Cada último domingo de mayo, miles de familias en República Dominicana celebran el Día de las Madres entre flores, reuniones familiares y homenajes. Sin embargo, detrás del origen de esta tradición existe un detalle histórico poco conocido: las dos mujeres que ayudaron a instaurarla nunca tuvieron hijos biológicos.
Trina de Moya y Ercilia Pepín, poetisa y educadora, primera dama y maestra, fueron las artífices del primer Día de las Madres en la República Dominicana, celebrado el 30 de mayo de 1926 en Santiago de los Caballeros. Juntas formaron el Comité Pro-Día de las Madres, lograron que la fecha quedara consagrada por ley y le dieron a la celebración sus símbolos más duraderos: el clavel rojo para quien tiene su madre viva, y la azucena para quien ya la perdió.
"El buen Dios nos quitó nuestras hijas para darnos por hijos un Pueblo"
La frase de Trina de Moya, quien nació en La Vega en 1863 y contrajo matrimonio con Horacio Vásquez, quien sería presidente de la República, en 1888. Su unión no tuvo descendencia. Criaron en su hogar a una sobrina, y sus allegados la llamaban cariñosamente "Chin Mamá". Esa maternidad frustrada no la amargó sino que usó esa situación para volcarse hacia la poesía, la educación y la mujer dominicana como causa colectiva.
Fue precisamente su vocación que la llevó a escribir el Himno a las Madres, estrenado el día en que ambas fundaron la celebración. Un himno que las escuelas dominicanas siguen cantando casi cien años después.

Ercilia Pepín y la maternidad desde la educación
Fue directora de escuelas, formadora de maestras, escritora y defensora de los derechos de las mujeres en una época en que la participación femenina en espacios públicos todavía era limitada.
Aunque nunca tuvo hijos, gran parte de su legado estuvo ligado precisamente a la formación de generaciones de jóvenes dominicanos.
Para muchos historiadores, su visión de la maternidad trascendía el vínculo biológico. En sus escritos hablaba de la madre como “guía de las generaciones” y promovía una idea de maternidad asociada al cuidado, la educación y la construcción moral de la sociedad.
En su texto Invocación en el Día de las Madres, escribió que la fecha debía rendir homenaje “a la madre viva y a la madre muerta, a la madre propia y a la madre ajena”.
La frase reflejaba una visión más amplia y social de la maternidad.
Dos mujeres, un mismo amor
Lo que unió a Trina de Moya de Vásquez y Ercilia Pepín no fue la maternidad biológica, sino una idea mucho más amplia de lo que significaba ser madre en la sociedad dominicana de principios del siglo XX.
Ambas entendían la maternidad como cuidado, formación y entrega colectiva. En una época en la que las mujeres apenas comenzaban a abrirse espacio en la vida pública, defendieron la necesidad de reconocer a las madres dominicanas como pilares morales y sociales del país.
Trina lo hizo desde la poesía y la sensibilidad; Ercilia, desde las aulas y la educación. Una escribió versos que todavía sobreviven en la memoria escolar dominicana; la otra formó generaciones enteras desde el magisterio.
Resulta simbólico y curioso que fueran precisamente dos mujeres sin hijos propios quienes terminaran creando una de las celebraciones familiares más importantes de República Dominicana.
Casi cien años después, su legado permanece vivo cada último domingo de mayo, cuando millones de dominicanos celebran una tradición nacida del amor de dos mujeres que decidieron convertir la maternidad en un homenaje para todo un país.
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