Los demógrafos de todo el mundo están haciendo estudios, análisis, y hasta especulan las razones del descenso de los nacimientos en todos los países y en todos los continentes, y los gobiernos se inventan políticas para estimular por lo menos el crecimiento hasta la llamada tasa de reemplazo. Es decir, que la cantidad de niños y niñas nacidos sean iguales a la cantidad de personas que mueren por año.

Japón, Corea del Sur, China encabezan la lista de países que pierden población cada año. Estados Unidos, Europa, América Latina tienen situaciones parecidas, con la gravedad de que muchos pueblos en Europa están desapareciendo, por falta de personas. Las migraciones, sin embargo, se consideran brazos amigos para alcanzar el equilibrio en la tasa de reemplazo, como es el caso de Alemania o Reino Unido.

La natalidad dominicana también está en descenso, y no es algo de extrañar. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas los nacimientos descendieron de 174,144 en 2021 a 123,759 en 2025. Eso quiere decir que hubo una disminución de 50,385 nacimientos en un período de cuatro años, equivalente a una caída de 28.9 por ciento de acuerdo con el cálculo realizado por la periodista Harolyn Gavilán, de Diario Libre.

En ocasión del día de las madres, los demógrafos José Miguel Guzmán y Antonio Morillo, reconocidos especialistas y conocedores de los estudios de población en el país, publicaron un profundo análisis sobre el tema, en Acento. A continuación algunos de los datos aportados por estos dos especialistas.

Los rasgos demográficos de la maternidad

Este Día de las Madres, que en la República Dominicana se celebra el último domingo de mayo, invita a mirar con datos, pero también con sensibilidad cómo está cambiando la maternidad dominicana. Porque detrás de cada celebración hay una realidad demográfica. El país tiene en 2026 cerca de 3.4 millones de madres, pero sus vidas son diversas y desiguales: 68 % están casadas o unidas, 27 % separadas o divorciadas, 3% madres solteras y 1% viudas.

¿Cómo se llega a ser madre? Las encuestas realizadas en República Dominicana, desde las ENDESA (Encuesta Demográfica y de Salud) hasta la ENHOGAR 2019, muestran que la maternidad sigue siendo una experiencia casi universal entre las mujeres dominicanas. Al llegar al final del período reproductivo (alrededor de los 50 años), cerca del 95% de las mujeres ha tenido al menos un hijo o hija.  A los 25-29 años, 4 de cada 5 mujeres ya son madres, y ya a los 35-39 años se llega al tope de maternidad cercano al 95%.

El demógrafo José Miguel Guzmán.

Pero esta realidad tiene dos matices importantes. Primero, no todas las mujeres en el país siguen el mismo proceso. Entre las mujeres sin instrucción o con muy bajo nivel educativo, particularmente aquellas con educación primaria, la maternidad comienza mucho más temprano: casi un tercio ya son madres entre los 15 y 19 años, y hacia los 45-49 años cerca del 98% ha vivido la maternidad. Entre las mujeres con educación secundaria, la maternidad empieza algo más tarde, con una reducción sustancial de la maternidad adolescente, aunque al final de la vida reproductiva alcanza valores cercanos a los observados entre las mujeres con menor nivel educativo. La mayor diferencia se observa entre las mujeres con educación universitaria, quienes postergan la maternidad, aunque aún, una alta proporción de estas llegan a ser madres a edades más tardías.

Segundo, el país, como la mayor parte del mundo, está viviendo una profunda transformación demográfica. Entre otros cambios, esta transformación se expresa en una disminución continua de la fecundidad, cercana del nivel de reemplazo de 2.1 hijas/os, y en cambios en las formas de unión y convivencia. Cada vez menos mujeres se casan o se unen, o lo hacen más tarde, lo que reduce su exposición a la maternidad y contribuye a postergar o disminuir la probabilidad de tener hijos.

