Cuando las temperaturas alcanzaron un récord en España en junio, Eva Sánchez, gerente de planta de las dos instalaciones de fabricación de Schneider Electric en las afueras de Barcelona, puso en marcha el plan de resiliencia de la compañía ante el calor.
El grupo de tecnología energética con sede en Francia les dio a los trabajadores más descansos y agua, así como acceso a áreas de descanso con sombra y aire acondicionado. Schneider también equipó las áreas de producción con sensores para monitorear la temperatura y la humedad, utilizando los sistemas propios de la compañía para enfriar áreas específicas.
"Al analizar ambas variables juntas, obtenemos una comprensión mucho más precisa del estrés por calor, ya que la humedad juega un papel fundamental en cómo los trabajadores perciben realmente el calor", dice Sánchez. "Hemos convertido la resiliencia al calor en una capacidad permanente, basada en datos, en lugar de una respuesta estacional".
En sus plantas de toda Europa, que se han visto afectadas por olas de calor consecutivas este verano, Schneider instaló mini ventiladores y distribuyó helados, limonada y botellas de agua. La compañía también habilitó salas de descanso con aire acondicionado e introdujo descansos obligatorios de 10 minutos por cada hora cuando la temperatura superara los 30.5 °C.
En todo el continente, las temperaturas extremas de este verano han reavivado las dudas sobre qué tan bien preparadas están las grandes empresas europeas para lidiar con olas de calor cada vez más frecuentes, especialmente a medida que el cambio climático se intensifica y trae consigo graves consecuencias económicas y de salud.
Francia y España se preparan ahora para temperaturas aún más altas esta semana, ante el pronóstico de otra ola de calor, justo cuando los incendios forestales han obligado a evacuar a más de 300,000 personas. En Francia, los incendios forestales se desataron en la región de Gironda, que es tanto un centro económico para las industrias de defensa y aeroespacial como el lugar donde se encuentra la ciudad vinícola de Burdeos.
"Las recientes olas de calor han puesto de manifiesto los impactos humanos y económicos muy reales de las temperaturas extremas", dice Bekir Andrews, director de sostenibilidad ambiental de Wates Group, la compañía británica de construcción y servicios inmobiliarios. "La evidencia apunta cada vez más a que los veranos más calurosos serán cada vez más comunes, y las compañías deben prepararse en consecuencia".
Cuando la Met Office, el servicio meteorológico nacional del Reino Unido, emitió en junio una inusual alerta roja por calor lo que indica un riesgo para la vida de todas las personas, Brian Long, director de seguridad y bienestar de Wates Group, instó a los equipos a realizar evaluaciones de riesgo, reprogramar o posponer el trabajo, buscar sombra y aumentar los descansos en áreas más frescas.
"Los supervisores deben informar a sus equipos sobre a qué deben estar atentos y cómo reconocer los primeros síntomas — por ejemplo, mareos, fatiga, calambres y confusión — y cómo actuar", escribió en un correo electrónico.
Al mismo tiempo, muchos bancos e instituciones financieras flexibilizaron sus políticas de trabajo en la oficina durante los días de mayor calor, indicando a su personal que podían trabajar desde casa si fuera necesario, mientras que otras compañías relajaron sus códigos de vestimenta. Algunas oficinas y tiendas, incluyendo varias de la cadena de panaderías Greggs en el Reino Unido, cerraron por motivos de seguridad relacionados con el calor.
En total, los investigadores estiman que tan sólo en el Reino Unido se perdieron 24 millones de horas de trabajo durante la semana récord de junio, lo que supuso un impacto de £1.5 mil millones para la economía.
El estudio, realizado por el Instituto de Investigación Grantham sobre Cambio Climático y Medio Ambiente de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres y el Centro Euromediterráneo sobre Cambio Climático, reveló que la reducción promedio reportada en las horas trabajadas durante la semana de la ola de calor fue de más de 45 minutos, pero que el 3.6 por ciento de los encuestados no trabajó en absoluto debido a las temperaturas extremas.
Shouro Dasgupta, economista ambiental del CMCC e investigador principal visitante del Instituto de Investigación Grantham, dice que los efectos más graves "los sufren los trabajadores al aire libre y quienes realizan trabajos físicamente exigentes, muchos de los cuales se encuentran entre los peor pagados de la fuerza laboral".
Otra investigación del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible reveló que el 42 por ciento de las empresas europeas reportó un aumento en los costos debido a los impactos físicos del clima, como las olas de calor, siendo la salud de la fuerza laboral, las cadenas de suministro y los costos de seguros los más afectados.
Con el aumento vertiginoso de las temperaturas este verano, han surgido llamados a establecer una temperatura máxima en los lugares de trabajo en países como el Reino Unido, incluso por parte de un grupo de diputados británicos. En España, la temperatura máxima legal en interiores para el trabajo es de 27 °C para trabajos de oficina y de 25 °C para trabajos físicos ligeros.
