La aprobación de 316 partidos políticos por parte del Consejo Electoral Provisional (CEP) representa un hecho sin precedentes en la historia electoral reciente de Haití y evidencia el interés de la clase política por participar en el retorno del país a las urnas.

Casi diez años después de las últimas elecciones nacionales, esta movilización puede interpretarse como una expresión legítima de entusiasmo democrático. Sin embargo, la elevada cantidad de organizaciones también genera interrogantes sobre la capacidad administrativa, logística y técnica del sistema electoral.

En un análisis publicado en Le Nouvelliste, Michel Eric Gaillard, exmiembro de la Comisión Independiente de Evaluación y Verificación Electoral (CIEVE), plantea que el debate no debe centrarse únicamente en los partidos, los candidatos o los posibles resultados, sino también en la organización práctica de las elecciones.

Un mapa electoral que podría no reflejar la realidad de Haití

El sistema electoral haitiano se apoya en el Registro Electoral General, elaborado con los datos proporcionados por la Oficina Nacional de Identificación (ONI).

A partir de ese registro, los electores son distribuidos por secciones comunales, municipios y departamentos para determinar el número de mesas necesarias, utilizando una proporción aproximada de 400 votantes por mesa.

Según Gaillard, la estructura utilizada durante los últimos comicios fue concebida para un electorado potencial de alrededor de 5.9 millones de ciudadanos, con aproximadamente 13,700 mesas electorales agrupadas en unos 1,500 centros de votación.

El problema es que Haití ha experimentado profundas transformaciones desde entonces.

El último censo general de población y vivienda fue realizado en 2003. Después ocurrieron el terremoto de 2010, fuertes movimientos migratorios, desplazamientos provocados por la inseguridad y el abandono de numerosos barrios.

Además, escuelas y edificios públicos utilizados anteriormente como centros de votación han sido destruidos, quedaron inaccesibles o están ubicados actualmente en zonas de alto riesgo.

“La geografía electoral de ayer ya no es la de 2026”, sostiene Gaillard.

La fragmentación política aumenta la complejidad

El decreto electoral haitiano contempla mecanismos para promover la formación de agrupaciones y coaliciones, una disposición que reconoce que un mayor número de partidos incrementa la complejidad de las elecciones.

En los últimos comicios presidenciales participaron 54 candidatos, aunque los tres más votados concentraron cerca del 72 % de los sufragios.

Para Gaillard, esa experiencia invita a reflexionar sobre el equilibrio entre la diversidad de opciones políticas y la capacidad de las instituciones para administrar eficazmente el proceso.

El autor aclara que el pluralismo constituye uno de los pilares de la democracia, pero advierte que debe ser compatible con la organización de unas elecciones creíbles, transparentes y accesibles.

Representantes políticos podrían alcanzar cientos de miles

Otro desafío será la acreditación de los representantes de los partidos en las mesas electorales.

Cada organización que presente candidatos puede designar delegados encargados de observar las operaciones de votación y el escrutinio.

Con 316 partidos aprobados, el número potencial de representantes podría alcanzar los cientos de miles si cada organización procura tener presencia en todos los centros.

El CEP tendría que acreditar, identificar, supervisar y dar seguimiento a esas personas mediante tarjetas oficiales y sistemas capaces de evitar duplicidades o acreditaciones irregulares.

Gaillard considera que la trazabilidad de los representantes será un componente esencial para proteger la integridad de las elecciones.

Papeletas más extensas podrían confundir a los votantes

La cantidad de partidos y candidatos también podría complicar la experiencia de los ciudadanos frente a las urnas.

Los haitianos no solo deberán escoger al presidente, sino también a sus representantes en otros niveles de elección.

Una papeleta con numerosos símbolos, organizaciones y aspirantes podría resultar más difícil de leer, aumentar el tiempo requerido para votar y elevar el riesgo de errores o votos anulados.

Ante ese escenario, las campañas de educación cívica y electoral serán fundamentales para explicar cómo completar correctamente las papeletas.

Casi 1.5 millones de desplazados representan el mayor reto

Gaillard identifica la situación de los casi 1.5 millones de desplazados internos como uno de los problemas más importantes del proceso.

Cientos de miles de haitianos ya no viven en los municipios donde fueron inscritos originalmente debido a la violencia y al control territorial ejercido por grupos armados.

Esa situación plantea preguntas sobre cómo garantizarles el derecho al voto cuando su residencia actual no coincide con el registro electoral.

Las autoridades deberán adaptar la ubicación de los centros de votación a la nueva distribución de la población sin comprometer la integridad del padrón ni permitir duplicidades.

Entusiasmo democrático frente a capacidad institucional

Para Gaillard, organizar elecciones no consiste únicamente en establecer una fecha y abrir los centros de votación.

El proceso requiere actualizar el registro electoral, identificar locales seguros, capacitar al personal, acreditar a los delegados políticos, distribuir los materiales y proteger a los ciudadanos y trabajadores electorales.

El entusiasmo democrático que representa la aprobación de 316 partidos es legítimo, pero podría transformarse en una forma de exceso político si no está acompañado de consultas, acuerdos y una planificación adecuada.

“El pluralismo es una fortaleza. Pero debe ser compatible con las exigencias de unas elecciones creíbles, transparentes, accesibles y administrativamente viables”, concluye Michel Eric Gaillard.

El principal desafío de Haití en 2026 no será solamente regresar a las urnas, sino demostrar que su debilitado sistema institucional puede organizar unas elecciones con 316 partidos políticos sin que la cantidad de opciones termine afectando la confianza de los propios votantes.

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