Cuba, la mayor de las islas del Caribe, atraviesa por una gravísima situación, luego de que el gobierno de los Estados Unidos le impusiera un reforzamiento del embargo que durante 60 años ha mantenido al país socialista, y luego del derrocamiento del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, impuso un cierre de combustibles a Cuba.

Cuba lleva tres meses sin recibir petróleo, ni combustible, ni energía eléctrica del exterior. Ese cerco ha generado una crisis que incluye los servicios de transporte, salud, educación, turismo y otras actividades que son vitales para cualquier país.

El racionamiento de combustible es terrible. Los apagones son de 40 y 50 horas, los apagones generales ocurren con frecuencia. Los servicios de transporte prácticamente no existen. Han tenido que racionar hasta lo más mínimo, y además de que no tienen acceso a combustibles, tampoco tienen acceso a dólares.

Miguel Díaz Canel, presidente de Cuba, reveló este viernes en una rueda de prensa, que formalmente han iniciado un diálogo con las autoridades de Estados Unidos, para buscar solución a las diferencias diplomáticas que tienen con Estados Unidos.

Pero no solamente eso. También reveló el drama que viven los cubanos y cubanas en general, y dijo que cientos de miles de cirugías se han detenido en los hospitales de todo el país, porque carecen de condiciones mínimas para realizarse. No tienen energía, ni medicamentos, ni condiciones para operar las salas de cirugías. Es un drama humanitario el que ha generado la disposición de cerco del gobierno de los Estados Unidos, que ha impedido que Venezuela y México suplan de petróleo al gobierno cubano.

Los 60 años del embargo de los Estados Unidos contra Cuba nunca habían llegado a estos extremos. La presión que se tiene ahora afecta a toda la población, y tiende a echar al pueblo contra las autoridades socialistas.

Miguel Díaz Canel ha dicho que las conversaciones iniciadas con las autoridades de Estados Unidos "han estado orientadas a buscar soluciones, por la vía del diálogo, a las diferencias bilaterales que tenemos entre las dos naciones”.

Casi a la salida del presidente Barack Obama, en 2016, se establecieron negociaciones entre Estados Unidos y Cuba, para bajar las tensiones y eliminar finalmente el embargo. Sin embargo, el resultado electoral fue contrario al Partido Demócrata, y el presidente electo, Donald Trump, volvió a la línea dura contra Cuba.

Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, es quien dirige el proceso de conversaciones con las autoridades cubanas. Rubio es de origen cubano y tiene mucha adversidad contra el gobierno de Cuba. Ojalá que haya condiciones para un diálogo que permita restablecer las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Trump, y todo el mundo lo sabe, arrebata y quiere eliminar de Cuba a las autoridades socialistas. Su interés es agotar, como en un encierro asfixiante, a los cubanos para que se rebelen y cambien de gobierno. Como está tratando de conseguir en Irán, y como inicialmente pensó que ocurriría en Venezuela. Ahora dirige la política venezolana mediante una antela parabólica que tiene sobre Delcy Rodríguez, a quien ha felicito por su gestión y a quien ha reconocido como presidenta del país.

Cuba acaba de liberar a 51 presos políticos por un acuerdo con El Vaticano. Aquí habría que esperar que ambas partes flexibilicen posiciones, que se evite la ideologización de las relaciones entre dos países, y que Estados Unidos entienda que una crisis humanitaria, una hambruna, la muerte de miles de personas por falta de medicamentos, no recaerá exclusivamente sobre el gobierno cubano, sino también sobre quien ha originado el reforzamiento del embargo energético y de combustibles de Cuba, que es el que él preside.

Una negociación exitosa entre Cuba y Estados Unidos sería una buena noticia para toda la región del Caribe, sería un mensaje positivo para los electores norteamericanos, y reduciría la imagen negativa que algunas acciones guerreristas de su gobierno le han afectado. Lo mismo sería un respiro para el gobierno cubano, que ahora carece de amigos en la región del Caribe, y en el mundo, y está más solo que Aureliano Buendía en sus tiempos de reclusión atado a un árbol en el patio de su casa.