Irán dista de la República Dominicana más de 12 mil kilómetros. Esa lejanía podría hacernos pensar que lo que ocurre en su geografía desde el pasado 28 de febrero no nos afecta. Pero la realidad es otra: esa distancia es, increíblemente, cercana.
Irán controla estrechos estratégicos por donde transitan los barcos petroleros, por lo que cualquier crisis en Medio Oriente eleva el precio del “oro negro”. Con una matriz energética dependiente en más del 80 % de los combustibles fósiles, nuestro país enfrenta riesgos directos: encarecimiento del transporte, presión sobre la producción y un suministro eléctrico aún más frágil.
Irán también es clave en los mercados financieros globales. La inestabilidad que se prevé afectará el valor del dólar, lo que repercute en el comercio local y en la deuda externa dominicana. Un dólar más caro significa mayores costos para importar y más presión sobre las finanzas públicas.
Irán está lejos en kilómetros, pero cerca en consecuencias. Lo que ocurre allí repercute en nuestra economía, en la estabilidad de los mercados y en la vida cotidiana de la República Dominicana.
La crisis se suma a la ya existente tensión por la guerra Rusia-Ucrania. El abastecimiento de commodities podría verse afectado, encareciendo la producción nacional y elevando los precios de los artículos básicos. La canasta familiar, ya golpeada por la inflación, podría resentirse aún más.
Medio Oriente en ebullición refleja cómo líderes mundiales, encabezados por Estados Unidos, han optado por la vía militar en lugar de fortalecer la diplomacia y el multilateralismo. Emmanuel Macron ha hablado incluso de la disuasión nuclear, mientras que Pedro Sánchez, presidente de España, ha hecho un llamado a la desescalada inmediata y al diálogo, calificando la ofensiva unilateral de EE.UU. e Israel como un “atropello a la legalidad internacional”.
Irán está lejos en kilómetros, pero cerca en consecuencias. Lo que ocurre allí repercute en nuestra economía, en la estabilidad de los mercados y en la vida cotidiana de la República Dominicana.
No veamos a Irán tan distante: su crisis es también un espejo de nuestra vulnerabilidad global, que en manos de un liderazgo con escasa ética y respeto a los acuerdos se abroga la ilegalidad medalaganaria de atacar, asesinar, destruir, incinerar, bombardear, matar a las personas y a su cultura.
No veamos a Irán tan lejos.
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