Es probable que el informe sobre el producto interno bruto (PIB) que se publicará a finales de esta semana muestre que el crecimiento económico estadounidense volvió a superar el 2 por ciento. Pero esto no se habría podido prever a partir de los indicadores del estado de ánimo popular. Los consumidores siguen gastando, aunque la brecha entre lo que gastan y el pesimismo que expresan en las encuestas nunca ha sido tan grande.

Actualmente, las dos principales encuestas de confianza del consumidor — las realizadas por The Conference Board y la Universidad de Michigan — se encuentran en niveles mínimos típicos de una recesión, no de una expansión sostenida. De hecho, sólo se han registrado índices de confianza más bajos en dos ocasiones durante las últimas tres décadas, incluyendo durante la crisis financiera mundial de 2008.

Esa misma desconexión se observa en los principales indicadores de confianza empresarial. En varias ocasiones desde el inicio de la pandemia, las encuestas del Instituto de Gestión de Suministros (ISM, por sus siglas en inglés) a fabricantes y empresas de servicios han señalado una recesión que nunca se materializó. Las encuestas empresariales más recientes y amplias del S&P han estado más cerca de la realidad, pero, a pesar de un reciente repunte, todos estos datos se mantienen en niveles más bajos que el panorama de crecimiento real.

Las publicaciones de las encuestas mensuales siguen acaparando mucha atención en los medios de comunicación y en Wall Street, lo cual resulta algo extraño, ya que los resultados son, en esencia, poco confiables. La caída en las tasas de respuesta distorsiona sus conclusiones. Los medios sociales parecen generar descontento, independientemente de cuán rápido esté creciendo la economía. En un entorno polarizado, los votantes partidistas siempre consideran que la situación es desoladora cuando un partido rival está en el poder. Por éstas y otras razones, estudios recientes han revelado que la confiabilidad de las principales encuestas está disminuyendo no sólo en EEUU, sino también en la eurozona y en el Reino Unido.

Quizás lo más significativo es que las encuestas se ven sesgadas de manera natural por la creciente desigualdad. A diferencia de las cifras agregadas de crecimiento del PIB, las encuestas otorgan el mismo peso a cada encuestado; por lo tanto, nunca van a reflejar ni predecir el alcance total del crecimiento del PIB, cuando el crecimiento depende cada vez más del gasto de unos pocos. Y eso es lo que está sucediendo ahora. En EEUU, el 10 por ciento más rico representa la mitad del gasto de los consumidores, frente a un tercio hace tres décadas. No debería sorprender que la mayoría se muestre pesimista.

Tras ampliarse durante años, la brecha política también ha alcanzado extremos sorprendentes. Sea cual sea el indicador que se considere, desde la inflación hasta el desempleo, la economía estadounidense se ve prácticamente igual este año bajo el mandato de Donald Trump que en 2024, el último año del presidente Joe Biden. Sin embargo, el porcentaje de votantes que afirma que la economía está en muy buena o bastante buena forma ha bajado en ese corto lapso del 70 al 5 por ciento entre los demócratas, mientras que ha subido de alrededor del 5 al 70 por ciento entre los republicanos.

Desde 2016, el tono de las noticias económicas se ha "desvinculado" del crecimiento del PIB y se ha vuelto cada vez más negativo, lo que podría ayudar a explicar la persistente debilidad en la confianza de los consumidores, según un informe de la Institución Brookings. Al mismo tiempo, al exaltar los estilos de vida de los superricos, los medios sociales le han dado a casi todo el mundo una razón para sentirse inferior en comparación.

Luego se produjo un giro inesperado: en los últimos meses, la confianza comenzó a aumentar entre los estadounidenses de ingresos más altos a medida que las acciones alcanzaban nuevos máximos históricos, pero siguió cayendo entre los consumidores de ingresos más bajos, afectados por el aumento de la inflación. La proporción de consumidores que afirman que su situación ha empeorado debido a la inflación se ha disparado desde el inicio de la pandemia, pasando del 10 al 40 por ciento.

Las encuestas empresariales también muestran resultados dispares. Las principales encuestas del sector manufacturero se centran en las grandes empresas, las cuales están en mejores condiciones de hacerles frente a las incertidumbres generadas por la inflación que las pequeñas. Recientemente, mientras que la confianza de los grandes fabricantes se recuperó en cierta medida, las encuestas a las pequeñas empresas mostraron una caída continuada, reflejando el estado de ánimo de los consumidores de ingresos más bajos.

Antes de su reciente repunte, la encuesta del ISM estaba en descenso en medio de un mercado alcista, lo cual es muy inusual y constituye un indicador engañoso. Incluso ahora, las encuestas del sector manufacturero apuntan a rendimientos del mercado y ganancias inferiores a los resultados reales. La Reserva Federal (Fed) también ha comenzado a dudar del valor predictivo de las encuestas, dado que, como lo expresó el expresidente Jay Powell, los estadounidenses siguen expresando opiniones "pesimistas" sobre la economía "y luego salen a comprar un coche nuevo".

Esto va más allá de un simple caso de “visiones negativas", como algunos ahora lo describen. Los resultados pesimistas de las encuestas reflejan la frustración ante fallas reales en un sistema que muchos consideran que está amañado a favor de las personas más ricas y de las compañías más grandes. Por lo tanto, hasta que el sistema no cambie y genere un mayor sentido de equidad, las encuestas sobre el sentimiento económico tendrán poco poder predictivo.

. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

Financial Times

El Financial Times (FT) es reconocido globalmente como una de las organizaciones de noticias más importantes, destacada por su autoridad e integridad editorial. Fundado en 1888, ha evolucionado de ser un diario enfocado en Londres a convertirse en una corporación mediática global. El 93% de sus lectores son digitales.

Ver más