El Consejo Nacional de la Magistratura tiene un serio desafío con la designación de los jueces que deben llenar las vacantes en la Suprema Corte de Justicia, que son 6 y que incluyen la presidencia de ese importante órgano del Poder Judicial.
La tradición ha sido que el Consejo Nacional de la Magistratura deje en manos del presidente de la República la designación del presidente de la SCJ, mientras que las negociaciones y acuerdos con la oposición giran en torno a los jueces miembros a ser designados.
Cada designación se hace por un período de 7 años, y cumplido ese tiempo, los jueces pueden continuar o no ser ratificados, partiendo de una evaluación que se hace, que no tiene el rigor que tienen las evaluaciones a maestros y médicos, por solo mencionar dos casos relevantes.
La designación de los seis magistrados es una potestad del CNM. Todo el que conoce de las intríngulis de la justicia, sabe que el Consejo de la Magistratura es un organismo político, integrado por políticos, incluyendo el presidente de la República que lo preside. También se incluye a dos jueces de la SCJ y al presidente del Tribunal Constitucional. La oposición está representada por vía de dos personas escogidas de partidos opositores en la Cámara de Diputados y el Senado.
Lo relevante de la designación que deberá hacer el CNM se presenta con la designación de la persona que ocupe por los próximos siete años la presidencia de la SCJ, presidencia del Consejo del Poder Judicial y presidencia del Pleno de la Suprema Corte de Justicia.
¿Sería un juez de carrera o sería un abogado sin nexos ni experiencia en el desempeño del poder judicial? Es una de las incógnitas. Luis Abinader ha sido reiterado en la designación de independientes en organismos como la Junta Central Electoral, el Tribunal Superior Electoral, la Procuraduría General de la República, y en entidades de control y supervisión de gran importancia, como la Dirección General de Compras y Contrataciones, la Gobernación del Banco Central, la Superintendencia de Bancos o el Ministerio de Hacienda y la Dirección General de Impuestos Internos.
La tradición ha sido que el presidente de la República designe en la presidencia un juez conocido y cercano. Balaguer con Subero Isa, Leonel con Mariano Germán, y Danilo con Luis Henry Molina. ¿Seguirá Luis Abinader esa tradición?
Hay quienes creen que el presidente no necesita designar un seguidor obediente en la presidencia de la SCJ. Es verdad que quien sea que ejerza la presidencia podría ser sometido a la justicia al finalizar sus funciones. ¿Necesita Abinader evitar eso? Nadie lo sabe.
Eso dependerá de quién sea el partido que gane las elecciones en 2028. Pese a las muchas críticas y acusaciones, Danilo Medina nunca fue sometido a la justicia al finalizar sus ocho años de gobierno. Sus hermanas y hermano sí fueron sometidos y condenados. ¿Hay señales de que algo así ocurra con Luis Abinader? No parece.
Nadie sabe lo que podría pasar en la sesión última de este viernes en el CNM, pero es probable que la decisión sea controversial y que muestre a Luis Abinader apegado a una tradición o rompiendo los esquemas, como lo ha hecho con la reelección presidencial, la independencia del Ministerio Público y la presencia de políticos en las altas cortes.
Ojalá que el presidente se incline por la institucionalidad y el afianzamiento de los jueces de carrera, y quien encabece la justicia no sea un jurista, por más prestigio que tenga, que al llegar podría encontrar un Pleno de la SCJ que se convierta en una resistencia a su gestión.
Si ocurriera la designación de un abogado de fuera de la carrera judicial, sería legal y legítimo, pero el presidente Abinader ha demostrado que aspira a mucho más que la legalidad y la legitimidad, quiere afianzar su imagen con la responsabilidad política de no seguir tradiciones de ventajas personales para sí o para los suyos, cuando salga de la relevante posición de presidente de la República.
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