Nuestro país vive un momento trascendental con la renovación de la cédula de identidad y electoral, la implementación del pasaporte electrónico y la modernización de otros documentos oficiales. Esta transformación fortalece la seguridad nacional y eleva el estándar documental del país, pero también coloca a la banca frente a un proceso de adaptación que no será automático. Si bien una identidad más robusta ayuda a reducir la suplantación, el verdadero impacto dependerá de cómo el sistema financiero gestione esta transición.
La cédula y el pasaporte constituyen los documentos base para realizar transacciones bancarias, abrir cuentas, solicitar créditos y ejecutar múltiples operaciones financieras. Por tanto, fortalecer estos instrumentos no es un simple cambio de formato; es una inversión estructural en la seguridad del sistema bancario y en la protección del patrimonio de los ciudadanos.
La modernización incorpora mayores elementos de seguridad física y tecnológica, alineándose con estándares internacionales que buscan hacer más difícil la falsificación, alteración o suplantación de identidad. A nivel global, los documentos electrónicos con componentes biométricos y mecanismos criptográficos han demostrado ser una barrera efectiva contra el fraude documental tradicional.
Sin embargo, la experiencia comparada también enseña que el documento por sí solo no elimina el riesgo; lo reduce en la medida en que esté acompañado de procesos adecuados de verificación y de una cultura institucional coherente. Es decir, no basta con que el país tenga una cédula más segura si el sistema financiero no adapta sus mecanismos de validación a la nueva realidad.
A continuación, de manera cronológica y estratégica, se presentan los principales desafíos que enfrentará la banca dominicana en este proceso.
1. El desafío de la coexistencia documental. Durante la primera etapa convivirán cédulas antiguas y nuevas, así como pasaportes tradicionales y electrónicos. Esta dualidad puede generar confusión operativa en sucursales y canales digitales si no se establecen lineamientos uniformes. El riesgo radica en que los defraudadores aprovechen diferencias en criterios de validación entre oficinas o empleados.
2. La actualización de protocolos KYC. En una segunda fase, los bancos deberán revisar y ajustar sus políticas de “Conozca a su Cliente”. La nueva documentación ofrece mayores elementos de seguridad, pero si el proceso interno continúa limitado a una verificación visual o a la simple fotocopia del documento, el beneficio será parcial. La banca tendrá que adaptar sus manuales, matrices de riesgo y procedimientos de onboarding.
3. La inversión tecnológica necesaria. A medida que el Estado moderniza sus documentos, el sector financiero deberá evaluar si cuenta con los equipos y sistemas adecuados para verificar nuevas características de seguridad. Esto puede implicar actualización de software, integración con bases de datos oficiales cuando sea posible, y fortalecimiento de herramientas de validación digital en canales remotos.
4. La capacitación del personal. Ninguna innovación documental tendrá efecto si el capital humano no está preparado. Los oficiales de servicio, analistas de crédito y equipos de cumplimiento deberán conocer las nuevas medidas de seguridad y saber identificar inconsistencias. La capacitación será clave para cerrar brechas operativas.
5. La integración con biometría y autenticación reforzada. En una etapa más avanzada, la banca deberá considerar esquemas de verificación más sólidos, como biometría facial con prueba de vida en operaciones digitales de alto riesgo. Esto no solo reduce la suplantación en aperturas de cuentas, sino también en solicitudes de créditos o recuperación de accesos.
6. La protección de datos y la ciberseguridad. A mayor sofisticación en la identificación, mayor sensibilidad en la información manejada. El reto será equilibrar seguridad con privacidad, cumpliendo estándares de confidencialidad y fortaleciendo controles internos para evitar filtraciones o usos indebidos de datos personales.
7. La migración del fraude hacia otros vectores. La experiencia internacional demuestra que cuando se fortalece el documento físico, el fraude tiende a desplazarse hacia la ingeniería social, el phishing o la toma de control de cuentas. La banca deberá anticipar este desplazamiento y reforzar monitoreos transaccionales y autenticación multifactor.
8. La gestión estratégica del cambio. El desafío más amplio será convertir esta modernización en una ventaja competitiva. Una identidad más segura puede reducir pérdidas por suplantación, disminuir reclamaciones y fortalecer la confianza del cliente. Pero esto solo será posible si el sector asume una visión integral y coordinada con las autoridades.
En este proceso de modernización documental que vive la República Dominicana, la Superintendencia de Bancos tiene una oportunidad estratégica para fortalecer el marco prudencial y acompañar a las entidades financieras en una transición ordenada y homogénea. Desde el punto de vista regulatorio, sería recomendable emitir lineamientos específicos y temporales sobre la coexistencia de documentos antiguos y nuevos, definiendo criterios claros de aceptación, validación y actualización de datos de clientes. La uniformidad regulatoria evitaría interpretaciones dispares entre entidades y reduciría ventanas de arbitraje operativo que puedan ser aprovechadas por redes de suplantación.
Asimismo, podría evaluarse la actualización de la normativa de debida diligencia y gestión de riesgo operativo para incorporar estándares mínimos de verificación reforzada, especialmente en procesos digitales y en operaciones de mayor exposición. No se trata necesariamente de imponer tecnología específica, sino de establecer principios de autenticación fuerte, trazabilidad y control interno alineados con estándares internacionales. Paralelamente, sería prudente fomentar esquemas de interoperabilidad segura con las entidades emisoras de identidad, promoviendo canales de consulta o validación que, bajo protocolos de confidencialidad y protección de datos, eleven la confiabilidad del proceso KYC.
Finalmente, la Superintendencia podría impulsar un enfoque preventivo basado en riesgo, promoviendo capacitaciones sectoriales, mesas técnicas con la Junta Central Electoral y la Dirección General de Pasaportes, y monitoreo específico de tendencias de fraude durante el período de transición. La modernización de la identidad no debe verse únicamente como un cambio administrativo, sino como una reforma estructural del perímetro de seguridad financiera. Si el regulador lidera este proceso con visión sistémica, coordinación interinstitucional y claridad normativa, el país no solo reducirá la suplantación de identidad, sino que consolidará un sistema bancario más resiliente, moderno y alineado con las mejores prácticas internacionales.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram
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