Acento ha dado a conocer un profundo análisis, bien documento con voces autorizadas, sobre la falta de institucionalidad haitiana y la carencia de un orden establecido, para dirigir al vecino país, que ha sido muy bien valorado local e internacionalmente, en particular desde Haití. Hoy publicamos en nuestra sección de Opinión una carta dirigida a nuestro compañero Aldo Rodríguez Villouta, el autor del reportaje, por parte del intelectual haitiano Gilbert Marvilus.

Reiteramos que los planteamientos del reportaje son correctos, y hablan de una realidad que a los dominicanos no nos gusta, ni siquiera quisiéramos mencionar, pero la cuestión es que somos vecinos de los haitianos, que los tenemos del otro lado de nuestra única frontera física, y que hemos tenido una historia común desde antes de la llegada de los Españoles en 1492.

¿Qué nos ha recordado Aldo Rodríguez en este extenso y profundo reportaje periodístico?

  1. La República Dominicana no puede seguir mirando hacia otro lado.
  2. La crisis haitiana lleva décadas acumulando capas de fractura institucional, pero en 2026 ha alcanzado una dimensión que ya no admite lecturas coyunturales.
  3. Las pandillas controlan entre el 80 y el 90 % de Puerto Príncipe, según datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
  4. Para la República Dominicana, que comparte 376 kilómetros de frontera con ese país, el problema no es ajeno: es constitutivo de su propio futuro.
  5. Haití no atraviesa una crisis de gobernabilidad. Haití carece, en términos funcionales, de Estado.
  6. La confederación de pandillas conocida como Viv Ansanm no solo domina la capital: ha capturado hospitales, escuelas, cuarteles de bomberos, carreteras y cementerios.
  7. Puerto Príncipe es la única capital de América Latina gobernada por grupos armados, violentos y delincuentes.
  8. República Dominicana ha construido, en los últimos años, una narrativa de distancia frente a Haití: muro físico, deportaciones masivas, restricciones migratorias y otras ejecuciones por el estilo.
  9. Pese a todos los esfuerzos, y a que República Dominicana dispuso de una donación de 20 millones de dólares para la estabilidad en Haití, no hay forma de avanzar, ni de realizar elecciones en Haití, mientras Estados Unidos siga de espaldas a esa realidad, con poco o ningún accionar para ayudar en la estabilidad haitiana.
  10. Hace falta que Estados Unidos termine de aprobar la Ley HELP, que favorece Haití, y que ayudaría a crear empleos en Haití, como única forma de cambiar el cuadro de miseria y hambruna que ya afecta a Haití.
  11. Como bien nos ha escrito un empresario importante: “La única alternativa que tiene Haití de mejorar su situación es creando empleos masivamente y rápido. Y la legislación HELP es la vía de mejorar las condiciones de vida de los haitianos, y bajar la presión migratoria sobre la República Dominicana".

Sobre Haití es mucho lo que se podría seguir escribiendo. Pero con todas las concesiones que ha hecho el gobierno dominicano al gobierno de los Estados Unidos recientemente, el presidente Luis Abinader bien puede encaminar gestiones, ante el presidente Donald Trump, para que él impuse en el Congreso la aprobación definitiva de la ley HELP. Abinader puede hacerlo, y eso sería de gran ayuda en este momento, en que las opciones militares no están siendo consideradas para Haití. Jordania y Egipto tienen esa ley, y Haití la tuvo, pero venció su vigencia, y hace falta reiterarla.

Aunque nos resulte complicado, los dominicanos somos los únicos que no podemos desligarnos de la crisis haitiana, como bien ha dicho y reiterado el presidente Luis Abinader. Y en ese sentido nos toca recobrar la vitalidad y la fuerza para seguir impulsando una solución permanente a la terrible y dolorosa falta de institucionalidad y falta de democracia en Haití.