El comercio suele demostrar una gran capacidad para sortear obstáculos y mantener el flujo de mercancías. Un ejemplo reciente de esto se ha visto en la forma en que las empresas chinas han eludido la prohibición de la exención estadounidense «de minimis», una norma que eximía de aranceles a los envíos valorados en menos de 800 dólares.
Ha pasado más de un año desde que EE. UU. eliminó la exención «de minimis» para las importaciones procedentes de China, gracias a la cual los envíos valorados en menos de 800 dólares no estaban sujetos a la evaluación ni al pago de aranceles. El presidente Donald Trump respondió a las demandas de los minoristas y fabricantes nacionales, quienes argumentaban que dicha medida permitía que los productos chinos —especialmente los de vendedores que operan bajo el modelo de venta directa al consumidor, como Temu y Shein— pudieran eludir a los minoristas estadounidenses e inundar el mercado de consumo.
Trump no fue el único en tomar esta medida: el Reino Unido está eliminando su norma «de minimis» de 135 libras y la Unión Europea (UE) hizo lo mismo con su versión de 150 euros (que será sustituida por un arancel fijo de 3 euros por artículo). Posteriormente, Trump eliminó la exención «de minimis» para las importaciones de todos los países.
¿Ha funcionado? ¿Se ha excluido a las empresas chinas del mercado estadounidense? ¿Ha comenzado una nueva era de productos fabricados en EE. UU.? ¿Puedes adivinar? La respuesta es «no».
Nikkei Asia, publicación hermana del Financial Times (FT), ha elaborado un excelente reportaje sobre este tema. En él se detalla cómo las empresas chinas han logrado eludir las restricciones mediante una combinación de logística totalmente legítima, cambios en la declaración de aranceles y, muy probablemente, la declaración ilícita de un valor inferior al real en las importaciones para reducir los costos arancelarios.
Resulta que el modelo de envío de paquetes pequeños directamente al consumidor no era esencial para la supervivencia de Temu y Shein. Estas empresas han pasado —o han profundizado en el cambio, ya que algunas de estas prácticas ya las realizaban— a un modelo de distribución más tradicional, en el que los productos importados se envían a almacenes situados en EE. UU. Además, Temu ha trasladado una mayor parte de la responsabilidad de gestionar el despacho de aduanas a los propios comerciantes chinos que venden los productos.
Las empresas de logística chinas han entrado ahora en el mercado estadounidense y realizan la distribución hasta la «última milla», a menudo a menor costo que sus competidores locales gracias al uso de conductores independientes. Es una situación similar a la de las empresas que «saltaban los aranceles» en las décadas de 1970 y 1980, cuando fabricantes de automóviles japoneses y de otros países establecieron plantas de producción en EE. UU. para eludir los impuestos de importación.
En lugar de mantener a raya a la competencia china eliminando la exención «de minimis», Trump ha logrado —de forma casi cómica— trasladar una mayor parte de la cadena de suministro al interior de las fronteras estadounidenses, donde compite directamente con las empresas de servicios del país. Como me señaló Deborah Elms, de la Fundación Hinrich: «Lo que pretendía ayudar a las empresas nacionales a competir y responder a las quejas de los minoristas locales probablemente generó una competencia aún mayor». Elms escribió sobre el impacto en las pequeñas empresas, destacando que «el fin del régimen "de minimis" no hizo más que acelerar la dependencia de las plataformas. Cuando las empresas más pequeñas podían realizar envíos directamente —sobre todo por correo postal—, tenían menos motivos para recurrir a una plataforma. Ahora, a las pequeñas empresas les resulta casi imposible atender por sí solas a los clientes estadounidenses».
Es probable que esto se repita en los otros casos donde se eliminen los límites de exención «de minimis». Los funcionarios de la UE, por ejemplo, ya les están advirtiendo a las empresas de que el fin de este régimen no les proporcionará el gran alivio frente a las importaciones chinas que tal vez esperaban.
Hay que felicitar a Trump: ya sea imponiendo aranceles ilegales que, en la práctica, terminan gravando a los consumidores estadounidenses para subvencionar a los importadores chinos, o exponiendo aún más la economía de EE. UU. a la competencia de China, el presidente no tiene rival como agente de autodestrucción involuntaria.
Alan Beattie. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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