El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se profundiza tras la muerte del líder supremo Ali Jameneí, desencadenando una escalada militar de gran magnitud. Bombardeos masivos, represalias regionales y tensiones geopolíticas configuran un escenario volátil que amenaza con desestabilizar a la región.
Segundo día de Operación Furia Épica
El Ejército israelí confirmó que continúa ejecutando ataques a gran escala contra objetivos estratégicos en Teherán, consolidando su ofensiva aérea sobre la capital iraní. Según las autoridades militares, los bombardeos apuntan a centros de mando, inteligencia y estructuras clave del aparato estatal.
Un responsable israelí, bajo condición de anonimato y citado por Reuters, resumió el objetivo de la operación: “Israel actúa para debilitar las capacidades del Gobierno iraní hasta provocar su caída”. Esta declaración refleja una estrategia que va más allá de la contención militar y apunta directamente a la estabilidad del régimen.
En paralelo, el Comando Central estadounidense informó que más de 1.000 objetivos han sido alcanzados desde el inicio de la campaña, en una operación coordinada que marca uno de los mayores despliegues militares recientes en la región.
Mientras tanto, en medio de la crisis tras la muerte del líder supremo Ali Jameneí, la Constitución iraní establece que debe designarse un nuevo líder en un plazo máximo de tres meses. La elección del nuevo líder corresponde a la Asamblea de Expertos.
Irán extiende sus represalias
Irán respondió con nuevas oleadas de misiles y drones dirigidos contra Israel y varios países del Golfo.
En el Golfo, los ataques de represalia de Irán fueron más allá de objetivos estadounidenses e israelíes, llevando el conflicto a ciudades que durante mucho tiempo se han presentado como refugios seguros regionales. Se reportaron tres muertos en Emiratos Árabes Unidos y uno en Kuwait y Bahrein.
El servicio de ambulancias israelí informó de nueve muertos en la localidad de Beit Shemesh.
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Bahrein y Kuwait afirman que los ataques iraníes en ambos países impactaron objetivos civiles.
Desde Teherán, las autoridades dejaron claro que no habrá repliegue. El canciller iraní afirmó en redes sociales: “Los bombardeos en nuestra capital no afectan nuestra capacidad de hacer la guerra”, subrayando la determinación del país de sostener el conflicto.
Mientras tanto, el cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras energéticas y civiles han generado preocupación global, con impactos inmediatos en el transporte marítimo, la aviación y los precios del petróleo.
Trump promete venganza
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo en un video publicado en redes sociales que el país “vengará” la muerte de los tres militares muertos en estos ataques y que “probablemente habrá más” víctimas antes de que termine el conflicto.
Los tres fallecidos eran soldados del Ejército desplegados en Kuwait como parte de una unidad de suministros y logística, según una persona familiarizada con la situación que habló bajo condición de anonimato.
Trump también lanzó un mensaje directo a las fuerzas iraníes: quienes se rindan tendrán inmunidad, mientras que quienes resistan enfrentarán “una muerte segura”. En paralelo, apeló a la población iraní: “Convoco a todos los patriotas iraníes que anhelan libertad a aprovechar este momento (…) Estados Unidos está con ustedes”.
Sin embargo, el mandatario dejó abierta la puerta a negociaciones al afirmar: “Quieren hablar y he aceptado”, aunque estimó que la campaña militar podría prolongarse hasta cuatro semanas.
El Eje de la Resistencia se moviliza
La entrada en escena del Hezbolá libanés marcó un punto de inflexión en el conflicto. Pese a las acciones reiteradas de Beirut bajo presión occidental para acclerar el desarme del grupo chiita, tras una mortífera campaña militar israelí que decapitó su alto mando en 2024, Hezbolá afirmó haber lanzado ataques contra Israel, que respondió con ataques sobre la periferia sur de Beirut.
A esto se suma la acción de milicias proiraníes en Irak. El grupo, Saraya Awliya al-Dam afirmó haber llevado a cabo el lunes un ataque con drones contra tropas estadounidenses en el aeropuerto de Bagdad, la capital de Irak, ampliando aún más las represalias tras la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei.
La respuesta occidental
Francia, Alemania y Reino Unido advirtieron que podrían tomar “medidas defensivas” contra el régimen de Irán en el Golfo. Los tres países aliados condenaron los lanzamientos de misiles iraníes contra Arabia Saudita, Emiratos, Bahrein, Qatar, Kuwait y Jordania, y no descartaron destruir la infraestructura de proyectiles de Teherán para proteger sus intereses regionales
Pero, la participación de Reino Unido se destacó del resto de los aliados europeos. El primer ministro británico, Keir Starmer, declaró el domingo que su país aceptó una solicitud de Estados Unidos para utilizar bases británicas en ataques defensivos contra misiles iraníes almacenados en depósitos o en sus plataformas de lanzamiento.
“Estados Unidos ha solicitado permiso para usar bases británicas con ese propósito específico y limitado de defensa. Hemos decidido aceptar esta petición para evitar que Irán dispare misiles en toda la región”, afirmó en un mensaje en video difundido en la red social X.
Sin embargo confirmó que Reino Unido no participó en los bombardeos contra Irán. El líder británico reiteró que la solución debe ser diplomática: “Creemos que la mejor salida (…) es un acuerdo negociado”, aunque admitió que la participación en operaciones defensivas es necesaria para proteger vidas.
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Con múltiples frentes abiertos, actores regionales movilizados y potencias internacionales implicadas, el conflicto entra en una fase impredecible. La combinación de presión militar, incertidumbre política en Irán y tensiones energéticas globales configura un escenario que podría redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente.
Con France 24, Reuters y AP
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