Muchas personas han bajado la guardia frente a uno de los instrumentos que hoy da acceso directo a su dinero: la tarjeta de débito o crédito. La tecnología sin contacto, conocida como contactless, permite pagar con solo acercar la tarjeta a un lector, sin introducirla ni digitar un PIN en muchas operaciones. Esta comodidad, aunque valiosa, también ha incrementado los riesgos de fraude cuando el usuario pierde el control físico de su tarjeta, incluso por pocos segundos.

En la vida cotidiana, esta situación ocurre con más frecuencia de lo que pensamos. En restaurantes, estaciones de combustible, parqueos o pequeños comercios, es común que el cliente entregue su tarjeta para que “la pasen”. Ese gesto, que durante años fue visto como normal, hoy representa un riesgo real. Cuando la tarjeta sale de la vista del titular, se abre una ventana de oportunidad para que terceros copien datos, realicen consumos no autorizados o capturen información suficiente para cometer fraude más adelante. Por eso, una regla básica de seguridad financiera debe quedar clara: la tarjeta no se presta, no se suelta y no debe salir de las manos del dueño.

Muchos usuarios creen que el fraude requiere equipos sofisticados o redes criminales complejas. La realidad es que, en muchos casos, basta un celular, una foto rápida o un lector alterado. Los datos impresos en la tarjeta, combinados con el auge de las compras en línea, pueden ser suficientes para generar cargos que el cliente solo descubre cuando revisa su estado de cuenta. El fraude moderno es silencioso, rápido y, en ocasiones, difícil de rastrear, lo que convierte al descuido en el principal aliado del delincuente.

Un primer escenario frecuente ocurre en restaurantes donde el mesero se lleva la tarjeta al área de caja. Durante ese breve lapso, fuera de la vista del cliente, es posible copiar los números, la fecha de vencimiento y el código de seguridad, o incluso pasar el plástico por un lector adicional antes de procesar el pago real. Aunque el consumo que el cliente ve sea correcto, la información ya pudo haber sido comprometida y utilizada luego para compras en línea o transacciones no autorizadas.

Otro caso común se da en estaciones de combustible o parqueos que utilizan terminales portátiles. Aunque parezcan prácticas, algunos dispositivos pueden estar alterados o acompañados de lectores adicionales que capturan datos de la banda magnética o del chip. En estos casos, el cliente confía en la rapidez del proceso, pero no siempre tiene certeza de que el equipo utilizado sea seguro o esté debidamente autorizado.

También existen comercios pequeños donde, por informalidad o mala práctica, solicitan la tarjeta para “registrar la compra” o anotan los datos en un papel. Esta información, una vez escrita, puede terminar en manos equivocadas, ser compartida o utilizada para realizar fraudes posteriores. En estos casos, el riesgo no está en la tecnología, sino en la falta de controles y en la exposición innecesaria de datos sensibles.

Frente a esta realidad, la seguridad financiera no puede recaer únicamente en los bancos. El usuario tiene un rol fundamental. Exigir que el pago se realice a la vista, activar alertas de consumo en tiempo real, revisar con frecuencia los movimientos de la cuenta y reportar de inmediato cualquier transacción sospechosa son hábitos que marcan la diferencia. La prevención empieza con pequeñas decisiones cotidianas.

Una tarjeta es como una llave: da acceso directo a un patrimonio que costó tiempo y esfuerzo construir. En tiempos de pagos digitales y transacciones instantáneas, el mejor consejo sigue siendo el más simple y efectivo: no la sueltes. Mantener la tarjeta siempre bajo control es una de las formas más sencillas y poderosas de proteger tu dinero y tu tranquilidad.

Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.

Jesús Geraldo Martínez

Economista

Dominicano, consultor, con amplia experiencia profesional en regulación y supervisión del sector financiero, destacado por sus conocimientos en gerencia, finanzas bancarias, gestión de riesgos, administración y optimización de portafolios, investigación económica, planificación estratégica, análisis de riesgos financieros y sectoriales, análisis y estructuración de bases de datos, econometría, estadística, diseño y aplicación de modelos de pruebas de estrés.

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