Calles prácticamente vacías, edificios y vehículos destruidos, cortes de internet y otros servicios, precios disparados, temor al desabastecimiento, controles policiales generalizados. A los incesantes bombardeos de Israel y Estados Unidos, los iraníes añaden una larga lista de preocupaciones y consecuencias de una guerra con destino incierto, que en el país persa ya ha matado a más de mil personas.
"Me da miedo caminar por las calles desiertas, pues las bombas siguen cayendo del cielo", aseguró a la agencia AFP Samireh, una enfermera de 33 años. A diferencia de muchos ciudadanos de Teherán, esta mujer, que prefirió no decir su apellido, forma parte del personal esencial y permanece en la capital iraní, que hoy parece una ciudad fantasma. Apenas los supermercados y panaderías siguen abiertos, mientras la mayoría de comercios ha cerrado sus puertas.
En la urbe de unos 10 millones de habitantes, "hay tan poca gente que parece que aquí no haya vivido nadie nunca", indica. Las autoridades iraníes no han brindado información oficial sobre los desplazamientos forzados, pero testigos y algunas imágenes de video han mostrado el éxodo de muchos residentes de Teherán, la ciudad más castigada por los ataques conjuntos israelíes-estadounidenses, que de todas maneras han alcanzado a todas las provincias del país.
Aquellos que no pudieron huir conviven con una ansiedad inmensa. "Los niños gritaban y lloraban", explicó a Reuters un hombre iraní que se negó a ser identificado. Él destacó que los impactos en estructuras civiles infundieron miedo en los residentes de la capital iraní.
Y es que, aunque Estados Unidos e Israel aseguran que sus ataques apuntan a destruir las capacidades defensivas y ofensivas iraníes y debilitar al régimen, los bombardeos se han cobrado la vida de civiles y han golpeado lugares como una escuela de niñas, donde autoridades locales reportan más de 100 muertoa, edificios residenciales y hospitales.
"Mundo, ¿lo ven? Nos están matando. Escuchen nuestra voz", reclamó a Reuters Firuzeh Seraj, entre lágrimas desde Teherán. "Mi hija de 10 años está en diálisis y ahora estamos atrapados. Tengo miedo de llevarla al hospital. ¿Y si lo bombardean? ¿Por qué nos bombardean?", se preguntó.
En la plaza Ferdowsi, una de las principales intersecciones de la ciudad, el paisaje se ha llenado de edificios dañados por las explosiones.
En tanto, los barrios que reúnen a los centros de poder, como ministerios, tribunales o cuarteles de la Guardia Revolucionaria iraní, son los más afectados por las bombas. Bajo fuego, Elnaz, de 39 años, señala a la AFP que es "difícil" protegerse porque los ataques también incluyen entre sus objetivos a las viviendas de los miembros de los cuerpos del Estado.
Y en ese contexto, encontrar refugio es cada vez más difícil. En diálogo con el medio británico 'The Telegraph', Kamran, un habitante de la capital iraní, afirmó que la gente va de un lugar a otro porque múltiples barrios se han visto alcanzados por los bombardeos.
"No sabemos qué zonas son seguras. Atacaron un barrio, nos mudamos, y luego atacaron el lugar al que nos habíamos trasladado. Ya no hay ningún lugar seguro", añadió.
Servicios con intermitencias, precios altos y temor a la escasez
Si en Irán resulta difícil sortear el control de los aparatos del régimen para obtener información independiente, las intermitencias en el servicio de internet están complicando aún más el contacto entre los iraníes y el mundo exterior, lo que agudiza la sensación de desamparo.
Fatemeh, una mujer de 80 años que vive en Bushehr –ciudad costera del Golfo Pérsico que alberga la única central nuclear de Irán–, afirmó a Reuters que teme no volver a sus hijos, que viven fuera del país.
"Mis hijos me llaman, pero ni siquiera internet funciona bien. Tengo miedo, mucho miedo, de no volver a verlos y de morir en estos bombardeos", aseveró.
Asimismo, los cortes de electricidad y agua se han agudizado con el correr de los días; algunos cajeros automáticos han quedado fuera de servicio; y se forman largas filas para obtener gasolina o pan, además que los precios de algunos productos básicos, como huevos, se han incrementado.
Varios ciudadanos contactados por Reuters indicaron que aún hay alimentos y medicinas en las tiendas, pero expresaron su preocupación de que los suministros comiencen a escasear, a medida que la gente intenta abastecerse por si el conflicto se prolonga.
Shahla, residente de Urmía, cerca de la frontera con Turquía e Irak, advirtió que "el internet se corta y se va" y que "no hay refugios" ni "ayuda" frente a unos bombardeos que se registran "por todas partes.
"Hay controles en cada calle"
Si bien tanto el presidente estadounidense, Donald Trump, como el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han intentado justificar sus ataques como una forma de hacer caer al régimen de los ayatolás y han instado a los iraníes a alzarse para tomar el poder, esa llamada de momento no hace mella en una ciudadanía más preocupada por sobrevivir a sus bombardeos.
Eso no quita que la indignación de muchos iraníes igual se dirija a sus propios líderes.
Hassan, un oficial retirado del Ejército que vive en el norte de Irán, le señaló a Reuters que "las consecuencia de años de terquedad" de Jamenei (el líder supremo asesinado el 28 de febrero en los ataques de EE. UU. e Israel) "siguen matando al pueblo iraní". "¿Por qué tanta hostilidad hacia el mundo? ¿Qué hemos ganado con este programa nuclear aparte de bombardeos, aislamiento y miseria? ¿Por qué vivimos bajo las bombas?", reclamó.
Un ejemplo de ese malestar fueron las celebraciones espontáneas que se dieron en algunas zonas de Teherán tras conocerse la muerte del líder supremo Alí Jamenei, a quien muchos iraníes ven como el responsable máximo de años de brutal represión, la más reciente y sangrienta en las protestas de enero pasado, que se saldaron con miles de fallecidos.
Después de esos gestos de celebración, varios residentes aseguran que se ha multiplicado el despliegue de fuerzas del régimen, sobre todo en Teherán. "Hay controles en cada calle y callejón", afirmó Fariba Gerami, de 27 años, quien trabaja para una empresa en el norte de la capital.
Un joven estudiante de 25 años también afirmó a la cadena 'BBC' que "hay checkpoints por todos lados, están asustados de sus propias sombras".
Las medidas coercitivas también llegan a los teléfonos móviles. Un ciudadano, cuyo nombre fue modificado, indicó a la cadena británica que "todos los días envían mensajes SMS advirtiendo que si salimos, nos tratarán con dureza". "Llegó un mensaje diciendo: 'Si alguno de ustedes sale a protestar, lo consideraremos colaborador de Israel'", subrayó.
Atrapados entre los mortíferos e incesantes bombardeos de Estados Unidos e Israel y la furiosa respuesta regional de un régimen iraní que lucha por su supervivencia, los civiles iraníes sufren las consecuencias, que ya vaticinan una triste celebración del Nouruz, el año nuevo del calendario persa, que se celebra en torno al 21 de marzo.
A estas alturas, los bazares deberían estar animados, los comerciantes tendrían que estar viviendo sus semanas más ajetreadas y productivas del año y las familias estarían organizando sus planes de reunión. Pero el contraste es marcado, con un país sumido en el silencio, la incertidumbre y el miedo.
Con Reuters, AFP y medios
Compartir esta nota
