Yo me pregunto cómo se estará sintiendo Narendra Modi en este momento. El mes pasado, el primer ministro indio se vio obligado a aceptar un borrador de acuerdo comercial con Donald Trump en el que vagamente se prometía que India dejaría de comprar petróleo ruso barato y, en su lugar, importaría combustibles fósiles de EEUU. Con el aumento del precio del petróleo y el gas tras el bombardeo estadounidense de Irán, Modi ahora tiene incentivos aún mayores para renegar del acuerdo, diversificarse por completo de los hidrocarburos y reducir toda su dependencia comercial y económica de EEUU.
El impacto inmediato de los ataques a Irán en términos de aumento de los precios del petróleo es evidente, aunque el daño económico general puede no ser catastrófico. A diferencia del mar Rojo y su ruta hacia el canal de Suez, amenazada desde 2023 por los ataques de los militantes hutíes, el Golfo no es una arteria global importante para el transporte marítimo no energético.
Sin embargo, la erosión del liderazgo geoeconómico estadounidense es considerable. Para los Gobiernos fuera del de EEUU y de China, en particular los de los países de bajos y medianos ingresos, las ofertas rivales de las superpotencias económicas son ahora las siguientes: de EEUU reciben presiones para firmar acuerdos comerciales que prometen un futuro de combustibles fósiles cuyo precio está sujeto al aventurerismo destructivo que caracteriza a EEUU; de China se obtienen vehículos eléctricos realmente baratos y tecnología verde para generar energías renovables. Es cierto que éstos vienen acompañados de otras formas de coerción económica, como el control de los minerales de tierras raras, pero al menos no suponen un devastador impacto para el crecimiento.
Independientemente de lo que haga Trump a continuación, a menos que empiece a bombardear parques solares, es poco probable que amenace un modelo de desarrollo basado en las energías renovables. El año pasado, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) redujo en casi un 50 por ciento su pronóstico de crecimiento de las energías renovables estadounidenses debido a que Trump eliminó los incentivos fiscales y bloqueó nuevos proyectos eólicos, pero la AIE aumentó su previsión en el caso de India en casi un 10 por ciento, citando el aumento de la capacidad de generación eólica y solar en tierra.
Durante décadas, EEUU fue un importador neto de petróleo en una economía global basada en los combustibles fósiles y, por lo tanto, se propuso garantizar la estabilidad del suministro procedente del Medio Oriente. La doctrina de Jimmy Carter en 1980 de mantener un Golfo en buenos términos con EEUU fue seguida por la primera guerra de Irak una década más tarde. Por otro lado, la promesa de Trump esta semana de asegurar y escoltar a los buques petroleros en el Golfo es simplemente una medida provisional. La explotación de esquisto nacional, que había convertido a EEUU en un exportador neto para 2019, junto con las enormes mejoras en la tecnología de las energías renovables, deberían haberlo protegido de las crisis del precio del petróleo y de la constante vigilancia de la seguridad en la región del Golfo.
En cambio, Trump ha hecho que EEUU le dé la espalda a la revolución de la tecnología verde, y ha amenazado al mercado petrolero mundial con ataques primero a Venezuela y ahora a Irán. En este último caso en particular, la propia administración parece no entender lo que está tratando de lograr.
Irán, más que casi cualquier otra nación, también ilustra la capacidad de EEUU para infligir daños económicos de otras maneras. Las sucesivas administraciones estadounidenses han utilizado su control sobre la banca y el sistema mundial de pagos en dólares para aislar y debilitar la economía iraní.
La Unión Europea (UE) ha revelado el poder de esta forma particular de coerción al intentar en vano eludir las restricciones que Washington le ha impuesto al comercio. Resentida por una política de sanciones establecida desde lejos por EEUU, la UE aprobó un "reglamento de bloqueo" destinado a impedir que las compañías de la UE cumplieran con las restricciones extraterritoriales estadounidenses, y luego estableció un sistema de trueque para eludir las sanciones. No funcionó.
Pocos Gobiernos lamentarán la caída del régimen iraní, pero ven cómo EEUU utiliza el sistema del dólar como arma para castigar a los países que no le gustan. Hasta ahora, las conversaciones sobre alternativas al dólar estadounidense como moneda internacional para los pagos y el financiamiento bancario son meras aspiraciones. Pero cuanto más se utilice el dólar como herramienta de coerción, más buscarán alternativas otras naciones.
Casi todas las acciones que emprende la administración Trump en el ámbito de la geoeconomía les gritan "diversifíquense y aíslense" a sus socios comerciales. Con una sincronización espléndida, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, cuyo discurso en Davos en enero preveía un mundo sin EEUU como líder confiable, inició esta semana una gira destinada a construir una "alianza de potencias medias".
La primera parada de Carney fue India, donde, con toda seguridad, Irán y el comercio energético figuraron en la agenda. Él y Modi lanzaron una estrategia de seguridad energética, incluyendo un plan para compartir tecnología nuclear y organizar conjuntamente una cumbre sobre energías renovables.
Trump parece decidido a arrasar con más de medio siglo de liderazgo estadounidense en la economía mundial. El bombardeo de Irán es sólo otro paso en su camino de destrucción. Otros Gobiernos hacen bien en distanciarse antes de convertirse en daño colateral.
(Alan Beattie. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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