La noche del 24 de febrero marca un récord en EE. UU., luego de que el presidente Donald Trump pronunciara el discurso sobre el Estado de la Unión más largo de la historia, extendiéndose por 1 hora y 47 minutos.

El Capitolio se transformó en un escenario de alto voltaje político, donde los aplausos de los republicanos contrastaban con el silencio y las expresiones de desaprobación de los demócratas. 

Flanqueado por el vicepresidente J.D. Vance, quien asentía con vigor a cada proclama, y el presidente de la Cámara Baja, Mike Johnson, que no ocultaba su entusiasmo, Trump se presentó ante un Congreso profundamente dividido, en un año marcado por desafíos económicos persistentes y tensiones geopolíticas globales.

 

Desde el podio, Trump inició su alocución con una energía inquebrantable, asegurando a la audiencia –y a los millones que seguían por televisión y redes sociales– que Estados Unidos estaba en lo que él considera el umbral de una "era dorada sin precedentes". 

Pero el ambiente no era de unidad: mientras los republicanos se ponían de pie una y otra vez, ovacionando con fervor, los demócratas permanecían sentados, algunos cruzados de brazos, otros consultando sus teléfonos o intercambiando miradas de escepticismo. 

Esta polarización se hizo evidente desde los primeros minutos, preparando el terreno para un discurso que no solo resumiría logros, sino que también serviría como plataforma para ataques directos a la oposición y anuncios sorpresa que buscarían captar la atención de los votantes de cara a las elecciones de medio término.

Según las agencias de noticias Reuters y AP, el discurso de Trump fue meticulosamente preparado por un equipo liderado por asesores cercanos como Stephen Miller y Marco Rubio, ahora secretario de Estado, con el objetivo de proyectar fuerza y optimismo en un momento en que las encuestas muestran una aprobación presidencial fluctuante, alrededor del 45%, según sondeos de Gallup. 

Trump utilizó el evento para reforzar su narrativa de "America First" (EE. UU. primero), ignorando en gran medida críticas sobre divisiones internas y enfocándose en los que considera logros de su primer año de Administración.

“Era dorada económica”

El presidente Donald Trump dedicó los primeros 30 minutos a exaltar la economía estadounidense a través de su particular estilo que raya con el humor.

"Estamos ganando tanto que nos cansaremos de ganar, pero no nos cansaremos, ¡porque Estados Unidos nunca se cansa de ganar!". 

Trump enumeró una serie de logros: una inflación que ha descendido a niveles prepandemia; tasas hipotecarias en mínimos históricos que han impulsado el mercado inmobiliario; y un mercado bursátil que ha batido récords semanales, con el Dow Jones superando los 50.000 puntos. 

Según datos citados por Reuters, la producción de petróleo ha alcanzado picos inéditos gracias a políticas de desregulación energética, atrayendo inversiones extranjeras por valor de billones de dólares y generando millones de empleos en sectores como la construcción y la manufactura.

 

Sin embargo, Trump omitió mencionar que la inflación, aunque controlada, se ha estancado en los últimos meses debido a presiones globales, como la volatilidad en los mercados energéticos, y que los precios de bienes básicos siguen afectando desproporcionadamente a las clases medias y bajas, como reporta AP. 

En un giro del discurso, anunció una "guerra total contra el fraude y el desperdicio gubernamental", asignando al vicepresidente Vance la tarea de liderar una comisión especial para auditar subsidios federales, incluyendo programas de cuidado infantil y asistencia alimentaria. 

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"Vamos a cortar el derroche y poner el dinero de vuelta en los bolsillos de los trabajadores estadounidenses", proclamó, recibiendo una ovación de pie de los republicanos.

Trump también arremetió contra los demócratas por los altos costos en salud, prometiendo un "gran plan de salud" que enviaría fondos directamente a los ciudadanos a través de cuentas de ahorro sanitarias, eliminando intermediarios. 

"Los demócratas quieren socializar la medicina; nosotros queremos empoderar a la gente", dijo, provocando silbidos aislados desde el lado opositor.

El momento de mayor controversia económica llegó cuando Trump lamentó la reciente decisión de la Corte Suprema que invalidó sus aranceles sobre importaciones, argumentando que estos protegían empleos estadounidenses. Por lo que anunció un nuevo "impuesto global de equidad" del 10-15% sobre bienes importados, afirmando: "Salvará nuestra economía de la explotación china y mexicana". 

Expertos señalan que, aunque Trump presenta estos aranceles como pagados por países extranjeros, en realidad son asumidos por empresas y consumidores estadounidenses, lo que podría elevar precios y tensionar relaciones comerciales. 

Los republicanos aplaudieron con entusiasmo, mientras algunos demócratas negaban con la cabeza, susurrando entre sí sobre las implicaciones inflacionarias.

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Política exterior: Irán y Venezuela, en el centro

Luego de casi una hora de discurso, Trump viró hacia la arena internacional, reivindicando su Administración como artífice de la paz global. 

"Hemos terminado ocho guerras que nos heredaron administraciones débiles", declaró, refiriéndose a acuerdos negociados por EE. UU. que pusieron fin a conflictos en regiones como África subsahariana.

El presidente estadounidense destacó el frágil cese al fuego en Gaza, donde "todos los rehenes, vivos y muertos, han sido devueltos a sus familias", un hecho que se atribuye en parte a mediaciones qataríes respaldadas por diplomacia estadounidense.

