Siete minutos fueron suficientes para que Argentina diera vuelta a lo que parecía una sentencia, luego de Anthony Gordon pusiera en ventaja a Inglaterra en el 55, consiguiendo a la postre con un marcador de 2-1 la clasificación para defender su corona frente a la selección de España.
Gordon batió a Emiliano 'Dibu' Martínez, con un derechazo al primer poste tras recibir un pase cruzado desde la derecha por Morgan Rogers, pero el gol inglés pareció detonar el mejor momento de la selección argentina.
Eso y las decisiones de Thomas Tuchel, el técnico alemán del equipo de los Tres Leones. Al minuto 72, Tuchel sacó del campo a Gordon, el hombre que más peligro estaba generando, junto a Djed Spence, mientras los estelares Jude Bellingham y Harry Kane, que entre los dos sumaban 12 goles en el Mundial, se ahogaban en la intrascendencia.

Tuchel hizo entrar en el campo a Ezri Konza en lugar de Gordon, y nueve minutos después renunció también a la creación de Declan Rice y la perspectiva de que Reece James verticalizara el juego por la banda derecha.
En su lugar, ingresaron Dan Burn y Nico O’Reilly, con la misión de blindar la defensa inglesa, pero también con el costo implícito de renunciar a la producción de juego propio.
Lionel Scaloni, en cambio, se la jugaba, primero renunciando a la contención que podía aportar Leandro Paredes para apostar todo a las corridas de un extremo enérgico como Nico González, luego ingresando a tres baluartes de la victoria en Qatar (Gonzalo Montiel, Rodrigo Del Paul y Nicolás Otamendi) y finalmente sacando al lateral Nicolás Tagliafico para hacer ingresar a Lautaro Martínez.
La declaración de intenciones quedaba clara de ambos lados. Tuchel apostaba a preservar la ventaja, renunciando al ataque, y Scaloni hacía público que no se cuidaría las espaldas y que estaba decidido a empujar a Inglaterra contra su arco.
"No tenía la sensación de que un cambio ofensivo ayudaría", confesaría luego Tuchel. "En cambio, nos quedamos en nuestro 4-4-2 pero nos volvimos pasivos, concediendo muchas ocasiones y sin poder cambiar la posesión del balón a nuestro favor".
"Él (Tuchel) jugó sus cartas muy pronto con la esperanza de aguantar", evaluó el exdelantero inglés Alan Shearer. "Y ha salido mal. Pero Argentina es campeona del mundo por una razón, porque no se trata solo de habilidad, sino de saber hacer y de actitud cuando las cosas van en tu contra".
La salida de Gordon: el comienzo del fin
Después de la salida de Gordon, Inglaterra no solo no volvió a crear ocasiones de peligro cerca del arco de 'Dibu' Martínez (ni siquiera con la leve corrección de rumbo que supuso la tardía entrada al campo de Marcus Rashford al minuto 95), sino que entregó por completo la posesión, en lugar de intentar defender con la pelota en el pie.
A partir de ese fatídico minuto 72 para los ingleses, Argentina se adueñó por completo del partido y aseguró un promedio de tenencia que al final fue de 88% entre el gol de Gordon y el del 2-1.
La asociación entre Montiel y una delantera encendida generó las primeras ocasiones claras de peligro. Tres centros desde la derecha del lateral del River Plate terminaron en las cabezas de Alexis Mac Allister y Nico González, forzando a Jordan Pickford a dos despejes in extremis, mientras un tercero se estrellaba contra el poste.
Pero fue el capitán Lionel Messi, que hasta entonces había vivido un partido más bien discreto, quien encontró la llave para burlar el asedio de Elliot Anderson y terminar de abrir el arco inglés.

A los 84 minutos, recibió una pelota de espaldas al área que pasó a Enzo Fernández, desmarcado frente a la medialuna, y el mediocampista del Chelsea disparó de primera para batir a Pickford e igualar las acciones.
Cuando había transcurrido un minuto del tiempo añadido, una nueva asistencia de Messi (esta vez desplazándose a la banda derecha que tan buenos resultados le había dado a Montiel) encontró a Lautaro Martínez solo frente al portero, y el delantero del Inter remató de cabeza para el 2-1, que convierte a Argentina en el segundo clasificado para la final.
"Hace cuatro años logramos lo que queríamos, jugar el último partido y ser los mejores durante cuatro años. Otra vez hemos vuelto a demostrar que nadie nos regala nada y nos volvimos a meter entre los dos mejores del mundo", celebró Messi tras el encuentro.
"Este equipo cuando mejor juega es cuando está en dificultad", resumió el técnico Scaloni. "Cuando estamos en dificultad y el rival duda un poquito, ahí vemos sangre y vamos hasta donde sea".
La advertencia, de seguro, habrá llegado ya a oídos de Luis de la Fuente, responsable de dar una respuesta a la ya proverbial capacidad de reacción de la Albiceleste.

Y como si no fuera suficiente el placer de dejar en el camino a uno de sus rivales más enconados, Giovanni Lo Celso terminó la fiesta como muchos en su país lo deseaban, 40 años después de "la mano de Dios" y el "gol del siglo" de Diego Maradona en México 86: desplegando una pancarta que rezaba "las Malvinas son argentinas".
Con Reuters y EFE
Compartir esta nota
