El entusiasmo sorprendió incluso a los propios organizadores. Casi 600.000 personas se inscribieron para la misa que celebrará el papa León XIV en la Plaza de la Concordia de París el sábado 26 de septiembre.
Esta inesperada afluencia obligó a la Diócesis de París y a la prefectura de policía a adaptar y ampliar la zona para los fieles. A lo largo del día, se congregarán en una amplia área que se extiende desde los Campos Elíseos hasta la Porte Maillot, incluyendo la Avenida de la Grande-Armée y la Plaza de la Estrella.
Lo mismo ocurrió con la vigilia juvenil que se celebra la noche del 25 en el Stade de France. Las 80.000 entradas disponibles se agotaron en tan solo unas horas. Mientras tanto, se espera la asistencia de decenas de miles de personas a Lourdes y Metz para la continuación de la visita papal el domingo y el lunes.
Para quienes no son católicos, este frenesí puede resultar sorprendente. Sin embargo, según el especialista Philippe Portier, director de estudios de la Escuela Práctica de Altos Estudios y autor de 'La religión en la Francia contemporánea", se trata, no obstante, de la ilustración perfecta de la dinámica que actualmente afecta al catolicismo en Francia.
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Reunir multitudes para "hacerse visibles"
"El catolicismo ha disminuido drásticamente en 70 años. En la década de 1960, el 90% de los franceses se identificaban como católicos. Hoy, solo el 30% lo hace, y el número de bautismos infantiles ha caído por debajo del 10%", señala Portier, citando una encuesta de 2023 realizada por el Instituto Nacional de Estudios Demográficos.
Por esa razón, el politólogo afirma que "la religión católica es una religión minoritaria" en una Francia que, al mismo tiempo, "nunca ha estado tan secularizada como lo está hoy".
"Esto se evidencia en varias leyes aprobadas en los últimos años, como la de 'muerte asistida' y la del matrimonio entre personas del mismo sexo, que contradicen las posturas de la Iglesia", refuerza.

Ante esta realidad, afirma el ensayista, "el reflejo de muchos creyentes es querer hacerse visibles y mostrar su identidad religiosa".
"Para ellos, un acontecimiento como la visita del Papa, la figura suprema de la Iglesia, es, por lo tanto, el momento perfecto para reunirse en gran número y afirmar públicamente su pertenencia a la religión católica", sostiene.
En otras palabras, resume, "el entusiasmo que rodea la visita de León XIV no es la expresión de una Francia predominantemente católica, sino de una minoría que se ha vuelto más militante".
"Cuando la política retrocede, la religión avanza"
Pero estos católicos devotos no estarán solos entre la multitud que acude a ver al Papa.
Philippe Portier apunta a otro grupo de personas que probablemente seguirán de cerca sus pasos: "Entre los inscritos hay sin duda muchos que, si se les preguntara, se declararían no creyentes. En realidad, son sensibles al mundo religioso y a su legado, a los mensajes de la Iglesia y sienten cierta curiosidad por el tema".
Se trata, para él, de un segmento de la población "cuyo apoyo es más frágil y precario", pero que "ha ido aumentando constantemente en los últimos años ante las crisis que azotan al mundo".

Según el politólogo, Francia está viviendo una especie de "primavera católica" por una "razón sencilla: cuando la política retrocede, la religión cobra protagonismo".
Luego de años recientes signados por el Covid-19, guerras, cambio climático, el auge de la extrema derecha, la crisis económica, Portier asegura que "en un mundo marcado por la creciente violencia y noticias cada vez más alarmantes, la gente busca algo que les dé estructura, orientación y sentido a sus vidas".
Para el politólogo, esta "búsqueda de sentido" puede explicar por qué algunas personas curiosas acuden a escuchar el mensaje del Papa, y también la considera un motivo que está impulsando a un número creciente de jóvenes a abrir las puertas de las iglesias.
Auge del bautismo de adultos
Según cifras de la Iglesia Católica en Francia, 13.000 adultos y 8.000 adolescentes fueron bautizados en las Pascuas de 2026 (la única época del año en que se realizan estos ritos en adultos), una cifra sin precedentes y en constante aumento. Basta con comparar que, entre 2015 y 2022, el número de bautismos rondó los 4.000 anuales.
Johan, de 21 años, recuerda la emoción y la "explosión de alegría" que sintió al recibir el sacramento del bautismo.
Lo describe como "el final de un largo camino personal" para el que nada lo había preparado, excepto, quizás, la convicción que, según él, "siempre ha tenido" de que "existe una inteligencia superior y divina".
"Crecí muy alejado de un entorno religioso. Mi madre y mi hermana son agnósticas, y mi padre es un ateo convencido con ideas bastante anticlericales", declara este estudiante de ingeniería informática.
Fue durante su segundo año de estudios, al regresar de un semestre en el extranjero, cuando se produjo el primer punto de inflexión.
"Justo después de mi regreso, mis padres me informaron del fallecimiento de mi abuela –relata–. En ese mismo momento, me estaba cuestionando mi filosofía de vida y el sentido de mi existencia".
En busca de respuestas, recurrió a su amigo católico Mathieu. Juntos decidieron asistir a una misa juvenil en el distrito 13 de París. "En aquel momento, fue un paso realmente curioso. Simplemente quería saber qué decía la Iglesia sobre el sentido de la vida", afirma.
Entusiasmados, los dos amigos regresaron la semana siguiente, y pronto se convirtió en una costumbre semanal. Tres meses después, Johan solicitó ingresar al catecumenado, un programa de dos años que la Iglesia ofrece a los adultos para prepararlos para recibir los sacramentos de ingreso a la vida cristiana, incluido el bautismo.
"Poco a poco, descubrí el mensaje de este hombre que vivió hace 2000 años. Me llenó de una profunda humildad, pues ya no siento ese deseo de superarme por orgullo. Sobre todo, alcancé la paz interior. Hoy creo en el cielo, la redención y el perdón. Por eso me resulta más fácil afrontar ciertas pruebas, como el final de la vida", reflexiona Johan.
Búsqueda de sentido
Fue esa misma búsqueda de sentido la que llevó a Morgane por un camino similar. A diferencia de Johan, la religión siempre ha formado parte de su vida. Criada por una madre protestante, recuerda rezar a menudo de niña, ir a las iglesias a encender una vela y descubrir historias de la Biblia.
"Ha habido momentos en que me he alejado mucho de la religión. Por ejemplo, cuando estaba en el instituto, cuando principalmente quería ser una intelectual –recuerda–. Y sobre todo después de la muerte de mi madre en 2018. En ese momento, sentí una especie de ira intensa hacia Dios".
Sin embargo, continúa Morgane, "con el tiempo, esa rabia se fue desvaneciendo" y, luego del fallecimiento de su padrino en 2023, "que también era muy religioso, empecé a interesarme de nuevo por el tema". "Quería redescubrir el sentido de la vida y la paz que sentía cuando creía", justifica.

