El presidente de EEUU, Donald Trump, inició una ofensiva política para defender el desempeño económico de su Gobierno de cara a las elecciones de medio término de noviembre, pero varios indicadores publicados esta semana ofrecen un escenario poco favorable a los republicanos.
A menos de dos meses de las elecciones legislativas, Trump intenta presentar una economía sólida, pero el aumento de la inflación, con alzas en el precio del combustible, las hipotecas y los rendimientos de los bonos complica ese mensaje ante los votantes, advirtió este sábado The New York Times.
Lla inflación anual llegó al 3,4 % en agosto, el precio de la gasolina se acercó a US$4,30 por galón y el diésel superó los US$6, mientras los costos hipotecarios continúan aumentando.
La situación coloca al costo de vida en el centro de una disputa electoral en la que Trump busca convencer a los estadounidenses de que las políticas republicanas han mejorado su situación económica.
Una economía difícil de vender a los votantes
Durante dos días de discursos en la convención republicana celebrada en Dallas, Trump insistió en que Estados Unidos había alcanzado un período de "tremendo éxito económico". Sin embargo, la percepción de los votantes/consumidores no acompaña ese diagnóstico.
Una encuesta de la Universidad de Michigan registró este mes una fuerte caída de la confianza de los consumidores y nuevas preocupaciones sobre el desempeño de la economía y la evolución de los precios.
El problema político para Trump es que algunos de los efectos más importantes de la inflación se perciben directamente en los gastos cotidianos.
En agosto, los precios aumentaron por encima de los salarios por quinto mes consecutivo en términos interanuales, según los datos citados por The New York Times.
La combinación de precios elevados y mayores costos financieros amenaza con convertirse en uno de los principales obstáculos para el Partido Republicano antes de noviembre.
El petróleo vuelve a complicar el panorama
La guerra con Irán añade presión sobre una economía que todavía intenta absorber los efectos acumulados de la inflación y de la política comercial de Trump.
El precio del crudo Brent llegó brevemente a US$110 por barril el viernes, mientras el promedio nacional de la gasolina se aproximó a US$4,30 por galón. El diésel, por su parte, superó los US$6 y alcanzó un nivel récord.
La energía constituye un problema particularmente sensible porque sus aumentos terminan trasladándose al transporte, la producción y otros bienes y servicios.
Trump reconoció que los precios elevados del petróleo y la gasolina podrían mantenerse hasta después de las elecciones, aunque aseguró que posteriormente caerían con rapidez y llegó a pronosticar una gasolina por debajo de US$2 por galón.
Presión sobre la Reserva Federal
El repunte de los precios también complica el escenario para la Reserva Federal, que enfrenta el dilema de contener la inflación sin provocar un deterioro mayor de la actividad económica.
Los datos de agosto aumentaron las expectativas de un eventual incremento de las tasas de interés. Al mismo tiempo, Trump ha presionado públicamente para que el banco central reduzca los tipos.
Las tasas se encuentran actualmente entre 3,25 % y 3,75 %. El enfrentamiento entre la Casa Blanca y la Reserva Federal agrega incertidumbre a un panorama económico marcado por el encarecimiento de la energía y las tensiones comerciales.
Trump incluso ha amenazado con interrumpir el comercio con países que venden más a Estados Unidos de lo que compran, si no se produce una reducción significativa de las tasas.
Las hipotecas y la deuda también se encarecen
El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro constituye otra señal de presión financiera. El rendimiento del bono estadounidense a 10 años superó el 4,9 %, su nivel más alto desde 2023.
Ese movimiento tiene consecuencias directas sobre el mercado inmobiliario porque las tasas hipotecarias siguen de cerca el comportamiento de esos bonos.
La tasa promedio de una hipoteca a 30 años se situó alrededor del 6,8 %, un máximo de 15 meses. Michael Fratantoni, economista jefe de la Asociación de Banqueros Hipotecarios, advirtió que podría alcanzar o superar el 7 %.
El escenario contrasta con la promesa que Trump había formulado al comienzo del año de reducir agresivamente los costos de la vivienda.
A esto se suma el costo creciente del endeudamiento federal. La deuda de Estados Unidos superó recientemente los US$40 billones, mientras una operación del Departamento del Tesoro destinada a recomprar bonos antiguos no consiguió reducir los rendimientos.
Trump apuesta al mensaje electoral
Frente a este panorama, el presidente ha optado por reforzar el mensaje político antes que moderar sus afirmaciones sobre la economía.
Durante la convención republicana también prometió entregar un pago de US$5.000 a cada ciudadano estadounidense si su partido conserva el control de la Cámara de Representantes y el Senado en noviembre.
La propuesta, que todavía requeriría convertirse en una medida legislativa para materializarse, se suma a la estrategia de presentar las elecciones como una decisión entre mantener las políticas republicanas o permitir que los demócratas recuperen el control del Congreso.
El economista Oren Klachkin, de Nationwide, resumió esa contradicción al señalar que, aunque la economía mantiene un desempeño positivo, los consumidores están concentrados en el aumento de los precios y de las tasas de interés y en el efecto que ambos tienen sobre su poder adquisitivo.
La experiencia acumulada durante los años de inflación posteriores a la pandemia hace que el costo de vida tenga un peso especial en las expectativas de los electores.
En este contexto, la campaña republicana enfrenta una dificultad central: convencer a los votantes de que la economía está mejorando mientras ellos siguen pagando más por combustible, vivienda y otros bienes.
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