Hace unos días, una familia vivió una experiencia que se repite con más frecuencia de lo que imaginamos. Después de años pagando religiosamente su póliza de seguro vehicular, el esposo de una amiga sufrió un accidente. El vehículo quedó pérdida total. Al momento de la reclamación, la aseguradora autorizó el pago de RD$1.2 millones. ¡La sorpresa vino después!
Ellos entendían que el vehículo “estaba asegurado” por un monto mayor, cercano al valor por el cual fue adquirido cuatro o cinco años atrás. Durante todo ese tiempo pagaron una prima calculada sobre ese monto. Sin embargo, el contrato era claro: la aseguradora paga el valor de mercado del vehículo al momento del siniestro, o hasta el monto asegurado, siempre que este no exceda dicho valor de mercado.
Es decir, no se paga el valor histórico de compra. Se paga el valor actual de reposición.
Los RD$1.2 millones representan lo que cuesta hoy adquirir un vehículo similar en condiciones equivalentes en el mercado. Jurídicamente, la compañía actuó conforme al principio de indemnización: el seguro no es un mecanismo de enriquecimiento, sino de reposición del bien al valor actual.
Aquí está el problema estructural que afecta a miles de consumidores.
Durante años, muchos clientes pagan pólizas calculadas sobre valores que ya no reflejan la realidad del mercado. Especialmente en vehículos adquiridos en ferias financiadas por bancos, donde el monto asegurado permanece invariable mientras el vehículo se deprecia aceleradamente. El cliente rara vez solicita un ajuste anual, y la entidad financiera tampoco lo promueve activamente y el seguro como esta cobrando un valor superior de la póliza tampoco tendrá incentivo de ajustar el valor de la póliza a sabiendas de que sólo pagará el valor del mercado del vehículo asegurado.
La consecuencia es doble: Primero, el consumidor paga una prima más alta de la que debería, porque se calcula sobre un valor superior al valor real del vehículo.
Segundo, cuando ocurre el siniestro, descubre que la indemnización se limita al valor actual de mercado.
Es común que, mientras los bancos ajustan las tasas de interés del préstamo conforme cambian las condiciones económicas, no revisen con la misma diligencia el valor asegurado del vehículo. Un automóvil comprado por US$ 30,000 puede valer US$ 20,000 tres años después, pero la prima sigue calculándose sobre el valor inicial. Esto genera un sobrecosto innecesario para el cliente.
Si el banco revisa la tasa de interés, debería revisar también el valor asegurado. Ese equilibrio sería un acto de justicia financiera.
Algunos argumentan que el afectado podría demandar al conductor responsable por daños y perjuicios. Sin embargo, en la práctica, los tribunales aplican el mismo principio de indemnización: se compensa el valor actual del bien, no el valor histórico de compra. Si el seguro ya cubre ese monto, las probabilidades de obtener una suma mayor son reducidas. Iniciar un proceso judicial o agotar instancias administrativas ante la Superintendencia de Seguros implica tiempo, costos y desgaste emocional con escasas probabilidades de modificar el resultado.
Las pólizas colectivas negociadas por los bancos tienen ventajas reales: mejores primas, coberturas estandarizadas y facilidad de gestión. Pero deberían revisarse periódicamente idealmente cada dos año para garantizar que la prima refleje la depreciación real del vehículo.
Sería oportuno que la Superintendencia de Bancos y la Superintendencia de Seguros trabajen de manera coordinada para establecer lineamientos que obliguen a recalcular periódicamente el valor asegurado conforme a tablas objetivas de depreciación. Asimismo, debería exigirse que al cliente se le entregue por escrito la opción de contratar una póliza individual y endosarla al banco por el saldo pendiente del préstamo.
En las ferias de vehículos, donde se concentran grandes volúmenes de financiamientos y seguros vinculados, la transparencia debe ser aún mayor. El consumidor debe saber claramente cómo se ajustará el valor asegurado en el tiempo y qué impacto tiene eso en su prima y en una eventual indemnización.
Ajustar las pólizas no es un tema menor. Es una cuestión de equidad financiera y de protección al consumidor. La enseñanza es clara: el seguro no es el valor que figura en la póliza, sino el valor real del mercado al momento del siniestro, y como consumidores responsables, debemos exigir cada año la actualización del valor asegurado de nuestro vehículo.
Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.
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