Los nacimientos muestran una parte de esa transformación. En 2025, en la República Dominicana se registró 123,759 nacimientos, una cifra menor que la de años anteriores. La edad promedio de las madres al momento del parto ha ido aumentado desde 25.0 años en 2010 hasta 27.6 años en 2025, causado por una reducción de la maternidad en edades jóvenes, y por el desplazamiento gradual de la maternidad hacia edades más avanzadas. Aunque la maternidad adolescente sigue siendo una herida abierta en el país, ha habido una reducción importante y es de esperar que continúe. En 2025 se registraron 14,198 nacimientos en madres menores de 20 años, equivalentes al 12% del total nacional. Dentro de ese grupo hubo 537 nacimientos en niñas menores de 15 años. Esta cifra ha bajado de manera importante, ya que en 2013 fueron 1,621 nacimientos en menores de 15 años. Se espera su erradicación porque estos nacimientos ocurren en conflicto con la Ley.

De este modo, el país ya se mueve hacia una sociedad de familias más pequeñas, maternidades más tardías y menos nacimientos por mujer. Durante décadas, la familia dominicana funcionó bajo la idea de que siempre habría muchas mujeres disponibles para cuidar: madres, abuelas, tías, hermanas mayores, vecinas. Esa red sigue existiendo, pero está cambiando hacia redes cada vez más pequeñas. Las familias tienen menos hijos, las mujeres estudian más, trabajan más, migran más, viven más años y enfrentan mayores exigencias laborales que los hombres. Al mismo tiempo, crece el número de personas mayores que necesitarán apoyo cotidiano. El resultado es una presión creciente sobre las mismas mujeres que ya cuidan por defecto.

Por eso, en este Día de las Madres hablamos de las madres abuelas. Muchas ya criaron a sus hijos e hijas, pero siguen criando nietas/os. Algunas lo hacen porque los padres migraron, porque trabajan largas jornadas, porque una hija quedó sola, porque hay desempleo, separación o enfermedad. Otras son el sostén emocional de hogares enteros. La imagen de la abuela amorosa es real, pero a veces oculta una carga excesiva: mujeres mayores que deberían atender su saludo disfrutar su vejez, continúan cargando responsabilidades que el Estado, el mercado laboral y las familias no han logrado distribuir mejor.

También están las madres solas. Algunas lo son por separación, viudez, abandono o decisión propia. Otras están acompañadas en teoría, pero cargan solas con la crianza, las tareas domésticas, la escuela, las citas médicas, la comida, la disciplina y la preocupación constante por el futuro. En muchos hogares, las horas que trabajan las mujeres antes y después de su empleo remunerado resulta invisible. Una madre puede salir de su casa a trabajar, regresar cansada y empezar entonces la segunda jornada: cocinar, revisar tareas, bañar niños, cuidar a un adulto mayor, hacer cuentas y estar lista para repetir lo mismo al día siguiente.

El país deberá reconocer que celebrar a las madres dominicanas exige algo más que gratitud simbólica. Exige preguntarnos si el país está preparado para apoyar a quienes cuidan y para cuidar dignamente a quienes ya cuidaron. El futuro de la República Dominicana dependerá de cuántos niños nacen, pero también de cómo acompañamos a las mujeres que son madres en todas las etapas de su vida: cuando dan a luz, cuando crían, cuando trabajan, cuando cuidan y cuando envejecen.

Jose-Miguel-Guzman-Y-Antonio-Morillo-728x485
José Miguel Guzmán Molina y Antonio Morillo

La maternidad dominicana también debe leerse en clave de futuro. Hemos generado una proyección para la República Dominicana del número y la composición por edad de las madres en 2026 y 2030, utilizando las mejores estimaciones disponibles provenientes de la ENHOGAR 2014 y 2019. La proyección se construyó bajo el supuesto de que la proporción de mujeres que llegan a ser madres disminuirá progresivamente, especialmente entre las generaciones más jóvenes, como resultado de la caída de la fecundidad, la postergación de la maternidad y los cambios en las uniones y separaciones.

