El Gobierno de Trump respalda un pacto de energía nuclear con Riad que permitiría a Arabia Saudita enriquecer uranio y procesar combustible atómico gastado, una medida que preocupa a algunos legisladores estadounidenses y a países de la región inquietos por la proliferación de armas.

Estos son algunos de los principales puntos en juego:

¿Qué ha pasado hasta ahora?

Washington y Riad llevan años negociando un acuerdo de cooperación nuclear que le daría a Arabia Saudita acceso a tecnología estadounidense y a las empresas de Estados Unidos la oportunidad de ganar grandes contratos para las instalaciones de energía atómica sauditas.

Como siempre ocurre con la tecnología nuclear, las preocupaciones centrales han sido la seguridad, la proliferación de armas y las complicaciones políticas en una región que es un polvorín.

Al igual que todos los firmantes del Tratado de No Proliferación nuclear, Arabia Saudita ya se comprometió a no desarrollar una bomba atómica y aceptó inspecciones internacionales. Pero Washington ha buscado tradicionalmente protecciones adicionales.

El Gobierno de Trump anunció el miércoles que el acuerdo fue presentado ante el Congreso. Los legisladores tienen 90 días de sesiones para impedir que entre en vigor, pero solo si consiguen la mayoría de dos tercios necesaria para superar un eventual veto presidencial.

El pacto no incluye el "estándar de oro" que prohibiría a Arabia Saudita enriquecer uranio y procesar combustible atómico gastado, dos posibles vías para obtener material para una ojiva, ni un "protocolo adicional" de supervisión internacional reforzada.

Esas omisiones probablemente inquieten a los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, incluido Israel, y planteen cuestionamientos de coherencia, ya que una de las justificaciones de la guerra estadounidense contra Irán este año fue su negativa a renunciar a un programa de enriquecimiento.

El acuerdo generó cierta oposición en el Congreso, donde algunos miembros habían exigido previamente salvaguardas estrictas para cualquier pacto.

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¿Por qué Arabia Saudita quiere un programa nuclear?

Como mayor exportador de petróleo del mundo, Arabia Saudita puede no parecer un candidato obvio para la energía nuclear, pero busca reducir sus emisiones de carbono y liberar crudo para la exportación en el marco del plan económico del príncipe heredero Mohamed bin Salman.

La electricidad saudita se genera principalmente quemando gas y petróleo. La energía atómica podría reemplazar parte de esa generación, incluida la destinada a la desalinización de agua y al aire acondicionado, actividades de alto consumo energético, lo que le permitiría al reino obtener más ingresos por la venta de petróleo.

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Sin embargo, Arabia Saudita también ha dicho que si su viejo enemigo Irán desarrolla un arma nuclear, tendría que hacer lo mismo, una declaración aparentemente dirigida a aumentar la presión sobre Teherán, pero que también ha alimentado la preocupación por sus propias ambiciones.

"Este acuerdo desatará una carrera nuclear en la región, desincentivando aún más a Irán de limitar su propio programa", afirmó en X el senador demócrata Chris Murphy.

Muchos países productores de energía nuclear no enriquecen uranio en su territorio y dependen de la importación del combustible para sus reactores.

Pero en enero de 2025 Arabia Saudita anunció que enriquecería uranio, un proceso que también puede utilizarse como parte de un programa militar, para producir combustible de "torta amarilla" (yellowcake) destinado a la generación de energía nuclear que podría vender.

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¿Qué gana Estados Unidos?

Podría haber beneficios estratégicos y comerciales.

La cooperación nuclear civil fue un incentivo importante, junto con garantías de seguridad, en el esfuerzo del antecesor de Trump, Joe Biden, por lograr un acuerdo para que Arabia Saudita e Israel normalizaran relaciones.

Trump junto al príncipe heredero Mohammed bin Salman en el foro de inversión entre Estados Unidos y Arabia Saudita, en Washington, en noviembre de 2025

Sin embargo, esos dos temas quedaron ahora desvinculados, según reportó Reuters, aunque un acuerdo nuclear podría servir como aliciente en los esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos con el reino. Riad ha descartado normalizar los lazos con Israel sin un Estado palestino.

Un acuerdo nuclear civil pondría a la industria estadounidense en una posición privilegiada para ganar contratos de construcción de plantas nucleares sauditas, además de brindar información sobre el programa atómico del reino que podría aliviar las preocupaciones de Estados Unidos sobre la proliferación de armas.

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Según la Sección 123 de la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos de 1954, el país puede negociar acuerdos para establecer una cooperación nuclear civil significativa con otras naciones.

La norma especifica nueve criterios de no proliferación que esos Estados deben cumplir para impedir que utilicen la tecnología con el fin de desarrollar armas nucleares o transferir materiales sensibles a terceros.

La legislación estadounidense estipula la revisión de estos pactos por parte del Congreso.

Arabia Saudita tiene opciones

Si el pacto entre Estados Unidos y Arabia Saudita fracasara, incluso en esta etapa avanzada, varios países con industrias nucleares consolidadas han expresado interés o son vistos como socios potenciales para el programa nuclear saudita.

El director general de la corporación estatal rusa de energía atómica Rosatom, Alexéi Likhachev, el 24 de abril de 2026 en una exposición en Moscú dedicada al desastre nuclear de la central de Chernóbil

La estatal China National Nuclear Corp (CNNC) habría presentado una oferta en 2023 para construir una planta nuclear.

La empresa nuclear estatal rusa Rosatom, que construyó una planta nuclear en Egipto, también ha firmado acuerdos preliminares de cooperación con Riad. Otros posibles contendientes incluyen a Corea del Sur, que construyó reactores en los vecinos Emiratos Árabes Unidos, y a Francia.

La elección del socio dependerá probablemente de la oferta tecnológica, el financiamiento y el alineamiento geopolítico, incluidas las condiciones relacionadas con el manejo del combustible nuclear.

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Enriquecimiento de uranio

Una cuestión clave es si Washington aceptaría construir una instalación de enriquecimiento de uranio en territorio saudita, cuándo lo haría y si el personal saudita tendría acceso a ella o si sería operada exclusivamente por personal estadounidense bajo un esquema de "caja negra".

Sin salvaguardas rigurosas incorporadas al acuerdo, Arabia Saudita, que cuenta con reservas de mineral de uranio en su territorio, podría en teoría utilizar una instalación de enriquecimiento para producir uranio altamente enriquecido que, si se purifica lo suficiente, puede generar material fisible para bombas.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante una reunión con el presidente libanés Joseph Aoun en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington D.C., el 21 de julio de 2026

Una fuente aseguró que el acuerdo propuesto entre Estados Unidos y Arabia Saudita ofrece una vía legal para la cooperación en el ciclo del combustible nuclear, que incluye el enriquecimiento de uranio, pero no obliga a Washington a transferir al reino tecnología ni capacidades relacionadas.

También hay cuestiones diplomáticas: Israel, el principal aliado regional de Washington, ha expresado en reiteradas ocasiones su oposición a la idea de un programa nuclear civil saudita.

Con Reuters

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