Más empleo no siempre significa mejor empleo. Aunque la República Dominicana alcanzó 5,050,930 personas ocupadas en el trimestre octubre-diciembre de 2024, la informalidad laboral se mantuvo como un rasgo dominante del mercado de trabajo. En ese mismo período, el 54.8% de los ocupados se encontraba en la informalidad, una realidad que atraviesa sectores, territorios y niveles de ingreso, y que persiste incluso en etapas de crecimiento.

¿Qué es, exactamente, un empleo informal?

De acuerdo con la OIT, el empleo informal abarca todo trabajo remunerado —autoempleo o empleo asalariado— que no está registrado, regulado o protegido por marcos legales, así como trabajo no remunerado en unidades generadoras de ingresos. En términos prácticos, la informalidad suele implicar ausencia de contrato, prestaciones laborales, protección social y, con frecuencia, representación sindical.

Dicho de forma directa: es una relación laboral que no está plenamente sujeta a la legislación, no garantiza cobertura de seguridad social y carece de beneficios asociados al empleo.

Un fenómeno que no cede: persistente, estructural y “resistente”

El estudio reciente del MICM describe la informalidad como un fenómeno complejo, predominante y persistente en América Latina, y ubica a la República Dominicana en el rango intermedio-alto de la región. Más allá del debate técnico sobre definiciones (informalidad “legal” vs. “productiva”), la idea central es que no basta con que una unidad económica esté registrada: la informalidad también se expresa en empleos que no generan suficiente productividad ni garantizan condiciones laborales dignas.

El punto crítico: construcción y agricultura concentran el corazón del problema

La dimensión del desafío se vuelve más evidente cuando se mira dónde se concentra. Según el MICM, construcción y agricultura, los dos sectores con mayor concentración de empleo informal, reúnen casi 700 mil trabajadores informales (696,275).

El dato es clave por dos motivos:

  • Su magnitud supera ampliamente el volumen total de desempleados del país, lo que desmonta lecturas simplistas del tipo “sustituir informales por desempleados” como solución inmediata.
  • Expone que la informalidad no es marginal: está incrustada en actividades que mueven empleo masivo y que operan, muchas veces, con esquemas de contratación frágiles o de difícil fiscalizació

Cómo impacta la informalidad en la economía nacional

La informalidad sostiene una parte relevante del ingreso de los hogares, pero a un costo alto para el desarrollo:

  • Debilita la protección social: amplía la vulnerabilidad ante enfermedad, accidentes o vejez sin pensión suficiente.
  • Reduce la productividad promedio: se asocia a microunidades de baja escala, baja inversión y acceso limitado a crédito y tecnología.
  • Distorsiona la competencia: negocios que cumplen con impuestos y seguridad social compiten con otros que operan con costos menores por informalidad.
  • Estrecha la base tributaria: dificulta financiar servicios públicos y políticas de protección laboral.

Entre la exclusión y la decisión de “salirse”

La mirada del Banco Mundial aporta otra capa: la informalidad no ocurre solo por necesidad. Puede ser resultado simultáneo de exclusión (barreras educativas, productivas e institucionales) y de salida voluntaria, cuando trabajadores o empresas consideran que formalizarse cuesta más de lo que aporta en el corto plazo (trámites, carga tributaria o laboral percibida como alta).

Katheryn Luna

Editora de Economía

Editora de Economía. Periodista. Comunicadora Social, con maestría en Comunicación Corporativa. Experiencia en temas educativos, salud, turismo, tránsito, transporte, gestión de desechos, agua y economía. Premios AIRD, Funglode, FIL, Indocal, Unicef, Juan Bosch, Raphy Durán y PEL.

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