La evaluación docente realizada por el Ministerio de Educación, para el período 2025-2026 evidencia una brecha muy grande entre los maestros y maestras del país, y nuevamente conduce a reflexionar sobre las flaquezas de la educación dominicana.
Profesores y profesoras que no aprueban masivamente una simple evaluación de desempeño ¿podrían mejorar los resultados de la educación dominicana? ¿Podrían cumplir con las expectativas que genera que se haya destinado desde el 2013 el 4 por ciento del PIB a la educación? ¿Una próxima prueba PISA en el país podría reflejar con los maestros y maestras que tenemos una mejoría en nuestros estudiantes de la educación media?
La Evaluación del Desempeño Docente (EDD) 2025-2026 muestra brechas importantes en el Ejercicio de Rendimiento Profesional (ERP), dice el documento que ha recibido Acento. Los evaluados fueron un total de 74,570 maestros y han alcanzado una calificación media de 62.46 puntos sobre 100, los que significa que han reprobado en su condición de educadores.
La base completa de la evaluación era de 109,338 maestros y maestras. Los docentes de primaria recibieron una calificación menor todavía, de apenas 55.45 puntos sobre 100, mientras que los de los cursos de inglés y francés, respectivamente, alcanzaron calificaciones de 89.89 y 86.44. Siempre es posible alcanzar mejores calificaciones, pero en estos últimos casos se trata de conocimientos específicos de idiomas inglés y francés.
Aunque los maestros y maestras de la educación primaria recibieron las calificaciones más bajas, los de secundaria (18,180) aumentaron un poco la calificación de desempeño y llegaron hasta a 58.20 puntos, también reprobados.
Pero cuando se evalúa a los coordinadores pedagógicos y subdirectores la situación no cambia: La media obtenida es de 61.23 puntos, muy por debajo de una calidad mínimo posible en su desempeño.
Estos datos resultan alarmantes. Algo hay que hacer, más allá de las tiras habituales dentro del año escolar. Maestros con tantas deficiencias y vacíos tienen que ser puestos en atención, en mora, y hasta evaluados para ser sustituidos por otros maestros con mejores condiciones, que surjan de las áreas de educación de las universidades dominicanas o del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU).
El Ministerio de Educación debe tener claridad lo que podría hacer a partir de los resultados de esta evaluación del desempeño docente. No se trata de un tema de sindicalismo, ni de derechos adquiridos. Lo que está en juego es que el país ha destinado cientos de miles de millones de pesos durante 13 años, para mejorar la educación dominicana y los resultados resultan mediocres, porque hay deficiencias a todos los niveles, incluyendo las que se sustentan en la baja formación de los maestros y maestras.
Una durísima realidad, a la que nos enfrentamos, cada año escolar, cada día, en cada curso, cada semana, en cada escuela y en cada universidad, con unos resultados que siguen y al parecer seguirán siendo pobres. Hay que mantener el optimismo de que ese cambio en la educación será posible.
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