En un mensaje al país este 22 de marzo, el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, colocó en primer plano el efecto interno de la guerra contra Irán: un shock externo que eleva los precios internacionales —en especial los del petróleo— y presiona el costo de la vida en una economía que depende totalmente de los combustibles importados.
“Me dirijo hoy a ustedes para hablar con claridad y responsabilidad sobre un tema que preocupa actualmente al mundo entero: la guerra que se desarrolla en Irán y sus repercusiones en los precios internacionales”
El mandatario dijo que hablaría “sin dramatismos, pero sin evasivas” y describió una cadena de impactos que se activa cuando estalla un conflicto de gran magnitud: mayores costos en transporte, energía y materias primas, con efectos directos en la inflación y en el consumo.
Ormuz, el cuello de botella
Para explicar la magnitud del episodio, el presidente llevó la atención a un punto estratégico del comercio energético mundial: el Estrecho de Ormuz.
“Si queremos comprender la magnitud de lo que está ocurriendo, debemos mirar un punto clave del mapa: el estrecho de Hormuz, en el Golfo Pérsico”.
“Por esa vía transita cerca del veinte por ciento del petróleo y gas natural que consume el mundo”.
Ese rol del Estrecho de Ormuz como “cuello de botella” del petróleo ha sido subrayado también por BBC Monitoring, que lo define como un punto estratégico para el comercio global de crudo.
En la cobertura internacional, el impacto ya se refleja en cifras concretas. AFP reportó el 4 de marzo de 2026 una caída de 90% en el tráfico de petroleros por el estrecho, en el contexto de la guerra en Medio Oriente.
“No fijamos esos precios, los recibimos”
El presidente insistió en que, para República Dominicana, el shock tiene un canal de transmisión inmediato: la factura energética.
“La República Dominicana importa la totalidad de los combustibles que consume. No fijamos esos precios, los recibimos”.
En ese contexto, afirmó que el Gobierno activó un monitoreo diario para anticipar efectos y reaccionar con rapidez.
“El Gobierno ha activado ya todos los mecanismos para dar seguimiento diario a la evolución de los precios internacionales y anticipar cualquier impacto en nuestra economía”.
A nivel internacional, EFE ha reportado que la crisis llevó a la Agencia Internacional de la Energía (AIE) a acordar la salida al mercado de 400 millones de barriles de reservas estratégicas —la mayor operación de este tipo desde la creación del organismo en 1974— para compensar pérdidas de abastecimiento vinculadas a la interrupción del tráfico marítimo por Ormuz.
Pese a la medida, el mercado siguió en tensión: EFE informó que el Brent subió más de 9% y volvió a superar los US$100 en medio de dudas sobre si la liberación de reservas será suficiente.
Tres objetivos: estabilidad, alimentos e inversión
El presidente explicó que la respuesta oficial se organiza en tres líneas: blindar la estabilidad macroeconómica y social, contener el contagio a los alimentos y sostener la inversión pública como motor de crecimiento.
En el primer frente, anunció reasignaciones internas para reforzar el apoyo social sin elevar el gasto agregado.
“Ya hemos identificado cerca de diez mil millones de pesos que podrán destinarse a estos fines sin aumentar el gasto total”.
En el segundo, prometió medidas para evitar que el alza internacional de insumos agrícolas se traduzca en mayores precios en góndola.
“Implementaremos nuevamente un subsidio a los fertilizantes por un monto inicial de mil millones de pesos para mantener sus precios a los que estaban previo a la crisis.”
Subsidios, costo fiscal y ajustes graduales
El núcleo más sensible del mensaje se concentró en el costo fiscal de amortiguar el alza internacional con subsidios a combustibles y electricidad. El presidente defendió que ese esfuerzo fue “necesario”, pero advirtió límites en la sostenibilidad de las finanzas públicas.
“En el año 2025, subsidiamos por un monto de once mil quinientos millones de pesos al combustible y a la electricidad con otros ciento cinco mil millones de pesos…”.
El mandatario agregó que el presupuesto 2026 se construyó con supuestos de petróleo significativamente más bajos que los precios actuales, lo que eleva el costo de sostener subsidios sin cambios.
“El presupuesto para el año 2026 se realizó con un petróleo a sesenta y cinco dólares por barril. El aumento a casi cien dólares tiene un costo fiscal creciente…”
En ese contexto, el Gobierno justificó ajustes graduales ya aplicados en algunos combustibles, mientras mantiene otros sin variación por su impacto social.
“La corrección parcial en las gasolinas y el gasoil de entre cinco punto dos por ciento y seis punto siete por ciento permitirá reducir el subsidio en al menos doce mil millones de pesos en lo que resta del año”.
En paralelo, el debate sobre subsidios y su eficiencia también se mueve en el plano local. Acento.com.do recogió planteamientos de economistas que proponen cambios de fondo al esquema de subsidios a combustibles y electricidad, con el argumento de reorientar recursos y proteger la inversión pública.
“Sacrificio compartido” y una lección de futuro
El presidente pidió “responsabilidad compartida” ante presiones que —según dijo— pueden sentirse en tarifas eléctricas, costos de transporte y, en alguna medida, precios de alimentos. Planteó medidas de eficiencia (como trabajo remoto) y un uso más racional de combustibles.
Finalmente, enmarcó la crisis como una advertencia estratégica: la necesidad de reducir dependencia de combustibles fósiles y acelerar la transición hacia energías renovables para hacer al país menos vulnerable a choques internacionales.
En lo internacional, el Financial Times ha puesto el foco en el riesgo de escalada regional sobre el mercado energético; en una pieza cuya portada titula que Qatar advierte que la guerra podría obligar al Golfo a detener exportaciones energéticas “en días”, una señal del nivel de incertidumbre en torno a los suministros.
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