En su discurso en la 81 Asamblea General de las Naciones Unidas el presidente Luis Abinader planteó cuestiones de alto interés nacional e internacional, y asumió los compromisos legítimos de la sociedad dominicana, y de su gobierno, con los reclamos de un mundo convulso y con grandes incertidumbres, que así sostener la democracia, protegernos del cambio climático y restablecer el multilateralismo.

Desde ese punto de vista, se trata de un discurso progresista. que se distancia de los negacionistas y conspiranoicos que rechazan los efectos del cambio climático, que critican y vaticina el fin de las Naciones Unidas y que sostienen que un sólo país, Estados Unidos, pueden ser la solución a los grandes problemas de la humanidad.

El discurso fue bien estructurado, inteligente y coherente.  En apenas 13 minutos abordó las grandes cuestiones reconociendo que República Dominicana es un pequeño país, “un estado insular en desarrollo”, como lo definió, que es víctima de los altos precios del petróleo porque tiene que adquirir la totalidad de la energía que consume en el mercado internacional, afectado ahora Por una intensa guerra en medio oriente.

El presidente pidió un orden mundial fundado en reglas, y no en la fuerza. Aprovechó para expresar su confianza en la ONU, y retomar y renovar las operaciones de paz que siempre llevó a cabo, y sostuvo que es imposible que un solo país resuelva los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad en este momento.

Y fue más directo, al proponer la renovación del Consejo de Seguridad, con una composición que refuerce la diversidad y complejidad del mundo, además de que dijo que ahora legó el momento para que una mujer sea la Secretaria General de las Naciones Unidas a partir de 2027.

Se refirió a República Dominicana, y ofreció las bondades de nuestra economía y seguridad jurídica y nuestra apertura a la inversión extranjera y al turismo. Promovió las bondades del turismo, al pasar de 7 millones de visitantes en 2019 a 12 millones en 2026, solamente superado por México. Habló de la posición privilegiada del país en la reducción del hambre, certificado ya por la FAO con dos años previamente a la meta del 2028.

Y por supuesto el presidente reiteró los reclamos de República Dominicana para que haya acción y cumplimiento de los compromisos de la ONU y la comunidad internacional con el restablecimiento de la paz y la seguridad en Haití.

Es una preocupación reiterada, porque para el país, la paz y la seguridad regional dependen de que los haitianos retomen el camino de la paz, la seguridad y el desarrollo, con apertura para que los niños asistan a las escuelas, y los jóvenes tengan oportunidades como los tienen en los demás países de la región.

Recordó que el 30 de septiembre vence el período de la misión de paz de la ONU en Haití, y eso hay que renovarlo y aumentar el compromiso y la acción. Reducir las bandas y eliminarlas, que desaparezca el acceso de las bandas a las armas, y que se fortalezcan la justicia, la institucionalidad y el acceso de los haitianos a un proceso electoral, al que no han podido llegar en los últimos 10 años.

Dramática la forma en que el presidente Abinader describió la tragedia de Haití: En una noche, en agosto pasado, las bandas asesinaron 47 personas en la comunidad montañosa de Kenscoff. Los grupos armadas de la coalición de bandas Viv Ansanm, ejecutaron el crimen, incluyendo el asesinato de 5 niños y niñas.

El presidente Abinader describió el apoyo que RD ha ofrecido a las Naciones Unidas, las facilidades que ha brindado a su personal y a los militares de diversos países que operan en procura de la paz y la seguridad en Haití.

Y para distinguirse del discurso común de la ultraderecha, dijo que el cambio climático es una realidad y las Naciones Unidas tienen que aportar apoyo a los países afectados, en especial a Estados insulares como el nuestro por el aumento del nivel del mar, por los daños del sargazo, y para que el financiamiento climático llegue a los países necesitados con la misma rapidez que llegan los huracanes cada año.

Un breve discurso, en la Asamblea General de la ONU, de un país que no tiene gran relevancia en los asuntos internacionales, pero que ama la paz, que cree en el multilateralismo, y que confía en que unidos, los países, podrán hacer frente con éxito, a los grandes desafíos que nos ofrece el mundo convulso en que vivimos.