La tendencia ultraderechista en el mundo ha impuesto, como si se tratara de una norma ya establecida y aceptada, una seria limitación a la libertad de expresión, de cátedra, a la libertad de opinión, y una nueva oleado de culto a la personalidad de ciertos dirigentes políticos y estadistas que predominan con sus ideas y posturas, sin que ello represente un planteamiento profundo ni sustentado de las corrientes predominantes.
En el mundo se admite que las ideologías han “desaparecido” o que ya no predominan en el debate político. También se sustenta que el multilateralismo ha dejado de existir y que la globalización ha dejado de ser una realidad, para atender las urgencias y megalomanías de los líderes que en Norteamérica, Europa y Asia tienen la sartén por el mango.
Nadie está a salvo. Han dejado de tener relevancia las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, la Organización Mundial de la Salud, los pactos por el cambio climático, la Corte Penal Internacional, la UNESCO, la Organización Mundial de Comercio. Todo el sistema establecido y sustentado por Estados Unidos, de la post guerra está desapareciendo, como parte de una voluntad político precisamente de los Estados Unidos de la era de Donald Trump.
La guerra en Europa, y en particular la invasión de Rusia contra Ucrania, se ha mantenido como parte de un estatus ya reconocido y admitido, que se mueve dependiendo de los apelativos y resentimientos personales de Vladimir Putin y Volodímir Zelenski. Los drones comandan ofensivas que determinan muertes, pero en las escaramuzas militares ya no se habla de conquista de territorio, sino de daños materiales a instalaciones estratégicas, realizadas por bombardeos y ataques con drones. Sean plantas nucleares o instalaciones especiales, como fábrica de drones.
Y las guerras en Africa, quien las recuerda o intenta responder por las miserias y desequilibrios dramáticos que allí se dan, las dictaduras militares y personalistas de sujetos maléficos.
¿Quién responde con interés y con verdades a los dramas de la guerra en Medio Oriente? Esta guerra tiene agarrada por el cuello la economía mundial, y de por medio hay egos terribles que se expresan con medias verdades y mentiras. Con miles de muertos en Irán, en Israel, El Líbano y en cada uno de los países que han pasado por el drama de ver destruidas muchas de sus infraestructuras productivas, de la noche a la mañana, porque a Benjamin Netanyahu se le antojó convencer, con verdad o con mentira, a Donald Trump de que sería fácil terminar con la amenaza de Irán sobre la seguridad de Israel y del propio Estados Unidos.
Y China, sin ningún interés de los derechos humanos ni por el bienestar de los pueblos afectados, tiene como norte su rivalidad con Estados Unidos por el predominio tecnológico, económico, en investigación cuántica y espacial, y por el mercado mundial.
La democracia se ha ido a pique. Pocos la defienden. Nadie la menciona. Ningún líder mundial, ningún organismo se acuerda que ese sistema es el más adecuado y justo, y como Corea del Norte tiene ya armamentos atómicos, el mundo quiere olvidarse de que existe, que aquel país es una prisión y que su régimen es dictatorial y personal.
La salud está amenazada, no hay investigaciones, ni se respaldan, y prima una político a-histórica, de rechazo a las vacunas, y se desmoronan los esquemas integradores y abarcadores de atención a las colectividades, se privilegia la atención privada. El pobre está condenado a morir.
Las academias y los cientistas sociales siguen amenazados, amordazados, las universidades perseguidas. Los medios de comunicación censurados y cada día en manos de los ricos tecnológicos, pese a todas las advertencias del papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas.
La democracia resulta ahora anacrónica, destinada al museo de los experimentos fallidos. Se publican algunos libros, que pocos leen, porque el comando lo llevan las redes sociales y los influencers, que resultan poco alfabetizados y especialmente fanatizados con estas tendencias ultraderechistas que controlan el mundo.
Como se habla tanto de guerras, de armamentos, de utilización de inteligencia artificial para la guerra, y de las presiones e invasiones de países, y la eliminación o arrasado de culturas milenarias, el miedo se ha establecido. Y ahora lo que predomina es el miedo. Entre los grandes y los pequeños países. El miedo está sembrado en todas partes. Por eso yaz no hay libertad de pensamiento, libertad de palabra, libertad de investigación, libertad de cátedra. Todo es miedo. Nadie sospechaba que el ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero sería sometido por corrupción, sin muchas pruebas, o que el hermano del presidente Pedro Sánchez fuera sometido por ganar un concurso para dirigir una pequeña orquesta en Badajoz, o que la esposa de Pedro Sánchez, sería sometida por ser catedrática en una universidad.
Todo es un despelote, y el miedo triunfa, porque el candidato con más votos en la primera vuelta en Colombia solo habla de guerra y de arrasar con todo lo que considera democrático, de izquierda, incluyendo las miles de hectáreas sembradas de coca en Colombia. Todos tenemos miedo. El miedo ha triunfado sobre un proyecto de humanidad solidaria, respetuosa, reconocedora de derechos, de mayorías y minorías, de libertades que permitan al mundo ser más próspero.
Compartir esta nota
