Las elecciones celebradas este domingo 4 de octubre en Brasil importan mucho por el futuro de los brasileños, pero también representan un serio desafío por el futuro de América Latina, y muy especialmente por la influencia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump en nuestro continente.
Los números indican la necesidad de una segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil. No deja de ser importante que el presidente Luis Ignacio Lula Da Silva, un líder de muchos años en el ejercicio del poder, y que ha sobrevivido a la cárcel y a muy serias denuncias de corrupción, ha fracasado en su intento de repetir como presidente, luego de tres mandatos de cuatro años, que se iniciaron en 2003, hasta el 2007, el primero, y un segundo mandato desde el 2007 hasta el 2011, y un tercer mandato desde el 2023 hasta la actualidad. Con éste último mandato Lula habrá completado 12 años de gobierno.
En la Historia de Brasil ningún otro mandatario había gobernado tres períodos de gobierno como lo ha hecho Lula, que pretendía ratificar un cuarto mandato de cuatro años. Se ha encontrado con el joven político y legislador Flavio Bolsonaro, de la ultraderecha, y además hijo del ex presidente Jair Bolsonaro. Se trata de dos fuerzas políticas altamente contradictorias, la socialdemocracia representada por Lula y la ultraderecha representada por Bolsonaro.
Pocas veces una campaña electoral en Brasil había tenido tanta relevancia internacional. Los presidentes de la ultraderecha que han ganado elecciones en América Latina con el apoyo de Trump, como los de Honduras, Perú, Ecuador, Colombia, El Salvador, Argentina, y Chile, entre otros, han sido muy claros expresando su apoyo a Bolsonaro. El propio Trump se ha pronunciado varias veces favoreciendo a Bolsonaro, atacando duramente al presidente Lula o disponiendo aumento de aranceles a Brasil, quitando visados de jueces que condenaron y ratificaron la condena al ex presidente Jair Bolsonaro, padre del candidato favorecido por la ultraderecha.
Con el 100 por ciento de los votos computados habrá una segunda vuelta electoral en Brasil, para un nuevo proceso electoral únicamente entre los dos candidatos que mayor porcentaje han obtenido. Bolsonaro con el 47,05 por ciento y Lula con el 45,13% por ciento van al balotaje el próximo domingo 25 de octubre.
Hay que intuir todo lo que viene a partir de este momento, con campaña internacional y local en Brasil para sepultar al candidato que busca repetir en la presidencia. Pero más que eso, habría que tomar en cuenta que Estados Unidos estaría controlando el poder en América Latina de forma casi absoluta, con mucho más dominio que el mantenido durante décadas de democracia, con el control de los países más importantes por su tamaño en población y en su economía, con la excepción de México, porque sumaría incondicionalmente a Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela y Perú. Ya es, con estos resultados, un gran triunfo político para el presidente Trump, quien dentro de un mes tendrá elecciones de medio término en los Estados Unidos, y donde los demócratas, esperan obtener un arrollador triunfo electoral ganando el control de las dos cámaras del Congreso.
La diferencia entre los dos candidatos que irán a segunda vuelta ronda los 2.5 millones de votos, en donde hay unos resultados con un aspirante de la ultraderecha que llegó a los 56 millones de votos, y el presidente reeleccionista a los 54 millones de votos.
Bolsonaro ha presentado el resultado como un deseo de cambio para resolver los grandes problemas de Brasil, y Lula ha dicho que Brasil no puede volver al salvajismo, resaltando que el hijo del ex presidente Bolsonaro tiene “una biografía tenebrosa, con vínculos tenebrosos”, y llamando a votar por la democracia el 25 de octubre.
Además de los brasileños toda América Latina estará atenta a la contienda de la segunda vuelta en Brasil, deseosos de que gane la democracia y no el autoritarismo y la incertidumbre.
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