La actividad empresarial en todo el mundo ha sufrido una caída a medida que la guerra en Irán y el vertiginoso aumento de los costos energéticos lastran la confianza, según los primeros datos de encuestas revelados el martes.
Las primeras encuestas a los gestores de compras —seguidas muy de cerca— realizadas desde el estallido de la guerra sugieren que el conflicto está desestabilizando a las empresas, desde Europa hasta Australia, a medida que los precios del crudo Brent se mantienen por encima de US$100 por barril y la oferta mundial de gas natural licuado (GNL) se estrecha.
El conflicto en Irán "está dejando sus primeras huellas", afirmaron los economistas de Commerzbank.
En la eurozona, el sector privado rozó el estancamiento en marzo, conforme el sentimiento empresarial cayó a su nivel más bajo en 10 meses, situándose en 50.5 puntos en el índice de gestores de compras (PMI, por sus siglas en inglés), un indicador de la actividad empresarial. Esta cifra supone un descenso respecto a 51.9 puntos de febrero y se sitúa por debajo del nivel de 51 puntos que esperaban los economistas.
La actividad del sector privado en la zona monetaria se sitúa ahora justo por encima del umbral crítico de 50 puntos, que marca el límite entre el crecimiento y la contracción.
La encuesta de la eurozona estaba "haciendo sonar las alarmas de estanflación", dado que los precios se dispararon bruscamente al mismo tiempo que el crecimiento sufría un revés, advirtió Chris Williamson, economista de S&P Global Market Intelligence, la firma responsable de los índices PMI.
En EE. UU., el sentimiento empresarial se enfrió hasta alcanzar un mínimo de 11 meses, situándose en 51.4 puntos, en un contexto de desaceleración de los nuevos pedidos y de aumento de los precios, factores desencadenados por la guerra en Irán.
Asimismo, los plazos de entrega de los proveedores en el sector manufacturero se alargaron al mayor nivel registrado desde octubre de 2022.
El conflicto desestabiliza
La economía estadounidense ya estaba mostrando signos de debilitamiento antes del conflicto bélico, con un mercado laboral que comenzaba a perder empleos tras años de sólido crecimiento.
En Australia, la actividad empresarial retrocedió nuevamente a territorio de contracción —por primera vez en 17 meses—, a medida que la elevada inflación y la inquietud generada por el conflicto en Oriente Medio mermaban la confianza del sector privado. El índice PMI cayó hasta 47 puntos en marzo, frente a 52.4 puntos registrados en febrero.
"Estos datos preliminares ofrecen una primera visión del alcance de los efectos de la guerra en Oriente Medio en toda la economía mundial", señaló Eleanor Dennison, también economista de S&P Global Market Intelligence. Mientras tanto, en marzo los fabricantes del Reino Unido registraron el aumento más pronunciado en los costos de los insumos desde octubre de 2022, al tiempo que el PMI compuesto cayó a un mínimo de seis meses, situándose en 51 puntos frente a los 53.7 anteriores.
En Japón, la actividad del sector privado moderó su ritmo, descendiendo a 52.5 puntos en el índice frente a 53.9 del mes anterior; no obstante, tanto el sector manufacturero como el de servicios se mantuvieron en territorio de expansión.
Estos sondeos se produjeron tras las advertencias lanzadas la semana pasada por los principales bancos centrales, en las que señalaban que la guerra en Oriente Medio impulsaría al alza la inflación.
La semana pasada, el Banco Central Europeo (BCE) recortó drásticamente su previsión de crecimiento para 2026, situándola en el 0.9 por ciento, frente al 1.2 por ciento estimado en diciembre. Según indicó el BCE, si el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz se viera interrumpido durante un periodo prolongado, el crecimiento podría caer hasta un mínimo del 0.4 por ciento.
En cualquier escenario, el impacto inmediato sobre la inflación sería "sustancial", advirtió el jueves la presidenta del BCE, Christine Lagarde.
El presidente de la Reserva Federal de EE. UU., Jay Powell, declaró la semana pasada que, a corto plazo, "unos precios de la energía más elevados impulsarán la inflación general" en EE. UU., aunque advirtió que aún era demasiado pronto para determinar el alcance y la duración de los posibles efectos sobre la economía.
El Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) también advirtió que un impacto energético severo podría repercutir en los salarios y los precios en el conjunto de la economía, al tiempo que dejaba abierta la puerta a un posible aumento de las tasas de interés.
Los operadores han modificado drásticamente sus expectativas sobre la trayectoria de las tasas de interés en muchas de las principales economías desde que comenzaron los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero.
En la eurozona, por ejemplo, los operadores ya están descontando más de dos subidas de un cuarto de punto para finales de año, dado que prevén que el BCE reaccionará con mayor rapidez frente al encarecimiento de la energía que su respuesta en 2022, el año en el que la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia provocó un repunte vertiginoso en los precios del petróleo y el gas, impulsando la inflación anual hasta rozar el 11 por ciento.
(Olaf Storbeck. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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