El aumento de aranceles anunciados por el presidente Donald Trump, generará una guerra comercial de la que Estados Unidos cargará con la peor parte. Así lo consideró el economista César Augusto Sención.

Explicó el arancel eleva los precios de las importaciones, afecta el ingreso y reduce el consumo de la población. “Si las mercancías importadas disminuyen, el Gobierno no recauda más (efecto financiero del arancel) y se protege a la producción local de la competencia externa”.

También, dijo, podría generar un efecto sustitución, en el sentido de cambiar un producto importado por otro local que satisfaga la misma necesidad.

“Lo que pretende el gobierno de Estados Unidos es que las importaciones se reduzcan para bajar el déficit comercial de US$ 1.2 billones, proteger la producción nacional y atraer inversión extranjera que estaría protegida de la competencia externa. O sea, sustituir importaciones y levantar la producción nacional. Sin embargo, esos propósitos no se lograrán si se mantienen los aranceles aprobados”, sostuvo

Análisis completo del economista César Augusto Sención:

Sobre los aranceles de Trump

El contexto

Estados Unidos vive un momento crucial en su esfuerzo por detener el avance de China y del BRICS+, que amenaza su hegemonía decadente. Los gobiernos anteriores, desde Clinton hasta Biden (para no ir más atrás), hicieron guerras, derrocaron gobiernos y aplicaron otras políticas para detener el avance de sus rivales y mantener su dominación. Pero los resultados no fueron los esperados.

Cuando cerró el siglo XX, Estados Unidos tenía el 31% del PIB y el 20% de las exportaciones mundiales; China tenía el 3.7% y el 8%, respectivamente. Hoy Estados Unidos tiene el 24% del PIB, contra un 19% de China, y el 8% de las exportaciones, contra un 15% de China, que ocupa el primer lugar en el mundo. Como la economía china crece 5% al año y la de Estados Unidos no crece ni 3%, el momento del desplazamiento se acerca.

Cuando China ocupe el primer lugar en la producción, el dólar cederá su puesto como moneda mundial. Una moneda mundial solo la puede imponer el país que más produce y exporta. Ese cambio sería grave para Estados Unidos, que financia su déficit público de $2 billones con endeudamiento y con emisión de dinero sin respaldo (inorgánico), que no le genera inflación porque fluye al exterior para traer importaciones.

El fin de la hegemonía del dólar liquidaría los inorgánicos como mecanismo para financiar importaciones, lo cual provocaría una caída de éstas y la quiebra de una parte del aparato productivo, pues Estados Unidos importa muchas materias primas y bienes de capital que no produce en cantidad suficiente.

Para evitar el desplazamiento, el gobierno de Trump tiene un plan integral cuyos principales componentes son: controlar las rutas comerciales, sobre todo de Suramérica y del Océano Índico, donde China hegemoniza; terminar la guerra en Ucrania y reducir el gasto militar, para volcar recursos hacia la infraestructura; poner altos aranceles para reducir importaciones, proteger el aparato productivo, atraer inversiones y elevar la producción en un 5% anual; liquidar el “Estado Profundo”, para que la burocracia no trabe al gobierno.

Los cuatro componentes de la estrategia tienen muchos escollos. No es lo mismo dictar políticas en países débiles que obligar a los países de Suramérica a entregar sus puertos y romper con China, que es el principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú y Venezuela y el segundo de Ecuador y Colombia. Tampoco es sencillo controlar la costa de mil quilómetros de Makrán, desde Irán hasta Paquistán, donde se construyen oleoductos y carreteras hacia el Mar Caspio y hacia la India, ni controlar el Golfo Pérsico, el Golfo de Omán y el estrecho de Ormuz. Esos intentos son muy escabrosos.

La guerra de Ucrania terminará con victoria rusa. Trump busca el mejor arreglo posible, pero sabe que si la guerra se prolonga, Rusia controlará Odessa y todo el Mar Negro. Después de todo, ya Estados Unidos logró sus propósitos con la guerra: convertir a Europa en dependiente de sus recursos energéticos y frenar el avance de la Ruta de la Seda (el colosal proyecto chino de obras de infraestructura) hacia Italia, Francia y Alemania. Pero el intento de reducir el gasto militar y enfrentar el Estado Profundo podría terminar liquidando el gobierno de Trump. Ya veremos.

Los aranceles y sus posibles impactos

El aumento de los aranceles anunciados por Trump generará una guerra comercial de la que Estados Unidos cargará con la peor parte. Una cosa es confrontar con un país y otra con las naciones que generan entre el 65% y el 70% de la producción y el comercio internacional. Pelear con tantos países a la vez es asegurar una derrota.

El arancel eleva los precios de las importaciones, afecta el ingreso y reduce el consumo de la población. Si las mercancías importadas disminuyen, el Gobierno no recauda más (efecto financiero del arancel) y se protege a la producción local de la competencia externa. También podría generar un efecto sustitución, en el sentido de cambiar un producto importado por otro local que satisfaga la misma necesidad.

Lo que pretende el gobierno de Estados Unidos es que las importaciones se reduzcan para bajar el déficit comercial de $1.2 billones, proteger la producción nacional y atraer inversión extranjera que estaría protegida de la competencia externa. O sea, sustituir importaciones y levantar la producción nacional. Sin embargo, esos propósitos no se lograrán si se mantienen los aranceles aprobados, por diversas razones:

1. El aparato productivo no puede sustituir muchas importaciones en el corto plazo, pues requiere inversiones que son de larga maduración o vinculadas a ciertos ciclos productivos, como en el caso de las verduras y frutas que importa de México y de los cereales y carne que compra en Canadá.

2. La economía de Estados Unidos importa muchos bienes intermedios y de capital (maquinaria y equipos), los cuales, al encarecerse debido a los aranceles, elevarán los costos de producción y los precios internos y afectarán la competitividad del sector exportador.

3. Las exportaciones de Estados Unidos se verían afectadas por los aranceles que les pondrán los países poderosos, lo cual afectaría su PIB y provocaría desempleo en ramas importantes de la industria y el agro.

4. El déficit comercial no se reduciría, pues aunque las importaciones disminuyan un poco, las exportaciones podrían caer más. En los dos primeros meses de este año el déficit fue de $300,000 millones, 65% mayor al del mismo período del año anterior, porque muchas empresas importadoras adelantaros sus compras para evadir los aranceles.

5. El efecto inflacionario de los aranceles generará una demanda de aumento salarial (más costo) y obligará al gobierno a elevar la tasa de interés, para frenar el crédito, el circulante uy los precios. Esa medida es contractiva, pues afecta la inversión, la producción y el empleo. El desgaste del gobierno sería inevitable.

6. La desestabilización del comercio y la producción mundial ocasionada por los daños en las cadenas de suministros, también afectaría a la economía de Estados Unidos, que tendría costos más elevados y perdería mercados.

Por esas y otras razones, es posible que el gobierno de Estados Unidos esté usando los aranceles como medida de presión para negociar acuerdos con sus principales rivales. Si es así, tendrá que apresurarse, pues ya los gobiernos amigos, como el de Japón y el de Corea del Sur, se están acercando a China, donde el mercado sigue en expansión y la capacidad de consumo es muy grande.

Una política arancelaria tan extensiva no da bueno resultados. Pelearse con un país es distinto a pelearse con decenas de países, sobre todo con los más poderosos. De acuerdo a como van las cosas, parece que la estrategia de Trump se encamina al fracaso.

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