La joven retomó el contacto con la fe viendo varios videos en YouTube y en redes sociales, luego volvió a ir a la iglesia y, unos meses después, inició el catecumenado.
Sin embargo, le llevó muchos meses atreverse a afirmar y mostrar su fe, por miedo a cómo la verían los demás. "Al principio, como no estaba disponible los jueves por la noche, cuando mis amigos me preguntaban qué hacía, simplemente les decía que tenía una cita –recuerda–. Con el tiempo, finalmente me relajé y comprendí que la fe era demasiado importante para mí como para ocultarla".
Para ella, "el cristianismo es una luz que me guía". "Ha transformado mi relación con los demás, y especialmente mi relación con mi hermana mayor, que tiene una discapacidad. El cristianismo me ha ayudado a encontrar la paz y a aceptar la vida tal como es", concluye.
"El catolicismo sigue en declive"
Estos "neófitos", término que se utiliza para describir a las personas recién bautizadas, presentan perfiles diversos, según datos de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF). Las mujeres son más numerosas y están representadas todas las edades, aunque el mayor incremento se observa entre los jóvenes de 18 a 25 años.
Y tras el bautismo, a menudo engrosan las filas de los católicos con prácticas más regulares y exigentes. "El catolicismo se está recomponiendo con quienes permanecen y quienes llegan, y se está reestructurando en torno a un núcleo más comprometido –analiza Philippe Portier–. De ahí el retorno a ritos clásicos exigentes como una Cuaresma estricta, la oración regular, etc.".
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Si bien el entusiasmo por la visita del Papa, un grupo central comprometido, jóvenes que se bautizan son indicios de una dinámica de resurgimiento religioso, Portier insiste en que "todo esto sigue siendo muy complejo y el catolicismo continúa en declive".
Las estadísticas hablan por sí solas. Si bien los bautismos de adultos van en aumento, están lejos de compensar el descenso de los bautismos infantiles.
"Sobre todo porque una proporción significativa de estas personas recién bautizadas termina abandonando la Iglesia en un plazo de dos años, al darse cuenta finalmente de que no pertenecen a la institución", subraya Agnès Desmazières, historiadora y autora de 'Sin ley ni fe: sacerdotes y violencia sexual en el corazón del sistema católico'.
Según un estudio a gran escala encargado en 2025 por La Croix a Ifop, los católicos practicantes habituales representan actualmente solo el 12% de la población adulta.
La salud del catolicismo, un tema clave durante la visita del Papa
Por eso, Desmazières advierte que "debemos ser cautelosos ante este aparente entusiasmo, porque la salud del catolicismo en Francia es, en última instancia, uno de los temas principales en juego en la visita del Papa".
"Existe una necesidad real de demostrar que el catolicismo francés está muy vivo, especialmente dado que el tema de los abusos sexuales en la Iglesia sigue acaparando la atención mediática", remarca.
Con esa misión, añade la historiadora, "la Iglesia se esfuerza sobre todo por movilizar a los jóvenes, especialmente en tiempos de crisis, para demostrar su presencia". "El evento en el Stade de France está diseñado específicamente para ese fin", subraya.
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Sobre esta delicada cuestión, el Papa se reunirá el domingo en Lourdes con víctimas de abusos sexuales. Este encuentro privado —con siete víctimas del abad Pierre, el abad Tartu (director de un coro infantil en Tours), el padre Bernard Preynat (en Lyon) y un antiguo alumno de Notre-Dame de Bétharram– ya ha desatado una ola de críticas.
Algunos grupos que no fueron invitados a la reunión han criticado la falta de transparencia en el proceso de selección y han denunciado un "desprecio institucional", una "farsa" o un "juego de victimización" que implica la selección de "víctimas aisladas".
Artículo adaptado de su original en francés
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