“Vamos a hacer de Gaza un lugar muy próspero y seguro. Y también quizá vayamos un paso más allá”. Con esta perspectiva Donald Trump cerró su discurso inaugural para la "Junta de Paz" integrada por una veintena de países, que tendrá el objetivo de unir esfuerzos en la reconstrucción de Gaza.

Avalando los temores de muchos actores globales de que el organismo servirá para instalar un nuevo multilateralismo a la medida de Trump, el presidente estadounidense anticipó: “donde veamos focos de conflicto en el mundo, probablemente podamos ocuparnos de ellos con mucha facilidad, con este grupo extraordinario de personas poderosas y brillantes”.

El mandatario republicano anunció que Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Baréin, Qatar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait se han comprometido a aportar 7.000 millones de dólares a un fondo de reconstrucción del enclave devastado por la guerra entre Israel y Hamás.

El monto es escasamente un 10% del costo estimado para levantar Gaza de los escombros, que de acuerdo con cálculos de Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial se acerca a los 70.000 millones.

Trump también adelantó que su Administración tiene previsto contribuir con 10.000 millones de dólares a la "Junta de Paz", aunque no precisó de dónde saldrán esos recursos ni si tiene previsto pedir autorización al Congreso para comprometerlos.

Además, dijo que la FIFA (cuyo presidente Gianni Infantino estuvo en la primera reunión) recaudará 75 millones de dólares para proyectos relacionados con el fútbol y que 2.000 millones en ayuda humanitaria correrán por cuenta de Naciones Unidas.

Quienes no pudieron estar presentes fueron los integrantes de la delegación de Belarús, un cercano aliado de Rusia frecuentemente cuestionado por su historial negativo en torno a los Derechos Humanos, que a pesar de aceptar la invitación de Trump para integrarse, no recibió el visado para entrar a territorio estadounidense.

Trump proyecta un rescate de tres años para convertir a Gaza en la región futurista y moderna que delineó su yerno Jared Kushner cuando presentó ante el Foro de Davos su proyecto para el enclave, pero Naciones Unidas estima que solo la recolección de escombros y el desminado tomará ese tiempo.

Todas esas previsiones, sin embargo, quedan sujetas a que se cumpla un paso clave para avanzar en el plan de paz: el desarme de Hamás y el retiro de las tropas israelíes, dos condiciones que no parecen cerca de alcanzarse, pese a la presión de Benjamín Netanyahu para la desmovilización de la organización palestina.

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Naciones Unidas: ¿más fuerte o más débil?

No hubo representantes palestinos en la "Junta de Paz", aunque sí una mayoría de miembros de Medio Oriente, incluyendo a Qatar y Turquía, dos países que han despertado la desconfianza de Israel por su cercanía con Hamás.

Tampoco están varios actores fundamentales de Occidente y la Unión Europea, como Alemania, Italia, Noruega, Suiza o el Reino Unido, que no atendieron la invitación de Trump de unirse al organismo, pero sí asistieron como observadores a la instalación.

Trump confía en que eventualmente se unirán, y este 19 de febrero anunció que Noruega acogerá una nueva reunión de la Junta en el futuro, pero Oslo negó que tenga intenciones de unirse al organismo.

El anfitrión agregó que muchos de los integrantes están dispuestos a enviar tropas para la Fuerza Internacional de Estabilización prevista en una fase posterior del plan de paz.

De momento, Indonesia, Marruecos, Kazajistán, Kosovo y Albania han comprometido 8.000 hombres con ese propósito, y su despliegue se iniciará en el paso de Rafah.

Trump no ocultó sus intenciones de que su Junta de Paz vaya más allá de Gaza, reiterando su promesa de que investigará “puntos calientes” en todo el mundo, pero respondió a los críticos que se preguntan si pretenden una sustitución de facto del Consejo de Seguridad de la ONU.

“Algún día yo no estaré aquí, Naciones Unidas sí”, afirmó, para luego agregar: "Creo que será mucho más fuerte y la 'Junta de Paz' casi estará supervisando las Naciones Unidas y asegurándose de que funcione correctamente".

Esa supervisión no parece incluir ni el cumplimiento de las obligaciones económicas (con las que Estados Unidos está atrasado) ni el reconocimiento global para el organismo alterno.

Por ejemplo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue objeto de críticas por el hecho de que una comisaria europea, la del Mediterráneo, Dubravka Suica, asistiera a la reunión de la "Junta de Paz".

"La Comisión Europea nunca debería haber asistido a la reunión de la 'Junta de Paz' en Washington hoy, ya que no había recibido un mandato del Consejo (Europeo) para hacerlo", cuestionó en X el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot.

Mucho más duro fue el exjefe de la diplomacia europea Josep Borrell, quien trasladó directamente a Von der Leyen la responsabilidad de la asistencia de Suica.

 "A mí no me parece una buena decisión, pero no me esperaba menos de Von der Leyen que todos sabemos qué pie calza: es una atlantista convencida y una sionista militante; y eso no es un descalificativo, es la descripción de una realidad", afirmó Borrell en declaraciones a periodistas.

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Dos piedras en los zapatos

La presentación de la "Junta de Paz" se produjo en momentos en que Estados Unidos está a las puertas de iniciar un conflicto con Irán y también bajo la amenaza del primer ministro Benjamin Netanyahu desde Israel de desarmar a Hamás “pacíficamente o por la fuerza”.

Desde Gaza, el portavoz del grupo militante Hazem Qassem respondió a través de un comunicado en el que retó a la "Junta de Paz" a obligar a Israel a respetar el alto el fuego acordado desde octubre.

En el documento, Qassem aseguró que el gran desafío del nuevo organismo "radica en su capacidad para obligar a la ocupación a detener sus violaciones del alto el fuego, forzarla a cumplir con sus obligaciones e iniciar un esfuerzo genuino de ayuda para poner en marcha el proceso de reconstrucción".

El secretario de Estado Marco Rubio dejó constancia de que tiene clara la tarea en manos de la "Junta de Paz": "Tenemos que hacerlo bien. No hay un plan B para Gaza. El Plan B es volver a la guerra. Nadie aquí quiere eso".

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Con Reuters, EFE y AP

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