Según esta proyección, el número de madres pasaría de aproximadamente 3.4 millones en 2026 a 3.6 millones en 2030, un aumento cercano a 170 mil mujeres. Sin embargo, el cambio más importante no estaría solo en el número total, sino en la composición por edad: habría menos madres jóvenes y muchas más madres mayores. Entre 2026 y 2030, el número de madres de 15 a 34 años disminuiría en cerca de 32 mil, mientras que las madres de 60 años y más aumentarían en alrededor de 105 mil.

La República Dominicana no solo debe prepararse para que haya menos nacimientos, sino también para una sociedad con menos madres jóvenes y más madres mayores. Ese cambio modificará la familia, el cuidado, la vejez y la forma misma en que el país entiende la maternidad. El país tendrá una estructura familiar distinta a la que conocieron las generaciones anteriores. Habrá más mujeres mayores que fueron madres y que necesitarán apoyo cotidiano; habrá menos hijas/os por familia para distribuir las tareas de cuidado; y habrá más hogares donde una sola hija, una nuera, una hermana o una nieta concentre responsabilidades que antes se repartían entre familias más numerosas. En otras palabras, el país no solo tendrá que pensar en las madres que dan a luz, sino también en las madres que envejecen.

Antonio Morillo

Esto significa que una política moderna de maternidad no puede limitarse al embarazo, el parto o la primera infancia. Debe incluir el ciclo completo del cuidado: prevenir el embarazo adolescente, apoyar a las madres trabajadoras, proteger a las madres solas, reconocer y apoyar a las abuelas cuidadoras y preparar al país para cuidar dignamente a las madres mayores. El gran desafío demográfico de las próximas décadas no será solo cuántos niños nacerán, sino quién cuidará, con qué recursos, con qué tiempo y en qué condiciones. Si las nuevas cohortes retrasan la maternidad, tienen menos hijos y aumenta la proporción que termina sin hijas/os, el país seguirá teniendo menos madres jóvenes, más madres envejecientes y redes familiares más pequeñas para sostener el cuidado.

Si queremos honrar de verdad a las madres, debemos construir una sociedad donde cuidar no sea una condena, donde envejecer no signifique abandono o demanda para cuidar cuando ya no tienes fuerza o simplemente quieres hacer otras cosas, donde ser madre no implique agotamiento permanente y donde aquellas mujeres que desean tener hijas/os puedan hacerlo sin sentir que están apostando solas contra el mundo.

Y hay otra realidad que también merece respeto: muchas mujeres no son madres. Algunas no lo fueron porque no tuvieron la oportunidad, porque no encontraron una pareja o porque enfrentaron problemas de fertilidad, o simplemente porque la vida tomó otro rumbo. Otras decidieron no serlo. Muchas, quizás, no se ven como madres porque sienten que la sociedad donde viven no les ofrece las mínimas condiciones necesarias para asumir la maternidad con seguridad, tiempo, apoyo y esperanza.

¿Está preparada la sociedad dominicana para dar ese doble paso? Primero, construir una sociedad en la que la maternidad no sea un lujo ni una carga, sino una experiencia posible, protegida y compatible con la vida que muchas mujeres dominicanas siguen diciendo en las encuestas que desean construir. Segundo, garantizar que los cambios demográficos no conduzcan a una vejez sin cuidado para las mujeres que dedicaron buena parte de su vida a cuidar. Greisy, Fiordaliza, Yiselis y Doña Mercedes lo necesitan para que esta celebración de hoy sea de júbilo y no de preocupación.

La República Dominicana tiene ante sí una oportunidad histórica. La reforma laboral en discusión afecta más de 60 artículos del Código de Trabajo y crea nuevas disposiciones sobre empleo e inspección laboral, y ya contempla un aumento en la licencia de maternidad y paternidad, la cual debe ir acompañada de una norma: que un porcentaje mínimo sea obligatorio para cualquiera de los progenitores, como ocurre en Islandia o Uruguay. Este es el momento para que los legisladores establezcan que la corresponsabilidad en la familia entre hombres y mujeres sea ley, no aspiración, y que transformen una reforma laboral en una reforma de los cuidados que el país necesita urgentemente.