Friedrich Merz rompió el silencio en el Bundestag. En su primer enfrentamiento público con Alternative für Deutschland (AfD) desde la victoria del partido en las elecciones estatales del domingo pasado en Sajonia-Anhalt, el canciller alemán acusó a la formación de extrema derecha de perseguir la "limpieza étnica" a través de su campaña de "remigración", la expulsión masiva de migrantes y ciudadanos de origen extranjero.
"Lo que proponen no es política migratoria, es racismo con nombre técnico", dijo Merz ante el pleno citado por The Guardian, en un debate que escaló rápidamente. El canciller advirtió que ejecutar esa agenda equivaldría a "hundir un hacha" en la mano de obra calificada que sostiene la industria alemana, en un momento en que el país enfrenta un déficit estructural de trabajadores en sectores clave como manufactura, salud y tecnología.
Una victoria que sacudió al establishment
La AfD obtuvo en Sajonia-Anhalt su resultado más alto en unas elecciones estatales desde su fundación, consolidando su dominio en el este del país y profundizando la crisis de los partidos tradicionales. El resultado del domingo fue interpretado por analistas como una señal de que el descontento con la coalición gobernante no cede, pese al cambio de liderazgo que representó la llegada de Merz a la cancillería.
El partido, liderado por Alice Weidel, celebró el resultado como un mandato popular para endurecer la política migratoria. Merz respondió con la acusación más directa que un canciller alemán ha lanzado contra la AfD en sede parlamentaria.
El canciller advirtió que ejecutar esa agenda equivaldría a "hundir un hacha" en la mano de obra calificada que sostiene la industria alemana, en un momento en que el país enfrenta un déficit estructural de trabajadores en sectores clave como manufactura, salud y tecnología.
La llamada que no fue
En paralelo al debate, trascendió que Merz canceló una conversación telefónica prevista con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Fuentes del gobierno federal no precisaron los motivos, pero el episodio alimentó especulaciones sobre tensiones en la relación bilateral, que ya venía deteriorada por las diferencias en torno al comercio y el apoyo a Ucrania. La cancillería no confirmó si la llamada se reprogramará.
El dilema de la centroderecha
La victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt vuelve a poner sobre la mesa la pregunta que divide a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merz: hasta dónde endurecer el discurso migratorio para recuperar votantes sin legitimar al partido al que se niegan a gobernar. El llamado Brandmauer —el cortafuegos que impide cualquier coalición con la AfD— sigue en pie formalmente, pero cada resultado electoral lo somete a mayor presión.
Merz eligió esta vez la confrontación directa. Si eso alcanza para frenar el avance de la extrema derecha, o si lo acelera, es la pregunta que recorre Berlín esta semana.
Compartir esta nota
