Se cumplen hoy 61 años de que la República Dominicana fuera intervenida militarmente, por segunda vez en el siglo pasado, por fuerzas militares y políticas de los Estados Unidos.
Se trató de un intento por mantener el control político de los militares corruptos, que habían impulsado y puesto en marcha el golpe de Estado contra el gobierno constitucional dominicano, encabezado por el profesor Juan Bosch. El PRD había ganado en buena lid las elecciones del 20 de diciembre de 1962, organizadas por el gobierno provisional encabezado por el jurista Rafael Filiberto Bonelly.
Ni la intervención militar de los Estados Unidos en 1916 fue civilizadora, como un político argumentó, ni la intervención militar de Estados Unidos en 1965 fue para salvar el país de los comunistas, como se argumentó en el momento de la invasión.
Los militares constitucionalistas de 1965, los que iniciaron el proceso, dieron un paso al frente para corregir los males que sus jefes habían cometido contra el país en septiembre de 1963. Es el peor crimen cometido contra la democracia dominicana. Esos militares eran constitucionalistas, no comunistas.
Los comunistas dominicanas dijeron con claridad que la de 1965 no era su revolución. Aquel movimiento buscaba reinstalar en el gobierno al presidente Juan Bosch, entonces exiliado.
El argumento de los peligros del comunismo lo establecieron en Washington para intervenir militarmente, y para sacar las castañas del fuego a los golpistas que querían mantenerse en el poder, pese a que el país prefería la democracia.
La República Dominicana no iba a repetir el ejemplo de Cuba, ni tenía las condiciones para hacerlo. Ni las fuerzas políticas estaban en condiciones de hacer una revolución. Lo que se buscaba era restablecer la democracia. Pero se inició una campaña de infundios y acusaciones falsas, que terminaron por enterrar la gran verdad que el país proclamaba: Que aspiraba a una democracia, que prefería elecciones libres, que aún era posible restablecer al presidente destituido, y que las fuerzas militares extranjeras debían salir de nuestro territorio, donde agredían nuestra soberanía.
Estados Unidos no se fue, y hubo que hacer elecciones bajo su intervención, manejada por los hilos del poder, y se estableció al presidente títere del dictador Trujillo, a Joaquín Balaguer, quien aceptó las condiciones que le impusieron para gobernar el país bajo un protectorado, con vigilancia y aplicación de decisiones que no eran suyas. Esa es la verdad, aunque a algunos les duela.
La intervención militar de los Estados Unidos en 1965 fue un malicioso y terrible retroceso en el ímpetu democrático del pueblo dominicano, que había sufrido una dictadura de 30 años, apoyada por los Estados Unidos, y que surgió como consecuencia de la intervención militar de 1916.
Estados Unidos ha sido un “amigo” complejo y tormentoso para los dominicanos, y para el sistema político. El temor de al comunismo llevó a Estados Unidos a cometer crímenes de lesa humanidad, como la muerte de cerca de 4 mil ciudadanos en 1965.
Frecuentemente se ha dicho que los militares desplazados por Estados Unidos fueron 42 mil, para sostener su combate a los comunistas dominicanos. Se utilizó a la Organización de Estados Americanos, para disfrazar la agresión a la soberanía, y se estableció una máscara con el nombre de Fuerza Interamericana de Paz, para disimular la ofensa.
No es cierto que hayan sido desplazados 42 mil soldados norteamericanos. Posiblemente se desplazaron entre 4 y 5 mil militares. Los demás, aunque certificaron que venían a República Dominicana, estaban destinados a Vietnam, donde también Estados Unidos había intervenido.
La República Dominicana sigue batallando aún por una democracia efectiva, eficiente, más transparente, que adopte soluciones propias para los grandes problemas y desigualdades que aún soportamos, y a cuya solución debían aportar los norteamericanos, si de verdad se definen como aliados del pueblo dominicano.
Recordamos el sacrificio, la valentía y la entrega de los dominicanos, incluyendo a los militares constitucionalistas, a los hombres ranas, a los Caamaño, Montes Arache, Lora Fernández, Fernández Dominguez, Germán Aristy, Peña Gómez, Maximiliano Gómez, y tantos otros hombres de las entrañas de este pueblo, amante de la libertad y la soberanía, que no cejó en la conquista de su país.
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