 

Sobre la guerra en Ucrania, en su cuarto aniversario, Trump fue breve pero punzante: culpó de nuevo a "administraciones previas" por no prevenirla y afirmó que bajo su mando "nunca habría sucedido". Una estrategia, según sus críticos, para ignorar los detalles sobre el estancamiento actual en las negociaciones entre rusos y ucranianos.

En cuanto a Irán, optó por un tono conciliador inicial: "Estamos negociando como nunca antes, pero sepan esto: Irán no tendrá armas nucleares mientras yo sea presidente". Advirtió con "fuerza letal" si las conversaciones fallan, un mensaje que expertos consideran como un equilibrio entre diplomacia y disuasión, en medio de sanciones renovadas que han debilitado la economía iraní y un masivo despliegue naval cerca de las costas del país persa.

Trump también se refirió a la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en Caracas y celebró lo que llamó "victoria colosal para EE. UU. y Venezuela".

Trump invitó además a Enrique Márquez, un disidente venezolano reunido con su familia tras años de separación, quien desde el balcón presidencial recibió una ovación bipartidista. 

"Esto es lo que significa 'America First': justicia para los oprimidos y mano dura contra los tiranos", exclamó Trump, mientras Márquez, visiblemente conmovido, saludaba a la multitud.

De otro lado, Trump presionó a los aliados de la OTAN para elevar su gasto de defensa al 5% del PIB, superando el actual 2%, argumentando: "No podemos ser el policía del mundo gratis". Recibió aplausos republicanos, pero escepticismo demócrata, con algunos como el senador Chris Murphy tuiteando en tiempo real sobre el riesgo de debilitar alianzas. 

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Endurecimiento en inmigración: historias personales, propuestas drásticas y divisiones raciales

La sección sobre inmigración fue una de las más intensas, con Trump honrando a víctimas de crímenes cometidos por inmigrantes indocumentados. 

Invitó a la familia de una mujer ucraniana asesinada en Carolina del Norte por un indocumentado, y a los padres de una niña herida en un accidente vehicular en 2024 causado por un conductor sin papeles. 

"Estos no son incidentes aislados; son tragedias evitables por fronteras débiles", dijo el presidente, proponiendo la "Ley de Dalilah" –nombrada por la niña herida– que prohibiría licencias comerciales y beneficios a indocumentados.

Donald Trump defendió su respuesta a tiroteos contra guardias nacionales en Washington D.C., que llevaron a restricciones masivas en visas y asilo, reduciendo la inmigración ilegal en un 70%, según datos de la Administración citados por Reuters. 

Criticó fraudes en comunidades somalíes en Minnesota, alegando "miles de millones robados en subsidios", un reclamo que AP verificó como exagerado, basado en casos aislados amplificados por medios conservadores.

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Protestas y tensiones en el Capitolio

El congresista demócrata Al Green, veterano crítico de Trump, fue expulsado tras portar un cartel en el que se leía: "Las personas negras no son simios". 

Esto aludía a un video racista publicado brevemente en las redes sociales de Trump, mostrando a la antigua familia presidencial, Barack y Michelle Obama, como monos.

La Casa Blanca borró en su momento el video alegando un hackeo, pero agencias de noticias internacionales como Reuters confirmaron como auténtica la publicación antes de su eliminación. 

Green, conocido por sus intentos de 'impeachment' en mandatos previos, dejó una silla vacía en el hemiciclo, simbolizando la brecha racial persistente en la política estadounidense.

Otras protestas incluyeron abucheos de representantes como Rashida Tlaib e Ilhan Omar, quienes gritaron: "¡Estás matando estadounidenses!" durante secciones en las que Trump habló sobre inmigración y Medio Oriente, condenando políticas que, según ellas, promueven "xenofobia y guerras innecesarias". 

Afuera del Capitolio, manifestaciones pacíficas de grupos como Black Lives Matter y sobrevivientes de abusos relacionados con Jeffrey Epstein –invitados por demócratas– destacaron oposiciones a políticas republicanas en justicia y migración. 

Invitados especiales y honores: militares, deportistas y civiles en el foco

Trump convirtió parte del discurso en una ceremonia de reconocimiento, otorgando la Medalla Presidencial de la Libertad a seis héroes. 

Entre ellos: un oficial de la Guardia Costera por rescates heroicos durante las inundaciones en Texas de 2025; dos guardias nacionales heridos en tiroteos en D.C. ; Royce Williams, un veterano de 100 años que reveló una misión secreta en la Guerra de Corea. Eric Slover, un soldado herido en la operación venezolana que capturó a Maduro; y el portero del equipo de hockey masculino de EE. UU., que ganó el oro olímpico en 2026.

Expertos consultados por France 24 afirman que estos honores sirvieron para humanizar la agenda de Trump, contrastando con las críticas de que ignora problemas internos como la desigualdad racial y el cambio climático, temas ausentes en el discurso.

Reacciones inmediatas y réplica demócrata: un país polarizado en vísperas electorales

Las reacciones no se hicieron esperar: republicanos como el senador Ted Cruz elogiaron el discurso como "inspirador y visionario", mientras que los demócratas lo tildaron de "divisivo y desconectado". 

 

Trump bromeó sobre un "tercer mandato" –provocando risas y abucheos– y elogió a Rubio por su rol en negociaciones internacionales.

En la réplica oficial demócrata, la gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, acusó a Trump de "mentiras, chivos expiatorios y distracciones". "Trump habla de paz, pero sus acciones invitan al caos", dijo Spanberger. 

A medida que la noche avanzó, las redes sociales bullían con memes, análisis y debates, confirmando que este Estado de la Unión no solo fue el más largo, sino uno de los más controvertidos.

Con Reuters y AP

France24

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