Las empresas a nivel mundial atraviesan una etapa de transformación profunda impulsada por disrupciones tecnológicas, presiones económicas y cambios en las expectativas del talento.

Así lo revela el nuevo estudio titulado “El estado de las organizaciones 2026”, publicado por McKinsey & Company , basado en una encuesta aplicada a más de 2,500 líderes empresariales de distintas regiones e industrias. Sus resultados muestran que la mayoría de las organizaciones reconoce que necesita transformarse para mantenerse competitiva, pero menos de la mitad considera estar verdaderamente preparada para afrontar futuras crisis o choques externos.

Uno de los hallazgos centrales es que las empresas ya no pueden abordar los desafíos de manera aislada. La transformación organizacional exige una revisión integral que conecte estrategia, estructura, procesos, cultura y talento. No se trata solo de implementar nuevas herramientas tecnológicas o rediseñar organigramas, sino de repensar el funcionamiento completo de la organización.

Los líderes enfrentan la tensión constante entre acelerar la toma de decisiones y, al mismo tiempo, fortalecer la capacidad de respuesta ante eventos imprevistos. Las estructuras jerárquicas tradicionales tienden a ralentizar los procesos, mientras que los modelos más ágiles permiten reaccionar con mayor rapidez, pero requieren una cultura de confianza y claridad en la rendición de cuentas.

El informe también subraya que el trabajo híbrido continúa siendo un desafío relevante. Aunque muchas empresas adoptaron esquemas flexibles tras la pandemia, aún buscan el equilibrio adecuado entre presencialidad y virtualidad. La clave no está únicamente en la ubicación física, sino en la productividad, la colaboración y el bienestar de los equipos.

La inteligencia artificial emerge como otro eje central de transformación. Las organizaciones reconocen su potencial para optimizar procesos, mejorar la toma de decisiones y crear nuevas fuentes de valor. Sin embargo, el verdadero impacto depende de la capacidad interna para integrarla de forma estratégica. Sin talento preparado y sin una cultura abierta al cambio, la tecnología por sí sola no genera ventajas sostenibles.

Antonio Novas, socio principal de McKinsey & Company y socio gerente para la operación en República Dominicana, destaca que la transformación organizacional ya no es una opción, sino una condición para competir.

“Hoy las organizaciones exitosas son aquellas que logran alinear talento, tecnología y propósito en una misma dirección estratégica. No basta con adaptarse; es necesario rediseñarse continuamente para responder a un entorno que cambia a gran velocidad”, afirmó.

Otro aspecto crítico identificado en el estudio es la creciente complejidad interna. Muchos líderes reconocen que la proliferación de procesos, niveles jerárquicos y estructuras poco claras afecta la eficiencia y diluye la responsabilidad. Reducir esa complejidad se ha convertido en una prioridad para liberar capacidad operativa y acelerar resultados.

La gestión del talento ocupa igualmente un lugar central en la agenda. Las expectativas de los colaboradores han evolucionado. Más allá de la compensación económica, valoran oportunidades de desarrollo, flexibilidad y un entorno laboral saludable. La salud mental y el bienestar ya no son temas secundarios, sino factores determinantes del desempeño organizacional.

En paralelo, las organizaciones enfrentan brechas de habilidades cada vez más marcadas. El avance tecnológico exige nuevas competencias digitales, analíticas y de liderazgo. Esto obliga a invertir de forma sostenida en capacitación y aprendizaje continuo, no solo para atraer talento, sino para fortalecer las capacidades internas existentes.

El informe señala además que la diversidad, equidad e inclusión se consolidan como factores estratégicos. Las empresas que promueven entornos diversos tienden a tomar decisiones más innovadoras y a comprender mejor a sus clientes. Sin embargo, lograr una inclusión auténtica requiere liderazgo comprometido y sistemas coherentes de gestión del desempeño.

Para América Latina y el Caribe, estas conclusiones resultan especialmente relevantes. La región enfrenta presiones económicas, cambios regulatorios y desafíos sociales que obligan a las empresas a fortalecer su resiliencia. Bajo este escenario, la capacidad de anticipar riesgos y adaptarse rápidamente se convierte en una ventaja competitiva decisiva.

La investigación de McKinsey evidencia que, aunque muchas organizaciones han iniciado procesos de transformación, todavía existe una brecha significativa entre intención y ejecución. La preparación real requiere disciplina estratégica, inversión sostenida y liderazgo consistente.

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