Hace poco más de una década, el aire en muchas ciudades de China se encontraba entre los más contaminados del mundo. Un asfixiante esmog formaba parte de la vida cotidiana de cientos de millones de personas, alcanzando su punto máximo en 2013 en lo que se denominó el "apocalipsis del aire".

El enorme esfuerzo de limpieza realizado desde entonces ahora se ve socavado por un repunte de la contaminación en algunas ciudades del norte, impulsado por la generación de energía a base de carbón y por condiciones climáticas desfavorables.

Un análisis del Financial Times (FT) de los datos desde el año 2000 muestra tanto el alcance del progreso del país como su más reciente batalla para contener la polución.

Esta vasta nación redujo drásticamente las nocivas partículas finas, cuyos niveles bajaron casi un 60 por ciento desde el máximo alcanzado en 2013 para finales del año pasado. Esto condujo a una disminución del 30 por ciento en la proporción de ingresos hospitalarios causados por esta contaminación.

Aunque el nivel de contaminación actualmente se encuentra justo por debajo del objetivo nacional de 30 microgramos por metro cúbico para 2030, y acerca a China a los estándares globales, sigue siendo seis veces mayor que la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La polución, conocida como PM2.5 debido a que las partículas miden 2,5 micras de diámetro, principalmente proviene de los tubos de escape de los vehículos y de las emisiones industriales.

El diámetro de las partículas es 30 veces menor que el de un cabello humano y pueden penetrar profundamente en los pulmones, llegando al torrente sanguíneo y dañando órganos en todo el cuerpo.

En marzo de este año, China introdujo estándares nacionales de calidad del aire que exigen que los niveles de contaminación se reduzcan aún más, hasta los 25 microgramos, para el año 2035.

El análisis del FT muestra que, en 2015, había 87 millones de personas viviendo en áreas que cumplían con el actual objetivo nacional de contaminación. Para 2024, esta cifra se había multiplicado por más de siete hasta alcanzar los 664 millones.

Sin embargo, esto aún dejaba a más de la mitad de la población del país expuesta a niveles nocivos de contaminación, la mayoría residiendo en ciudades con más de 10 millones de habitantes.

Gran parte de la mejora en la calidad del aire se debió a las directrices sobre contaminación de Pekín, las cuales impulsaron el esfuerzo de China por convertirse en líder mundial en fuentes de energía renovables, al tiempo que satisfacía sus crecientes necesidades energéticas.

Pero China sigue siendo el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, ya que aún depende del carbón —el combustible más contaminante de todos— para más de la mitad de su generación de electricidad.

En los primeros cinco meses del año, los niveles de PM2.5 aumentaron un promedio del 11 por ciento en seis ciudades del norte de China, según datos del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA, por sus siglas en inglés), mientras que las mejoras en el resto del país se desaceleraron. Esto coincidió con la guerra en el Medio Oriente, lo que fomentó la dependencia de fuentes de energía más baratas, aunque más contaminantes.

El repunte se ha atribuido a la combinación de un estancamiento atmosférico, el aumento de la producción de carbón y la fuerte demanda por parte de la industria química china, la cual consume mucha energía y que ha recibido apoyo por medio de políticas en el marco de los esfuerzos de Pekín por localizar las cadenas de suministro.

Sin embargo, gran parte del sur de China ha disfrutado de cielos más limpios, lo cual significa que los niveles de contaminación a nivel nacional han seguido mostrando una tendencia general a la baja.

"Este año, China ha experimentado una desaceleración en el avance hacia la reducción de emisiones", afirmó Lauri Myllyvirta, fundador de CREA. "Durante la última década, China ha aprovechado las oportunidades más accesibles para mejorar los controles de emisiones en las grandes industrias; lograr reducciones adicionales requerirá recortes más pronunciados en el consumo de combustibles fósiles".

Los mayores aumentos se registraron en Shijiazhuang y Jinan, donde las concentraciones subieron un 22 por ciento y un 16 por ciento, respectivamente. Ambas ciudades son importantes centros industriales con destacados sectores químico, farmacéutico y de manufactura avanzada.

Yanzhong Huang, investigador principal de salud global en el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), señaló que la contaminación de esta primavera también se había agravado por la quema de residuos agrícolas en los campos por parte de los agricultores, una práctica altamente contaminante que las autoridades locales habían intentado erradicar.

En 2003, la participación de las energías renovables en la generación de electricidad era de alrededor del 15 por ciento, casi toda producida mediante la energía hidroeléctrica. Para 2025, esta cifra había aumentado al 37 por ciento.

Esta mejora se ha debido principalmente a la masiva expansión de la energía solar, duplicando su nivel de generación de electricidad desde 2023, en comparación con la energía eólica y la hidroeléctrica, las cuales aumentaron un 28 por ciento y un 14 por ciento, respectivamente, durante el mismo período.

En cambio, la electricidad procedente de combustibles fósiles ha disminuido alrededor de un 1 por ciento desde 2024, impulsada por una caída en la generación mediante carbón por primera vez desde 2015.

La desaceleración del sector manufacturero también ha provocado que la producción de acero y cemento —dos industrias que son las que más contribuyen a las emisiones de dióxido de carbono de China derivadas del consumo de energía— registre caídas del 4,4 por ciento y del 6,9 por ciento, respectivamente, en 2025, según datos de CREA.

Estas medidas han ayudado a China en su camino hacia la reducción de sus emisiones en un 17 por ciento para 2030, con respecto al nivel máximo alcanzado en 2023, según el informe "Nueva Perspectiva Energética 2026″ de BloombergNEF.

Para 2050, las emisiones de China "bajarán un 50 por ciento respecto a su nivel máximo, pero seguirán estando muy por encima de los niveles actuales de EE. UU. o Europa", señala el informe.

El mayor reto para China seguirá siendo su dependencia del carbón. Su abundante y económico suministro de carbón significa que aún genera el 50 por ciento de su energía mediante la quema del combustible fósil más contaminante de todos.

En 2025, los proyectos de energía a base de carbón nuevos y reactivados en China alcanzaron niveles récord, sumando 161 GW de capacidad. Las nuevas plantas de carbón puestas en operación también alcanzaron los 78 GW, más que las adiciones netas de energía generadas por el carbón de India durante un período de 10 años —de 2015 a 2024—, con la segunda capacidad de generación de energía a base de carbón más grande del mundo.

Tan solo en los dos primeros meses de 2026, China añadió 20 GW de capacidad de generación a base de carbón, casi la mitad de la cantidad de nuevas energías renovables instaladas durante el mismo período, según datos de Carbon Tracker, el grupo de estudios sobre el clima.

"El autoritarismo medioambiental de China tiene la ventaja de poder mejorar drásticamente la calidad del aire", afirmó Huang, del CFR. "Pero el aumento de la contaminación atmosférica en algunas ciudades chinas pone de relieve la fragilidad de los avances en el control de la polución".

Steven Bernard, Eleanor Olcott y Haohsiang Ko. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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