, el primer ministro de Canadá, duramente criticó en enero la idea del "orden mundial basado en normas" liderado por EEUU calificándola de "ficción agradable", su crítica tuvo especial eco en el Sur Global. Muchos en esa región llevan mucho tiempo resentidos por las incoherencias del Occidente. Prueba principal de la acusación: el dictador de Zaire, Mobutu Sese Seko, durante la Guerra Fría. Él era un rey de la cleptocracia, pero tanto él como otros déspotas fueron 'consentidos' por varios presidentes estadounidenses al tratárseles como peones antisoviéticos.

Y, sin embargo, por muy impopular que sea defender el historial de EEUU en el escenario mundial, ésa no es toda la historia. A lo largo de las décadas posteriores a 1945, hubo muchos países en los que los partidos de oposición y los medios de comunicación, que se encontraban en una situación difícil, pudieron seguir funcionando gracias al apoyo del Departamento de Estado de EEUU y sus agencias. A principios de la década de 1990, cuando los corresponsales de La Voz de América (VOA, por sus siglas en inglés) — la emisora de radio financiada por el Gobierno estadounidense — viajaron a Angola, un estado unipartidista que se estaba abriendo al mundo, fueron celebrados y aclamados como leyendas; tal había sido el impacto de sus transmisiones.

Bueno, eso fue entonces. La administración Trump cerró VOA el año pasado. La promoción de la democracia ya no figura en la agenda de EEUU. Cuando el mes pasado los aliados del presidente de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, impusieron una nueva ley para extender su mandato, en violación de la Constitución, no hubo ni un solo gesto de protesta por parte de EEUU. Otros países occidentales también parecen haber perdido su determinación. El Reino Unido y Francia se están enfocando en la reducción de la deuda de Zimbabue, sin decir nada sobre la toma del poder.

Los ahorros financieros derivados de esta retirada, así como de una reducción generalizada de la inversión en poder blando, representan una cifra insignificante. Pero el impacto en los partidos de oposición es desastroso. Además, es una medida miope. Beijing está llenando el vacío de poder blando.

En Zimbabue, los partidarios de Mnangagwa están pidiendo que se mantenga como presidente vitalicio "de facto". Él acaba de promover a 10 de ellos a senadores. Se dice que Mnangagwa se ha sentido alentado tras la sugerencia casual que Trump hizo en el pasado de que podría buscar un tercer mandato inconstitucional. Y es así como se arraiga una tiranía.

Algunos hablan desesperada — y erróneamente — de un regreso a "la ley de la selva". Cuando Rudyard Kipling, el cronista del imperialismo británico, acuñó la frase como título de un poema, lo hizo a modo de cumplido. Él estaba elogiando la forma en que los lobos trabajaban juntos; su ley de la selva se refería a la comunidad, no al caos. "Porque la fuerza de la manada es el lobo", escribió él. "Y la fuerza del lobo es la manada".

Carney implícitamente invocó este espíritu de "manada" como fuente de inspiración cuando habló de la necesidad de que las potencias medias trabajen juntas para mantener vivo el multilateralismo. A veces esto sucederá. La idea del plurilateralismo — coaliciones "ad hoc" sobre temas específicos — está ganando adeptos, al igual que el flexilateralismo, sea lo que sea que eso signifique.

Pero, en general, el espíritu a nivel mundial es el de "sálvese quien pueda", o lo que comúnmente se conoce como la "ley de la selva". Ésta es una época despiadada en la que se pueden perseguir objetivos sin escrúpulos. Los funcionarios de la ONU hablan con desesperación de cómo hasta 10 países están avivando la guerra en Sudán, todos ellos con la certeza de que gozan de impunidad.

Los partidarios del enfoque estadounidense de no intervención hablan de un regreso al realismo que ya se debería haber producido hace mucho tiempo. El mundo ha cambiado, dicen ellos. Eso es cierto. Pero el fin del interés de EEUU por difundir los ideales de la Ilustración conlleva un alto costo.

Annan habría sabido cómo responderle a cualquiera que intentara defender el cinismo imperante que menosprecia los méritos de la democracia. De manera discreta pero firme, él habría ridiculizado esa idea diciendo: "Eso es el Johnnie Walker hablando". Y, por supuesto, él habría tenido razón.

Alec Russell. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

Financial Times

El Financial Times (FT) es reconocido globalmente como una de las organizaciones de noticias más importantes, destacada por su autoridad e integridad editorial. Fundado en 1888, ha evolucionado de ser un diario enfocado en Londres a convertirse en una corporación mediática global. El 93% de sus lectores son digitales.

Ver más