El año 2025 confirmó que el debate sobre trabajo y empleo ya no puede reducirse a una sola pregunta —cuántos empleos se crean—, sino que exige una mirada más amplia sobre su calidad, su sostenibilidad y su capacidad de adaptarse a un mundo en transición. A nivel global, el mercado laboral mostró una resistencia mayor a la esperada tras los shocks acumulados de los últimos años, pero también dejó claro que esa resiliencia convive con nuevas fragilidades que marcarán el rumbo de 2026.

Tendencias globales

En términos de cantidad de empleo, 2025 fue un año de desaceleración. El empleo siguió creciendo en muchas economías, pero a un ritmo menor y con grandes diferencias entre regiones y sectores. La incertidumbre geopolítica, el endurecimiento de las condiciones financieras y la fragmentación del comercio internacional moderaron la inversión y la contratación. De cara a 2026, el consenso apunta a un crecimiento económico global más lento, lo que sugiere un mercado laboral menos dinámico y con menor capacidad de absorber nuevos trabajadores, especialmente en las economías más expuestas a la volatilidad externa.

Sin embargo, el verdadero punto crítico del empleo mundial no estuvo tanto en la cantidad como en la calidad. En 2025 se consolidó una paradoja: tasas de desempleo relativamente bajas en varios países coexistieron con altos niveles de precariedad, informalidad o empleo inestable. En las economías emergentes y en desarrollo, la informalidad siguió siendo un rasgo estructural, mientras que en las avanzadas crecieron formas de empleo atípico y contratos más frágiles. Para 2026, las perspectivas de mejora en este frente son graduales y limitadas; la formalización y la estabilidad laboral avanzan más lentamente que los ciclos económicos.

Los ingresos laborales ofrecieron un panorama mixto. En muchos países, la moderación de la inflación permitió frenar la caída del salario real observada en años anteriores, pero sin una recuperación clara y generalizada del poder adquisitivo. Al mismo tiempo, la productividad mostró señales de debilidad, lo que limita el margen para aumentos salariales sostenidos. De cara a 2026, el escenario más probable es de presiones salariales moderadas, con incrementos concentrados en sectores o perfiles donde escasean habilidades específicas, más que aumentos generalizados.

A este contexto se suma una transformación estructural del trabajo impulsada por la tecnología. En 2025, la inteligencia artificial y la automatización dejaron de ser una promesa lejana para convertirse en un factor concreto de reorganización de tareas y ocupaciones. No se trató de una destrucción masiva de empleo, sino de un proceso simultáneo de creación y desaparición de puestos, con un fuerte énfasis en la reconversión laboral. En 2026, el principal desafío no será el desempleo tecnológico, sino el desajuste entre las habilidades que demandan las empresas y las que ofrece la fuerza laboral.

Finalmente, las tendencias demográficas siguieron ganando peso en la discusión global. El envejecimiento de la población en muchas economías, junto con una menor disponibilidad de mano de obra, reforzó el debate sobre migración, cuidados y sostenibilidad de los sistemas de protección social. Este telón de fondo estructural seguirá condicionando los mercados laborales en 2026, independientemente del ciclo económico.

La República Dominicana en este contexto global

Cuando se observa este panorama desde la República Dominicana, las diferencias son tan importantes como los paralelismos. En 2025, el mercado laboral dominicano mostró un desempeño positivo en términos de ocupación, con tasas de desocupación relativamente bajas y una capacidad notable de generar empleo incluso en un entorno internacional menos favorable. Las perspectivas para 2026 dependen en gran medida del crecimiento económico, que podría acelerarse respecto a 2025, creando condiciones favorables para la expansión del empleo.

No obstante, el gran desafío del empleo en el país sigue siendo su calidad. La informalidad laboral continúa afectando a más de la mitad de las personas ocupadas y, tras algunas oscilaciones durante el año, los datos más recientes de 2025 sugieren incluso un ligero repunte, lo que confirma el carácter estructural del problema. Este rasgo distingue claramente a la República Dominicana de muchas de las tendencias que dominan el debate internacional, donde el foco se desplaza hacia la tecnología y el envejecimiento, mientras que en el ámbito local la prioridad sigue siendo la formalización y el acceso efectivo a la seguridad social. En 2026, cualquier mejora en este frente dependerá menos del ciclo económico y más de cambios estructurales relacionados con la productividad, los costos laborales no salariales y la estructura empresarial.

En materia de ingresos laborales, 2025 estuvo marcado por acuerdos y ajustes del salario mínimo que continuarán aplicándose en 2026. Estos aumentos representan una oportunidad para mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores, pero también plantean un delicado equilibrio. Si no vienen acompañados de ganancias de productividad y de un entorno macroeconómico estable, el riesgo es que se traduzcan en mayores precios o en un desplazamiento hacia la informalidad, especialmente en las empresas más pequeñas.

Desde el punto de vista sectorial, el empleo dominicano siguió concentrándose en servicios, con el turismo como motor clave, junto a la construcción y el comercio. En 2026, el reto será que el crecimiento del empleo se oriente cada vez más hacia actividades de mayor productividad y mayor nivel de formalización, como las zonas francas, la logística y ciertos servicios modernos, fortaleciendo al mismo tiempo los encadenamientos con las mipymes.

Persisten, además, brechas importantes, en particular en la inserción laboral de los jóvenes, pese a la ligera mejora en la participación femenina. Estas brechas no solo son un problema social, sino también económico: limitan el potencial de crecimiento y la calidad del empleo creado. En 2026, el capital humano —formación técnica, habilidades digitales, idiomas y transición escuela-trabajo— será uno de los principales cuellos de botella si no se aborda de manera decidida.

Conclusión

Mientras el debate global sobre trabajo y empleo en 2026 estará dominado por la desaceleración económica, la inteligencia artificial y los cambios demográficos, en la República Dominicana el eje central seguirá siendo la calidad del empleo. La informalidad, la productividad y la capacidad de convertir el crecimiento en empleo formal y bien remunerado marcarán la diferencia. El desafío no es solo crear más puestos de trabajo, sino lograr que esos empleos permitan a más personas vivir con estabilidad, protección y perspectivas de progreso en un mundo laboral cada vez más exigente.

Armand Toonen

Director Ejecutivo del Holland House Caribbean. Consejero Independiente

Armand Toonen, PDEng MSc CPIM MBA, es actualmente Director Ejecutivo del Holland House Caribbean, Consejero Independiente e inversionista. Armand tiene treinta años de experiencia en multinacionales de clase mundial que operan en servicios financieros, telecomunicaciones y alta tecnología en Europa, América y Asia. En la Republica Dominicana trabajo como Vicepresidente en Orange, AGL, Banco Santa Cruz y Altice. Historial comprobado como CEO, CCO, CMO, COO, CSO y consultor. Experiencia en “growth hacking” mediante redefinición de estrategias, transformación (digital), fusiones y adquisiciones y creación de equipos de alto rendimiento. Armand tiene un doctorado y varias maestrías en administración de empresas, ingeniería industrial y logística. Se preparó entre otros en Harvard Business School y Hemingway para el rol de consejero. Ex miembro del Programa de Liderazgo Global de Vodafone.

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