Además del calor extremo durante el día, Europa ha tenido que lidiar este verano con noches de calor que han batido récords. La falta de descanso nocturno se ha relacionado con un mayor número de accidentes y errores en el trabajo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que el calor extremo reduce drásticamente la productividad en el lugar de trabajo, con una disminución del rendimiento de entre el 2 y el 3 por ciento por cada grado Celsius que la temperatura supere la llamada temperatura de bulbo húmedo de 20 °C, que toma en cuenta la temperatura del aire, la humedad, la exposición al sol y otros factores.
Ronni Zehavi, cofundador de HiBob, una plataforma de recursos humanos, señala que, cuando suben las temperaturas, las empresas "con demasiada frecuencia recurren a medidas ad hoc" en lugar de contar con una estrategia específica para las olas de calor.
"Las políticas claras — como la posibilidad de trabajar de forma remota o salir antes — eliminan la inconsistencia y garantizan que todos reciban el mismo trato", dice.
Andrews, de Wates Group, señala que la compañía ha evaluado el impacto de diversos escenarios climáticos para las próximas décadas, y sostiene que la empresa tendría que adaptar todo, desde "la forma en que planificamos el trabajo en las obras de construcción, hasta cómo protegemos a las personas, gestionamos los materiales y diseñamos los edificios".
"En términos prácticos, eso puede significar ajustar los horarios de trabajo, evitar realizar tareas extenuantes durante las horas más calurosas del día, garantizar que los equipos tengan acceso a sombra, descanso e hidratación, e incorporar una mayor flexibilidad en los programas de los proyectos", explica. "También implica pensar en cómo diseñamos y modernizamos los edificios para que sigan siendo cómodos, saludables y eficientes en un clima más cálido".
EDP, la empresa de energía y servicios públicos con sede en Portugal, dice que "proteger a nuestra gente es el punto de partida para gestionar los fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes".
Al igual que otras medidas, esto incluye retrasar el trabajo y proporcionar más agua, así como áreas de descanso a la sombra y equipo de protección adecuado.
Dependiendo de la actividad y el entorno local, la compañía ajusta los horarios de trabajo para "evitar las horas de mayor calor", pospone los trabajos al aire libre que no sean esenciales o suspende "el trabajo siempre que el riesgo no pueda gestionarse de manera segura".
Sin embargo, la compañía añade que, dado que "las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas" en todas sus operaciones globales, está evaluando otras medidas, como "el monitoreo del estrés térmico para determinar un régimen seguro de trabajo y descanso", así como "la prueba o introducción de equipo de protección adicional y soluciones de enfriamiento para los técnicos".
Strabag, una de las mayores compañías de construcción de Europa Central y del Este, también ha estado probando nuevos equipos para proteger a sus trabajadores. Entre esas iniciativas se incluyen chalecos refrigerantes y pulseras de detección de rayos UV que advierten sobre la radiación ultravioleta excesiva, viseras de casco más anchas para ofrecer más sombra y mangas refrigerantes.
"Con cada ola de calor, nuestro personal y sus familias toman cada vez más conciencia de que el cambio climático nos afecta a todos", le dijo al Financial Times (FT) un portavoz de la compañía con sede en Viena.
"Existe un intercambio regular de información entre nuestros responsables de salud y seguridad en las regiones que ya están acostumbradas a las altas temperaturas y los de Europa del Norte, que aún no tienen tanta experiencia en lidiar con las olas de calor, lo cual nos ayuda a preparar nuestras obras en el norte precisamente para los desafíos del cambio climático".
Las olas de calor han puesto de relieve la falta de aire acondicionado en muchos edificios europeos, incluyendo hospitales, escuelas y algunas oficinas.
A diferencia de algunas de las compañías más grandes de Europa, Schneider está bien posicionada para lidiar con el calor, ya que sus líneas de negocio incluyen la gestión de energía y los sistemas de refrigeración.
"Trabajar en edificios que no cuentan con la tecnología energética adecuada se está convirtiendo en un riesgo para la salud y la seguridad de los trabajadores y no se puede ignorar", dice Dominique Laurent, director de recursos humanos para Europa en Schneider Electric.
Otras empresas europeas buscan aprovechar su experiencia con olas de calor en otras partes del mundo. Heineken, la multinacional cervecera holandesa, señala que en su negocio de México las temperaturas en verano superan habitualmente los 35 °C y pueden rebasar los 45 °C durante episodios de calor extremo.
En respuesta a ello, el equipo local ha desarrollado un plan para proteger a los empleados, explica Nicolas Clerget, director global de clima de Heineken. Esto incluye una campaña estacional de concientización sobre el calor y un monitoreo diario de las condiciones climáticas, lo que permite a las plantas "adaptar las prácticas locales cuando las temperaturas se vuelven extremas".
También se han implementado "medidas de hidratación mejoradas", como un mayor acceso al agua, bebidas electrolíticas y "paletas de hielo cuando sea apropiado".
"Aprendimos mucho sobre cómo nuestras operaciones en México están manejando el estrés por calor y, basándonos en su plan de acción, estamos desarrollando un conjunto de herramientas global para nuestras otras compañías", dice Clerget.
Attracta Mooney y Aaron Kirchfeld. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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