Los grandes problemas de tránsito en la capital se concentran en el polígono central, pero se expanden como la tinta en una servilleta -según decía Hamlet Hermann- y las conexiones y amplificaciones ocurrían en toda la ciudad.

Un embotellamiento en el Puente Duarte, por ejemplo, implicaba una expansión hasta las avenidas más alejadas de Santo Domingo, porque los tranques estaban conectados por vías que transfieren automóviles como si fuese fluido sanguíneo, y están estrechamente conectadas entre sí.

Los problemas del tránsito urbano e interurbano están conectados con la inversión pública en facilitar vías y opciones de movilidad a los trabajadores y grupos más necesitados. Inversión más que multimillonaria, en autobuses, en trenes, en teleféricos y cuantas otras opciones aparezcan entre los mercaderes que hacen negocios con el Estado dominicano.

Carros de concho usados transportados desde Corea del Sur, guaguas de transporte colectivo traídos desde Vietnam, guaguas voladoras que nos llegan desde Japón y que han comenzado a ser sustituidos por automóviles y otras opciones fabricadas en China, además de trenes fabricados en Francia. Todas son opciones que olvidan controlar la entrada de chatarras al país, y que obvian la necesidad de sacar de las calles carros viejos, semidestruidos, altamente tóxicos y contaminantes, que se mantienen como rémora de viejos tiempos. Ni siquiera Loss Almendrones en Cuba se permiten llegar a tanto como hemos permitido en República Dominicana.

La Dirección General de Aduanas sigue recibiendo, y permitiendo la entrada, de motocicletas por piezas que van llenando las calles de ciudades pequeñas y grandes, y esos vehículos son un derecho y una forma de transporte para sectores con carencias, pero convierten en multimillonarios a oportunistas que encontraron la manera de importar vehículos sin pagar impuestos.

“Esta obra forma parte de un eje clave para facilitar el tránsito hacia el Sur del país, junto a otras como el paso a desnivel de Pintura, las circunvalaciones de Baní y Azua, y las mejoras en las vías que conectan San Cristóbal, Peravia, Barahona y Pedernales, para que el impulso de desarrollo llegue con fuerza a toda la región Sur”.
Presidente Luis Abinader

Departamentos que se ocupan de los temas de tránsito pasan de una docena, que no se coordinan, que planifican, y el caos es una oportunidad para la corrupción y el crecimiento del desorden. Y ya no se trata del polígono central, es un problema nacional.

República Dominicana es el país de mayor letalidad en accidentes de tránsito. El 70 por ciento de los accidentes involucra motocicletas, porque ese grupo actúan como chivos sin ley, sin respetar la autoridad, y porque los agentes de tránsito son insuficientes y porque existe la cultura de que no se regula a los motoconchistas, andamos cada día peor.

La comunicación norte sur, y viceversa, es uno de los grandes problemas de la capital. Son pocas las vías en ambas direcciones, y resultan insuficientes: Máximo Gómez, túnel de la Ortega y Gasset, Tiradentes o Alma Mater, Abraham Lincoln, Winston Churchill, Núñez de Cáceres y Luperón resultan cuellos de botellas o torturas para cruzar la ciudad de sur a norte o de norte a sur.

Es positivo que el presidente Abinader haya inaugurado un nuevo túnel norte sur y sur norte en la avenida Luperón, por debajo de la Plaza de la Bandera, con la remodelación de la plaza, a cargo del arquitecto Christian Martínez Villanueva.

El túnel tiene 1.2 km de longitud, 4 carriles y 2 retornos expresos en sentido norte y sur. Esta obra podría representar un desahogo importante y reducir algunos de los tranques más importantes. Esto está vinculado con los cambios en el kilómetro 9 de la Autopista Duarte, que han sido muy positivos, y con los cambios en la 27 de Febrero con Isabel Aguiar, que representan nuevos alientos para destrabar la movilidad en la ciudad. Solo el nuevo túnel representaría un ahorro de entre 15 y 30 minutos a quienes transitan por esa vía.

Bien lo dijo el presidente: “Esta obra forma parte de un eje clave para facilitar el tránsito hacia el Sur del país, junto a otras como el paso a desnivel de Pintura, las circunvalaciones de Baní y Azua, y las mejoras en las vías que conectan San Cristóbal, Peravia, Barahona y Pedernales, para que el impulso de desarrollo llegue con fuerza a toda la región Sur”.

El país necesita un órgano estatal que centralice la política de movilidad urbana a nivel nacional, y en particular en las grandes ciudades, como Santo Domingo y Santiago. Un organismo que al mismo tiempo pueda analizar y buscar coherencia con las políticas de importación, regulación y educación, que aunque pudiera ser el INTRANT, sencillamente no puede llenar ese hueco importante que existe y que espera que alguien lo llene y asuma esta responsabilidad.